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De cómo un medio alemán explota el miedo que él  mismo provoca

Joaquín Rábago

El semanario alemán Der Spiegel lleva como tema principal de portada un reportaje con el título de “El nuevo miedo a la guerra: cómo los alemanes se preparan para esa emergencia”.

DER SPIEGEL

La revista ilustra la portada con la imagen de tres drones  en pleno vuelo. Esos vehículos no tripulados que asemejan  insectos mecánicos son gracias a su reducido coste y a su maniobrabilidad una de las armas preferidas de la guerra moderna. 

Al igual que la inmensa mayoría de los medios alemanes tanto públicos como privados, Der Spiegel lleva tiempo alimentando precisamente ese miedo que ahora le sirve con su escandalosa portada para vender más ejemplares. 

La revista entrevista a ciudadanos que se apuntan de reservistas, siguen cursos de primeros auxilios o construyen búnkeres en sus casas para poder defenderse si llegan los rusos.

BUNKER Rotaru Mariè

Porque en el fondo de eso se trata, de fomentar el miedo a un  ataque de la Rusia de Putin, que no se contentará, dicen,  con los cuatro oblasts ucranianos que sus fuerzas armadas han ocupado hasta ahora sino que seguirá avanzando si se le deja hasta la misma puerta de Brandenburgo, la torre Eiffel o incluso la Puerta del Sol.

Que el líder del Kremlin no haya amenazado con ello en ningún momento, que vaya a contentarse con los cuatro oblasts de mayoría étnica y lingüísticamente rusa que ya ha ocupado aunque insista en la neutralidad del resto de Ucrania, no importa porque ya se sabe que miente.

Un politólogo alemán llamado Carlo Masala, profesor de una universidad de las Fuerzas Armadas y frecuente invitado de la televisión pública, ha escrito un libro  titulado “Si gana Rusia”.

En su distópica visión, que se desarrolla en 2028, brigadas rusas atacan con nocturnidad y alevosía una  pequeña localidad de Estonia, algo que por desgracia ni Alemania ni ninguno de los demás aliados de la OTAN habían previsto.

CARLO MASALA

Se trata de concienciar a la población de que debe estar preparada en todo momento para esa guerra que muchos ya pronostican y que puede acabar convirtiéndose, de seguirse como hasta ahora, en una profecía autocumplida. 

La sociedad, escribe Masala, tiene que saber que su forma de vida, su actual convivencia está amenazada por la guerra híbrida de Rusia, por su propaganda y su desinformación.

Y es precisamente obligación, según él, de la clase política, explicar a los ciudadanos que lo que se juega en el fondo es nada menos que el futuro de la democracia.

Para ello están también los medios como Der Spiegel que llevan tiempo dedicados a la fomentar el miedo a Rusia, alimentar el militarismo y desprestigiar,  cuando no  difamar,  a quienes defienden la diplomacia frente a la vesania bélica. Pero esto es,  por desgracia,  predicar en el desierto.

 

JOAQUÍN RÁBAGO