Buscar
jueves, 04 de junio de 2026 00:14h.

La corona entre la gangrena y el desencanto - por José Manuel Rivero

FR JMR

Relacionado:

La corona entre la gangrena y el desencanto

José Manuel Rivero

SAN BORONDÓN

Las costuras de la monarquía volvieron a abrirse. Carlos III estampó su firma en la sentencia de su hermano: ochenta y siete palabras para amputar títulos, honores y dignidad pública. Andrew deja atrás una mansión de treinta habitaciones y un ducado para instalarse en una casa de campo costeada, como siempre, con dinero del pueblo británico. Las causas ya no son rumor: Epstein, espías, fotos imposibles de borrar.

ANDRÉS CON EPSTEIN
ANDRÉS CON EPSTEIN

La escena tiene ecos familiares en España. En 2020, Juan Carlos I hizo las maletas hacia Abu Dabi en un vuelo discreto, sin despedidas ni solemnidad. Felipe VI le retiró la asignación, el título de “rey padre” y la coartada con que se justificaba todo: “Lo hago por la Corona”. Pero aquel gesto no fue ruptura, sino maniobra: la institución se salvaba amputando a uno de los suyos.

JUAN CARLOS FELIPE LA ZARZUELA
JUAN CARLOS FELIPE 

Dos reinos, dos hermanos caídos, dos monarquías que se purgan a sí mismas. Pero el bisturí no cura: disimula la gangrena. Y el hedor del privilegio es ya insoportable. La monarquía británica —modelo exportado de decoro y espectáculo— se tambalea entre el escándalo y la indiferencia. La española, que la imita en sus gestos y silencios, arrastra la sombra de la huida del emérito y la fatiga de una juventud que no se reconoce en el ritual.

ANDREW MOUNTBATTEN-WINDSOR Y JUAN CARLOS BORBÓN
ANDREW MOUNTBATTEN-WINDSOR Y JUAN CARLOS BORBÓN

El desgaste no es anecdótico. En el Reino Unido, apenas un 54 % de la población cree que la monarquía debe mantenerse, y entre los menores de 35 años ese apoyo se desploma a un 14 %. En España, las encuestas sitúan la preferencia republicana en torno al 40 %, frente a un apoyo monárquico que no alcanza al 35 %. Cifras que anuncian una erosión de legitimidad y un cansancio profundo de los mitos heredados.

Ningún comunicado ni ceremonia puede ocultar que las coronas son estructuras de poder económico y político. Bajo el oropel hay una arquitectura de privilegio sostenida por herencia, inmunidad y silencio. Los títulos, los palacios, las rentas públicas: todo forma parte de una red que justifica su existencia en nombre de una tradición que ya no emociona. Cuando esa emoción desaparece, la monarquía pierde su único escudo.

La caída no será súbita. No habrá himnos interrumpidos ni estatuas derribadas. Será más lenta y más elocuente: una erosión hecha de indiferencia, de incredulidad y de olvido. Un día, en Londres, “God Save the King” sonará sin voces que lo acompañen. Y en Madrid, la Marcha Real resonará ante un hemiciclo que ya no se pondrá en pie.

Andrew perdió sus títulos. Juan Carlos perdió su patria. Ambos son síntomas de una misma enfermedad: la decadencia de una institución que vive del pasado y del pueblo que paga por sostener su apariencia. El trono se vacía, y cuando nadie se acerque a recoger la corona, sabremos que el tiempo de los reyes ha terminado.

 

https://sanborondon.info/2025/10/31/la-corona-entre-la-gangrena-y-el-desencanto/

JOSÉ MANUEL RIVERO Gracias a José Manuel Rivero y SAN BORONDÓN
JOSÉ MANUEL RIVERO 
Gracias a SAN BORONDÓN. En La casa de mi tía con autorización
 En La casa de mi tía con autorización
mancheta abril