CANARIAS: El Teide se desangra: crónica de un desastre ambiental sin precedentes NO INCINERACIÓN TENERIFE
CANARIAS:
El Teide se desangra: crónica de un desastre ambiental sin precedentes
NO INCINERACIÓN TENERIFE
Lo que está ocurriendo estas semanas en las cumbres de nuestra isla no es «el ciclo natural de la vida» tras un incendio (2023). Es una catástrofe ambiental de dimensiones históricas y, lo que es peor, irreversible a escala humana. Mientras la administración se llena la boca con palabras como «restauración» y «resiliencia», la realidad que bajan los barrancos desde el Parque Nacional es el lodo de un suelo milenario que hemos perdido para siempre.
La «tormenta Perfecta»: fuego, maquinaria y lluvia
Tras el devastador incendio de agosto de 2023, el suelo del Teide quedó desnudo, perdiendo su piel protectora de vegetación y mantillo. En cualquier manual de gestión de espacios protegidos, la regla de oro es la intervención mínima: dejar que el suelo se asiente y evitar a toda costa su remoción.
Sin embargo, en una decisión que roza la negligencia criminal, se ha permitido la entrada de maquinaria pesada en zonas quemadas de alta pendiente. Bajo la excusa de vallados masivos para el control de herbívoros —una infraestructura que parece priorizar el «gasto de presupuesto» sobre la conservación real—, las orugas y retroarañas han triturado la estructura mecánica del suelo volcánico. Incluso removiendo rocas de grandes dimensiones y abriendo zanjas inmensas para enterrar la base de la valla kilométrica.
El resultado ha sido inmediato con las lluvias de estas últimas semanas:
- La rotura de la costra: La maquinaria eliminó la mínima capacidad de filtración que le quedaba al terreno.
- Efecto tobogán: Las huellas de los neumáticos y los movimientos de tierra han servido de «guías» para que el agua gane una velocidad y fuerza de arrastre inauditas.
- Pérdida de suelo: Lo que vemos en los vídeos grabados por ciudadanos a pie de monte son ríos de ceniza y suelo fértil. Ese material es el banco de semillas y el sustato que tarda miles de años en formarse a 2.000 metros de altitud. Hoy está en el fondo de los barrancos y una buena cantidad fuera del parque.
La hipocresía del «no te salgas del sendero»
Resulta insultante para la ciudadanía tinerfeña que, mientras se persigue y se multa con severidad a cualquier senderista que se salga un metro del camino para sacar una foto -bajo el argumento de que el pisoteo daña el ecosistema-, la propia administración autorice el paso de toneladas de hierro y gasoil por laderas vírgenes y heridas.
¿Cómo se explica que una bota sea delito y una excavadora sea «gestión ambiental»?
Un silencio comprado con puntos de oposiciones
¿Dónde están los colectivos ambientales que se sientan en el Patronato del Parque Nacional? ¿Dónde están los expertos que deberían clamar contra este despropósito geomorfológico?
El silencio es sepulcral y tiene, entre otras, una explicación perversa: la institucionalización del activismo. El sistema de «voluntariado ambiental» dirigido por el Cabildo, que premia con puntos para oposiciones de empleo público más que los propios idiomas o la formación académica, ha creado una generación de vigilantes mudos. Nadie muerde la mano que le da los puntos para la plaza fija. El compromiso con la tierra termina donde empieza la lista de méritos.
Un hecho inédito
Estamos ante un hecho sin precedentes en la historia reciente del Teide. Ni las mayores tormentas del pasado provocaron este nivel de desmantelamiento de laderas, porque el suelo tenía integridad. Hoy, la gestión post-incendio ha sido más dañina que el propio fuego.
Desde aquí volvemos a advertir: la pérdida de suelo en el Parque Nacional es definitiva. No habrá «plan de recuperación» que devuelva la tierra al lugar que le corresponde en el Parque. Lo que el agua se ha llevado estas semanas, por culpa de una gestión soberbia que ignora las leyes de la geología y la normativa de intervención mínima, es el patrimonio de nuestros hijos.

El Teide no necesita más excavadoras ni más vallas de alambres, necesita que la administración deje de tratarlo como una obra civil y empiece a respetarlo como el santuario geológico que un día fue.

La casa de mi tía republica con autorización
