COREA DEL NORTE: Corea del Norte: El socialismo es “otra cosa distinta" - por Salvatore A. Bravo
COREA DEL NORTE:
Corea del Norte: El socialismo es “otra cosa distinta".
Salvatore A. Bravo
L'INTERFERENZA
Traducción de Carlos X. Blanco
Debo comenzar diciendo que mi conocimiento sobre Corea del Norte es limitado. Cuanto más la propaganda occidental la describe en términos totalitarios, menos probable es un juicio imparcial. La propaganda fomenta la ignorancia y la homogeneización de opiniones. Las historias aterradoras sobre Corea del Norte se asemejan a las sombrías descripciones que el Senado romano dedicaba a los emperadores. Para comprender, es necesario recurrir a las fuentes. Una de ellas es la literatura coreana. Ninguna fuente puede revelar toda la verdad, pero a través de ellas es posible un complejo proceso de discernimiento crítico orientado a la comprensión. En los escritos del líder Kim Jong Il (Jabárovsk, 16 de febrero de 1941 o 1942 – Pionyang, 17 de diciembre de 2011), se evidencia su temor al asedio por parte de potencias extranjeras tras la experiencia colonial y la Guerra de Corea (1950-1953). La tragedia coreana quedó plasmada con claridad en el cuadro de 1951 «Masacre de Corea». Para una lectura racional de los datos y experiencias históricas, es necesario relacionar la parte con el todo, como nos enseñó Hegel. La propaganda, en cambio, opera mediante divisiones que, por consiguiente, nos llevan a separar la parte del todo, cayendo así en el dogmatismo y la irracionalidad. La cultura de un pueblo también debe contemplarse dentro del conjunto. Lo que emerge claramente de sus escritos es la lucha por la independencia y la enérgica defensa de la independencia frente al capitalismo en su fase «monopolística».
El imperialismo moderno se basa en el capitalismo de Estado monopolista. En este sentido, difiere del imperialismo del pasado, que se basaba simplemente en el dominio de los monopolios. Si bien el capitalismo de Estado monopolista fue temporal y parcial en el pasado, hoy se ha convertido en un fenómeno universal. A medida que se profundiza la crisis política y económica del imperialismo, los grandes monopolios ejercen el poder estatal y avanzan hacia la fascistización del régimen político burgués, consolidando la fuerza del capitalismo monopolista con la autoridad estatal. Controlan la economía y el poder estatal, y utilizan el aparato estatal para interferir en todos los niveles de la vida política y económica del país, buscando la solución a la crisis económica en la militarización de la economía y la carrera armamentista. Impulsan la economía hacia una senda militar y empujan al país hacia la agresión y la guerra; esta es la manera de obtener grandes beneficios monopolísticos y mantener su sistema de dominación. Como detentadores del poder estatal, tienden a radicalizar a la burguesía, afectando profundamente la vida social, principalmente en los ámbitos político, económico y cultural [1] .
Terror colonial
La dominación colonial persiste, a pesar de los éxitos del socialismo. El imperialismo se ha despojado de su manto opresivo para disfrazarse de emancipador, pero en realidad su objetivo sigue siendo el mismo: dominar y saquear los recursos energéticos. La nueva estrategia imperial, tras la caída de los imperios coloniales, se centra en la penetración gradual de los antiguos estados coloniales para transformar su cultura y controlar su aparato productivo; la independencia, por lo tanto, es meramente formal. El capitalismo, por su propia naturaleza, solo conoce la dominación ilimitada y metamórfica.
