El comité del Nobel de la Paz lleva ese premio al mayor de los absurdos - por Joaquín Rábago
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El comité del Nobel de la Paz lleva ese premio al mayor de los absurdos
Por Joaquín Rábago
El comité del Nobel de la Paz ha llevado este año ese galardón al mayor de los absurdos al concederlo a una política venezolana que propugna el enfrentamiento dentro de su país y la intervención militar extranjera.
No podía ese comité haber elegido mejor momento para premiar a la líder de la oposición venezolana que éste en el que Estados Unidos lleva a cabo maniobras navales frente a las costas del país suramericano en un intento de provocar el golpe de Estado que tan ardientemente desea María Corina Machado.
Tal vez muchos no sepan que la premiada es además una ardiente defensora de Israel, a cuyo Gobierno prometió en su día que en el caso de ganar las elecciones, trasladaría la embajada venezolana de Tel Aviv a Jerusalén tal y como hizo en su día el presidente Donald Trump.
Todo cuadra en un comité que ha premiado en el pasado incluso a criminales de guerra como el secretario de Estado y consejero de Seguridad Nacional de EEUU Henry Kissinger.
La justificación del comité del Nobel según el cual la activista venezolana es una figura “clave y unificadora” de una oposición que antes estaba dividida no puede ser más cínica.
De seguir por ese camino, los próximos años el comité podría premiar a personajes también tan unificadores como la francesa Marine Le Pen, el holandés Geert Wilders, el húngaro Viktor Orbán o el español Santiago Abascal, miembros todos ellos del grupo Patriotas por Europa y grandes defensores de la venezolana.
Habría que preguntarse cuál es la paz que propugna una dirigente política que se solidariza con fuerzas de la ultraderecha a ambos lados del Atlántico empeñadas en socavar las instituciones democráticas de sus países.
El galardón concedido a una activista que nada desea más ardientemente que la intervención militar de los EEUU de Donald Trump en Venezuela para conseguir el cambio de régimen que quiere Washington manda al mundo una señal tan equivocada como peligrosa.
Los buques de guerra de Estados Unidos se dedican últimamente a hundir barcos de Venezuela y de Colombia y asesinar a sus tripulantes con el nada creíble pretexto de que transportaban drogas, y el Nobel a María Corina Machado representa una bofetada a cualquier intento de solución diplomática del conflicto interior venezolano.
En lugar de recompensar a personas u organizaciones que prestan ayuda humanitaria en condiciones tan difíciles como las de Gaza, a los médicos que allí tratan de salvar vidas o a los periodistas palestinos que, arriesgando la vida, informan del genocidio, se premia a una persona que sobre todo polariza y a la que rechaza buena parte de la nación venezolana. Una nueva vergüenza de ese Nobel que ya no merece su apelativo.