CANARIAS: El transfuguismo secuestra la voluntad de las urnas en Santa Lucía - por Fernando Álvarez Ruano
CANARIAS:
El transfuguismo secuestra la voluntad de las urnas en Santa Lucía Fernando Álvarez Ruano
Lo que está ocurriendo en la política municipal de Santa Lucía de Tirajana no es una anécdota ni un simple reajuste interno: es un problema serio de ética democrática. El transfuguismo se ha normalizado como si fuera una maniobra legítima, cuando en realidad supone una grave falta de respeto a la voluntad de la ciudadanía. Quien se presenta a unas elecciones bajo unas siglas no obtiene el acta por mérito individual, sino gracias al proyecto político y a las personas que confiaron en ese programa.
Por eso, cuando un concejal abandona el partido con el que fue elegido y mantiene el acta, está apropiándose de una representación que no le pertenece. Lo honesto, lo coherente y lo democrático sería devolver el acta a quienes son sus legítimos dueños: la organización política y, sobre todo, el electorado que votó una opción concreta. Todo lo demás son excusas para conservar poder, sueldo o visibilidad institucional.
En Santa Lucía, el fenómeno del transfuguismo no solo existe, sino que marca el rumbo del gobierno municipal. Resulta difícil hablar de estabilidad, de proyecto de municipio o de coherencia política cuando el liderazgo se sostiene sobre movimientos que contradicen el mandato salido de las urnas. El actual alcalde, Francisco García, simboliza de forma clara esta deriva: su cambio de Nueva Canarias a un partido de derechas como “Primero Canarias” no es un simple matiz ideológico, sino un giro político profundo que cuestiona la legitimidad del proyecto con el que accedió al cargo.
No se trata de negar el derecho de nadie a cambiar de ideas. Las personas evolucionan, dudan y pueden discrepar de sus partidos. Pero cuando ese cambio implica conservar un cargo público obtenido con otras siglas, lo mínimo exigible es asumir las consecuencias y actuar con honestidad política. Cambiar de partido y mantener el acta es, en la práctica, convertir la representación pública en una propiedad privada.
La consecuencia directa de todo esto es el descrédito de la política municipal. Los vecinos y vecinas de Santa Lucía observan cómo los cargos electos se mueven como piezas en un tablero de intereses, mientras los problemas reales del municipio siguen esperando soluciones: barrios olvidados, servicios públicos tensionados, empleo precario y una ciudadanía cada vez más cansada de ver cómo la política se convierte en un juego de sillones.
Ética de saldo en Santa Lucía: El sillón por encima de los principios
La política en Santa Lucía de Tirajana ha tomado un rumbo que, más allá de las siglas, debería avergonzar a cualquiera que crea en la higiene democrática. Lo que estamos presenciando con el alcalde Francisco García no es solo una crisis de gobierno; es un retrato crudo de cómo el cálculo de poder puede dinamitar la palabra dada al ciudadano.
El control del mapa: Ordenación del Territorio
El cese de tres concejales de Nueva Canarias no ha sido un movimiento estratégico en busca de eficiencia, sino un ejercicio de concentración de facultades. Al quedarse García personalmente con el área de Ordenación del Territorio, el mensaje es nítido: el diseño del futuro del municipio y el control sobre el plan general son herramientas demasiado valiosas para delegar. Esta maniobra lo sitúa en la incómoda figura del tránsfuga ético: aquel que rompe la cohesión de su bloque original para blindar su propia cuota de mando.
El PSOE y el papel mojado del Pacto Antitransfuguismo
Sin embargo, el papel más decepcionante en este entremés político lo juega el PSOE. Resulta una contradicción flagrante que un partido que se abandera a nivel nacional como garante del Pacto Antitransfuguismo actúe en Santa Lucía como el balón de oxígeno de un alcalde que gobierna tras purgar a sus propios compañeros de filas.
¿De qué sirven las firmas y las fotos en las instituciones si en el ámbito local se ignoran los principios básicos de la ética política? Al apoyar esta deriva, el PSOE local no solo se convierte en cómplice necesario, sino que queda retratado ante un pueblo que observa con estupor cómo los compromisos ideológicos se sacrifican por la estabilidad de un sillón.
Las consecuencias para el pueblo
La política no debería ser un tablero de ajedrez donde los vecinos son los peones sacrificables. Cuando un alcalde se atrinchera y sus socios miran hacia otro lado:
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Se quiebra la confianza: El votante percibe que las alianzas no se basan en programas, sino en la supervivencia personal.
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Incertidumbre administrativa: La gestión de la Ordenación del Territorio en manos de un alcalde que acaba de dinamitar su pacto genera una sombra de duda sobre la objetividad y el rumbo del desarrollo local.
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Degradación institucional: Santa Lucía de Tirajana no merece ser noticia por el ruido de sus despachos, sino por la calidad de su gestión pública.
Francisco García puede ostentar ahora el control del territorio, y el PSOE puede presumir de lealtad institucional, pero el precio que están pagando en términos de credibilidad es una factura que el pueblo de Santa Lucía no debería olvidar en las próximas urnas.