La agresión ultramarina y la dominación colonial son inherentes al imperialismo, pero su forma y método varían según las condiciones históricas y sociales. Hoy, cuando el sistema imperialista de dominación colonial se ha derrumbado rápidamente tras la transformación del socialismo en un sistema mundial y el impulso sin precedentes de la lucha de liberación nacional en los países colonizados, los imperialistas ya no pueden dominar abiertamente sus colonias. Por ello, han optado por otorgar la «independencia» a los países colonizados y aplicar una política de subyugación colonial encubierta a través de sus títeres. Los imperialistas intensifican la presión y la injerencia en los países recién independizados que se encuentran en proceso de desarrollo nacional y, si estos países les resultan desagradables, incitan a sus subordinados a dar un golpe de Estado reaccionario para instaurar un régimen títere. Los imperialistas llevan a cabo su política colonialista sometiendo económicamente a los países recién independizados: los mantienen bajo su yugo. En el plano económico, al soñar con la «ayuda», allanan el camino para la expansión ultramarina de su capital monopolista, saquean sus abundantes recursos naturales y obstaculizan el desarrollo de su economía nacional mediante la exportación de capital y concesiones coloniales. Los imperialistas intensifican la ofensiva ideológica y cultural reaccionaria para paralizar la conciencia de independencia nacional y el espíritu de lucha de los pueblos de los países recién independizados, y suscriben con estos últimos diversos acuerdos militares bajo el pretexto del «anticomunismo» y la «seguridad mutua» para controlarlos militarmente y convertirlos en sus propias bases militares [2] ”.
Para Corea del Norte, la autonomía no es solo económica, sino también ideológica. Lenin fue un gran pensador del comunismo, pero este no puede reproducirse exactamente según las indicaciones de Lenin y Marx, ya que las épocas y los contextos históricos varían. Existen varios tipos de socialismo.
Juche y Songun: Socialismo Nacional Coreano
El «socialismo coreano» se basa en la teoría Juché (주체 ,主體 – corriente principal – autarquía), que combina autarquía y tradición en una unión que hace de Corea del Norte un caso único en el panorama de la historia socialista. La teoría Juché se fundamenta en una visión metafísica del ser humano que es absolutamente antitética al individualismo. Los seres humanos, por naturaleza, son «seres sociales creativos y conscientes». La historia es producto de la conciencia popular que avanza al unísono hacia el ideal socialista, puesto que solo el socialismo responde plenamente a la naturaleza humana. El socialismo coreano, por lo tanto, busca restaurar la naturaleza humana corrompida por el egoísmo atomista del capitalismo.
Al aplicar a la historia social su principio filosófico centrado en el ser humano, en quien concibe como un ser poderoso, capaz de dominar y decidirlo todo, la ideología Juche estableció que las masas son el sujeto de la historia y que todo movimiento histórico-social es producto de su intervención, marcada por la independencia, la creatividad y la conciencia. Tanto el principio filosófico como el histórico-social de la Juche se fundamentan en una idea pertinente de las características esenciales del ser humano. La doctrina Juche formuló, por primera vez en la historia, la idea de que el ser humano es un ser social, dotado de independencia, creatividad y conciencia, e indicó el camino más adecuado para forjar su destino. El camarada Kim Il Sung creó las ideas de la Juche no para presentar una nueva doctrina, sino para mostrar al pueblo el camino correcto a seguir en la construcción de su destino. De hecho, toda la trayectoria de la revolución coreana representa un proceso de aplicación de las ideas de la Juche, que fue clave para el establecimiento y desarrollo de su socialismo altamente desarrollado. La originalidad y la relevancia de las ideas de la Juche se corroboran con la superioridad de este régimen social. Su valor fundamental radica en que privilegia al hombre al situarlo en el centro de todas las preocupaciones y al dedicarlo todo a su servicio. Está determinado por las ideas antropocéntricas del Juche [3] ”.
La independencia proclamada por el "socialismo coreano" se ve quebrantada por la veneración al "Líder", quien es el cerebro, mientras que el pueblo es el cuerpo, y unidos, en radiante armonía, marchan con un solo corazón y una sola mente hacia el "socialismo". La contradicción con los paradigmas occidentales es evidente, si lo pensamos bien. El comunismo occidental y marxista aspiraba a establecer asociaciones obreras autogestionadas. En el caso de Corea del Norte, la verticalidad del poder es, en realidad, una unión orgánica entre el "líder y el pueblo". Nos encontramos ante una cultura no globalizada y, por lo tanto, para quienes vivimos dentro de nuestro propio horizonte, la comprensión resulta difícil.
