CANARIAS: La lucha de clases en Canarias hoy: unidad, conciencia y acción - por Jacinto Ortega del Rosario
CANARIAS:
La lucha de clases en Canarias hoy: unidad, conciencia y acción
Jacinto Ortega del Rosario
Secretario General del Sindicato de Gremios Unificados (SGU)
Canarias vive una contradicción cada vez más evidente: mientras los indicadores macroeconómicos celebran récords turísticos y cifras de crecimiento, la mayoría social —la clase trabajadora— continúa atrapada en una realidad de precariedad, salarios insuficientes y dificultades estructurales para acceder a una vivienda digna. Es la vieja lucha de clases, reformulada en el siglo XXI, pero intacta en su esencia: los de arriba consolidan privilegios; los de abajo sostienen el sistema con su esfuerzo diario.
Aquí, en nuestro archipiélago, esta desigualdad adquiere matices propios. La dependencia económica del turismo, la presión sobre el territorio, la especulación inmobiliaria y la temporalidad laboral dibujan un escenario donde la riqueza generada no se redistribuye de forma justa. Mientras unos pocos concentran beneficios, miles de trabajadores y trabajadoras encadenan contratos temporales, jornadas parciales involuntarias y sueldos que no alcanzan para vivir con dignidad.
No es casualidad. Es el resultado de un modelo económico que prioriza el beneficio rápido sobre el bienestar colectivo. Un modelo sostenido por decisiones políticas que, durante décadas, han favorecido a las élites económicas frente a los derechos sociales. La lucha de clases en Canarias no es un concepto abstracto: se expresa en cada desahucio, en cada convenio bloqueado, en cada joven que debe emigrar por falta de oportunidades.
Ante esta realidad, la unidad de la clase trabajadora no es una consigna vacía: es una necesidad urgente. Divididos —por sectores, por territorios, por condiciones contractuales— somos más vulnerables. Unidos, somos una fuerza capaz de disputar el rumbo económico y social de nuestras islas.
La unidad debe construirse desde la base, desde los centros de trabajo, desde los barrios, desde la conciencia compartida de que los problemas son comunes. No importa si trabajamos en hostelería, en la construcción, en el sector público o en la economía informal: la precariedad nos atraviesa a todos. Y solo desde esa comprensión colectiva podremos articular una respuesta eficaz.
Pero la unidad, por sí sola, no basta. Necesitamos organización y movilización. ¿Cómo avanzar en esa dirección?
Primero, fortaleciendo el sindicalismo combativo y cercano. Un sindicalismo que no se limite a la negociación institucional, sino que recupere la capacidad de presión en la calle y en los centros de trabajo. La afiliación y la participación activa son claves: un sindicato fuerte es el reflejo de una clase trabajadora consciente.
Segundo, impulsando la formación política y laboral. La conciencia de clase no surge de forma espontánea; se construye. Es necesario entender los mecanismos que generan desigualdad para poder combatirlos. Talleres, asambleas, espacios de debate: todo suma en la creación de una cultura de resistencia y propuesta.
Tercero, promoviendo alianzas amplias. La lucha de la clase trabajadora no puede aislarse. Debe converger con movimientos sociales, colectivos por el derecho a la vivienda, plataformas ecologistas y organizaciones juveniles. Las luchas están conectadas, y la fuerza crece cuando se articulan.
Cuarto, recuperando la movilización sostenida. No basta con protestas puntuales. Necesitamos estrategias a medio y largo plazo: huelgas sectoriales, campañas coordinadas, presión social constante. La historia demuestra que los derechos no se conceden: se conquistan.
Por último, es imprescindible construir una alternativa de modelo para Canarias. Un modelo que diversifique la economía, que garantice empleo estable y de calidad, que proteja el territorio y que sitúe la vida en el centro. No se trata solo de resistir, sino de proponer.
La lucha de clases en Canarias sigue viva. Pero también lo está la capacidad de la clase trabajadora para organizarse, para resistir y para transformar. El reto es enorme, pero la historia nos enseña que cuando los de abajo se unen, los de arriba empiezan a temblar.
La dignidad no se negocia. Se defiende. Y en Canarias, ha llegado el momento de hacerlo juntos.