Las contorsiones de Bruselas para meter a Ucrania en la UE - por Joaquín Rábago
Las contorsiones de Bruselas para meter a Ucrania en la UE
Joaquín Rábago
Algunos gobiernos europeos, entre ellos el más importante por su poder económico, el alemán de Friedrich Merz, creen prematuro que Ucrania pueda ingresar en la ONU ya el próximo año.
Esto último es lo que desea ardientemente el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, para quien el ingreso debe formar parte, como las garantías de seguridad para su país, de un eventual acuerdo de paz en la guerra con Rusia.
En Bruselas mientras tanto dicen haber dado con la fórmula para acelerar ese ingreso y lo llaman en inglés “reverse enlargement” (ampliación inversa), algo que uno sólo había visto hasta ahora asociado a la ingeniería.
Así se llama “ingeniería inversa” al proceso consistente en analizar un producto o sistema para entender su diseño, funcionamiento y estructura interna a fin de poder replicarlo.
Lo que se propone para Ucrania es invertir el proceso natural de adhesión por fases de cualquier candidato y ofrecerle la entrada inmediata, a la que seguirán una serie de tareas que tendrá que ir cumpliendo hasta su conclusión.
Se trata en realidad de un atajo disfrazado que no se ha ofrecido, sin embargo, a ninguno de los otros candidatos, por ejemplo, los balcánicos, por no hablar ya de Turquía, que llevan años esperando para poder entrar.
Debido a las circunstancias especiales que concurren en el caso de Ucrania, Kiev podrá saltarse la cola, lo que inevitablemente provocará irritación en las otras capitales que aguardan pacientemente su turno.
Pero cualquier admisión en el selecto club de Bruselas, ese jardín rodeado de jungla del que hablaba el ex jefe de la diplomacia europea Josep Borrell, hace falta el voto unánime de los veintisiete.
Es decir, también de un país como Hungría, que no oculta su oposición a ese ingreso, pero que celebra elecciones el próximo 12 de abril en las que su actual primer ministro, Viktor Orbán, se enfrenta a líder de TISZA (Respeto y Libertad), Péter Magyar. Y no hay duda de quién preferiría Bruselas que ganase.
Si pese a todo, el triunfador vuelve a ser Orbán, se verá, dicen en la capital comunitaria, de ver si su amigo Donald Trump logra convencerle para que no siga oponiéndose a la entrada de Ucrania en condiciones tan especiales.
Y si esto también falla, se podría privar a Hungría de su derecho de voto recurriendo al artículo 7 del tratado de la Unión Europea, que permite hacerlo en aquellos casos en los que un país viole gravemente y de modo persistente sus “valores fundamentales”.
Mientras tanto, la UE continúa su campaña de acoso a Rusia por su invasión de Ucrania, y así por primera vez propone sancionar a los puertos de terceros países que realicen cualquier tipo de operaciones con el petróleo ruso, como el de Kulevi, en Georgia, el de Karimun, en Indonesia. ¿Lo hará también con los puertos indios?