Ocupa una posición excepcional y desempeña un papel fundamental en la lucha revolucionaria. Dado que esta se lleva a cabo por y para las masas populares, la posición y el papel del líder pueden considerarse como aquello que desempeña en relación con ellas. En relación con las masas populares, el líder ocupa la posición de cerebro. Es el centro de su unidad y cohesión, el centro directivo, al igual que el cerebro humano controla todas las actividades vitales del organismo. Las masas populares no pueden formar una unidad que no gire en torno al líder, sin el cual son como un ser vivo sin cerebro. Si no se unen en torno al líder, se fragmentarán y quedarán impotentes. El líder dirige a las masas populares, desempeñando así un papel decisivo en la lucha revolucionaria. Las infunde en ideas revolucionarias, las concienza, las une en la organización revolucionaria y ejerce sobre ellas una dirección estratégica y táctica juiciosa para conducirlas a la victoria. El papel decisivo de las masas populares en la lucha revolucionaria solo está garantizado por la dirección del líder, un papel que le corresponde [4] .
La ideología Juché no permite el pluralismo y rechaza el revisionismo; ambas corrompen al pueblo, debilitándolo y permitiendo que se infiltren formas de individualismo. El sistema, que se autoproclama flexible, rechaza el debate político con escepticismo, estableciendo un «termitero socialista». Esto se deduce de los escritos. La autonomía nacional se transforma en autarquía ideológica, con los riesgos que se deducen fácilmente:
Asimismo, tomando la ideología Juche como principio rector, fundamos el Partido, el Ejército y el Estado, llevamos a cabo la revolución y la construcción socialista, y resolvimos todos los problemas surgidos en el proceso revolucionario y constructivo con criterio propio, de acuerdo con la realidad del país y los intereses del pueblo. Los países socialistas de Europa del Este desarrollaron sus economías apoyándose en el COMECON, centrado en la Unión Soviética, pero nosotros no actuamos así. Trazamos el rumbo de la construcción independiente de la economía nacional y la desarrollamos a nuestra manera. Cuando los soviéticos invitaron a nuestro país a unirse al COMECON, el Gran Líder declinó cortésmente, diciendo: «Si su país es un estudiante universitario, el nuestro es como un niño de preescolar; ¿cómo podríamos, entonces, ser miembros del COMECON al mismo nivel que ustedes?». Al llevar a cabo la revolución y la construcción, no nos importaba nadie ni actuábamos servilmente para complacer a nadie; decíamos e hacíamos lo que queríamos. Realizamos cada actividad según nuestras ideas, nuestras decisiones y nuestro criterio. Nuestro socialismo es un socialismo a nuestra manera, elegido por nuestro pueblo según su voluntad y establecido por su propio esfuerzo. Puesto que nuestro país ha construido un excelente socialismo a su manera, basado en las ideas de la Juche, continúa firmemente en la senda socialista sin alterarse en lo más mínimo, incluso en medio de la turbulenta situación internacional [5] ”.
El socialismo se ve perpetuamente amenazado de disolución, por lo que la unidad es el medio de defensa más eficaz contra la injerencia nihilista del "extranjero". Una vez más, el terror a las tragedias del colonialismo conduce a soluciones extremas:
“Ciertamente, hay que desarrollar con creatividad líneas y políticas de acuerdo con el paso del tiempo y cómo cambian las circunstancias y condiciones de la lucha revolucionaria, pero nunca se debe abandonar la posición revolucionaria ni los principios del socialismo. Si se hace, la revolución y la construcción se arruinarán y todo se perderá. No respetar los principios del socialismo y permitir los del individualismo en la sociedad socialista, que se basa en el principio del colectivismo, es como ingerir veneno [6] ”.
Con la caída de la Unión Soviética y el comunismo, Corea del Norte se vio tan gravemente amenazada por una invasión que integró la teoría Juche con la política Songun (선군, 先軍, "El Ejército Primero"), lo que transformó a Corea del Norte en un estado militarizado, donde el partido-ejército se preparó para la guerra y la lucha contra el capitalismo, que una vez más envolvía al pueblo y al estado. La teoría Songun respondió a la crisis económica de la década de 1990. Las tensiones con Pekín y la caída de la Unión Soviética provocaron largos años de hambruna, y para reactivar la economía, el gobierno coreano se centró en la producción de armas y todo lo relacionado con el armamento. La recuperación económica y la defensa militar del estado fueron la combinación que permitió al país superar los años de crisis. El Ejército Popular de Corea es, por lo tanto, la piedra angular del pueblo y del socialismo.
La política Songun, imbuida del principio de independencia nacional y del espíritu de amor a la patria y al pueblo, junto con nuestras políticas de reunificación nacional basadas en ella y nuestros esfuerzos positivos, dieron lugar a la histórica Cumbre de Pyongyang, seguida de la adopción de la Declaración Conjunta Norte-Sur del 15 de junio y la mayor expansión de las relaciones intercoreanas de reconciliación y cooperación en diversos ámbitos. La tendencia a luchar contra Estados Unidos y otras fuerzas extranjeras y a favor de la reunificación nacional independiente está creciendo de forma sin precedentes en Corea del Sur. La política Songun, que contrarresta la agresión imperialista y las políticas bélicas y defiende la independencia del país y la nación, está ganando gran apoyo entre las asociaciones y los pueblos progresistas de todo el mundo. Ataca las fuerzas de la agresión imperialista y anima a las fuerzas antiimperialistas independientes en el ámbito internacional, impulsando la causa de un mundo plenamente independiente. Enarbolando la bandera Songun bajo el liderazgo del gran Partido, nuestro ejército y nuestro pueblo han recorrido el glorioso camino de la victoria, avanzando a través de tormentas feroces y logrando hazañas históricas nunca antes vistas. La línea revolucionaria del Partido, basada en el Songun, es una gran línea revolucionaria de nuestra era y un estandarte siempre victorioso de nuestra revolución. En la revolución basada en el Songun se encuentran la construcción de una nación grande, próspera y poderosa, la reunificación nacional y la victoria de la causa revolucionaria Juche. Ahora que la situación es muy compleja y tensa, tanto en el país como en el extranjero, debemos enarbolar aún más alto el estandarte del Songun. Todo el Partido, todo el ejército y todo el pueblo deben avanzar con mayor resolución hacia una nueva gran victoria de nuestra revolución, en apoyo del liderazgo del Partido basado en el Songun [7] ”.
Arte socialista
El arte forma parte del proceso revolucionario. Los intelectuales son también «funcionarios libres de la revolución» que participan en la defensa del socialismo mediante la producción de obras esenciales para su construcción. El arte debe fortalecer y consolidar la educación socialista entre el pueblo; por lo tanto, la libertad de artistas e intelectuales reside en su adhesión al materialismo y la representación de los ideales socialistas. La condena del egoísmo y el individualismo capitalista debe ser el tema central de la producción artística y literaria. La convergencia hacia los ideales socialistas no admite desviaciones.
Además, convertir a escritores y artistas en revolucionarios y trabajadores se presenta como un requisito indispensable en relación con sus predecesores y con las características de la creación artística. Los antiguos escritores y artistas se vieron influenciados más que nadie en el pasado por ideas obsoletas; en cuanto a los de la nueva generación, estos cuentan generalmente con menos oportunidades que otros trabajadores para forjarse en la senda revolucionaria en plena lucha, puesto que se dedican exclusivamente al trabajo intelectual, al margen de la práctica productiva, y además existen las condiciones objetivas para que la cultura capitalista los influya. En estas circunstancias, si no se prosigue la lucha por convertirlos en revolucionarios, no será posible erradicar de sus mentes ideas capitalistas como el individualismo, el egoísmo y el liberalismo, ni otras concepciones obsoletas como el dogmatismo y el revisionismo, ni impulsar con dinamismo el proceso de transformación revolucionaria y obrera de toda la sociedad [8] ”.
La espiritualidad socialista coreana se define claramente en el arte y la literatura, que son estrictamente estatales. El arte y la literatura satisfacen las necesidades espirituales y sociales humanas, pero la dialéctica está ausente. El arte y la literatura forman parte del sistema; están subordinados a la agenda política socialista.
El arte y la literatura son herramientas indispensables para la vida humana. Si bien la ropa, la comida y la vivienda constituyen las condiciones materiales esenciales para la existencia humana, el ser humano no se satisface únicamente con comer, vestirse y tener un techo. A medida que se libera de las ataduras de la naturaleza y la sociedad, y de la preocupación por estas necesidades básicas, demanda más arte y literatura. No podemos imaginar una vida sin ellos. La sociedad comunista a la que aspiramos será una sociedad plenamente desarrollada en todos los aspectos: economía, cultura, ideología y moral; será una sociedad verdaderamente popular en la que un nuevo tipo de ser humano, dotado de profundo conocimiento, buena salud y nobles virtudes —es decir, formado integralmente y transformado en amo de la naturaleza y la sociedad— disfrutará plenamente de una vida culta y abundante. En la construcción de esta gran sociedad, los escritores y artistas ocupan un lugar tan importante que nadie puede reemplazarlos, y desempeñan un papel crucial. Para cumplir plenamente su misión y función, los escritores y artistas deben, ante todo, comprender correctamente la esencia peculiar del arte y la literatura y crear obras genuinamente revolucionarias que satisfagan las necesidades de la sociedad socialista y comunista [9] .
El socialismo coreano se hace eco del pensamiento marxista, al priorizar la comunidad política sobre la individualidad libre, a la que se opone por considerarla una amenaza para la independencia de Corea del Norte. El asedio internacional, sin duda, propicia la aparición de fenómenos paroxísticos y acríticos.
Corea del Norte hacia el “futuro”
En las últimas décadas, Corea del Norte ha sufrido hambrunas exacerbadas por el colapso del socialismo real. Ante la catástrofe, ha mantenido intactos los principios socialistas, pero al mismo tiempo ha llevado a cabo la apertura de mercados mediante complejas estrategias para abordar el subdesarrollo del país. Hoy, su PIB mejora constantemente, mientras que la posesión de la bomba atómica garantiza su autonomía. La oligarquía gobernante utiliza, sin duda, el temor a la invasión para consolidar la nación. Llamar a Corea del Norte un Estado socialista es bastante osado, ya que el objetivo del socialismo es la liberación del pueblo de toda forma de subyugación y cosificación. Las tensiones internacionales tienen, sin duda, un impacto nefasto en Corea del Norte, cuyo pueblo está atrapado en la «jaula de hierro del terror internacional». Desconocemos el nivel de conocimiento de ello entre los coreanos, pero «el socialismo es, sin duda, algo distinto».
[1] Escritos y discursos: una antología de Kim Jong-il (1962-2011), publicada por Katéchon y KFA, pág. 9
[2] Ibídem, página 10
[3] Ibídem, página 62
[4] Ibídem, Conversación con algunos estudiantes de la Universidad Kim Il Sung, 12 de junio de 1963, pág. 35
[5] Ibíd., Defendamos y desarrollemos aún más nuestro socialismo enarbolando la bandera de las ideas Juche, 21 de enero de 1990, pág. 53
[6] Ibídem, página 53
[7] Ibídem, Songun es una gran línea revolucionaria de nuestra era y el estandarte invencible de nuestra revolución, 29 de enero de 2003, pág. 320
[8] Kim Jong Il, Sobre el arte y la cultura de Juche, Ocho tratados sobre la superestructura socialista, Katéchon y KFA, págs. 283-284
[9] Ibídem, página 17
Gracias a Salvatore A. Bravo L'INTERFERENZA y a la colaboración de Carlos X. Blanco
https://www.linterferenza.info/cultura/corea-del-nord-il-socialismo-e-altro/