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Corrupción política. Algunas reflexiones - por Rafael Juan Rodríguez Marrero (2011)

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Corrupción política. Algunas reflexiones

Rafael Juan Rodríguez Marrero

(2011)

JOROBANDO

1 de mayo de 2011

No creo deba resultar extraño a nadie, a estas alturas de la Historia y tras años de democracia (entendiéndola según el modelo de pluralismo democrático, implementado en España a través de los llamados Pactos de la Moncloa, y deudor del modelo de democracia competitiva, típico en algunas sociedades liberales anglosajonas) el asunto de la corrupción política. Tal lacra parece consustancial a esos modelos de democracia, y una de sus manifestaciones la encontramos en los modos en que determinados partidos políticos avienen a posicionarse más o menos cerca de los diversos lobbys existentes que son, en definitiva, quienes marcan las hojas de ruta a esas organizaciones llamadas a representar, a través de sus líderes, la “cosa pública”. El profesor Jaime Pastor en un texto reciente (1) nos indica la tenue relación existente entre esa casta política y determinadas prácticas de corrupción. Nos recuerda la relación estructural que la corrupción tiene “con el tipo de capitalismo que se ha ido configurando contemporáneamente y con el proceso de desdemocratización consiguiente”. Refiriéndose a España y de corrupción nos hablaba también el economista y estadístico José Manuel Naredo (2) para quien “los casos de corrupción que se detectan vienen a ser la punta del iceberg de males mucho más extendidos, heredados de la simbiosis entre capitalismo, medio siglo de despotismo franquista y una Transición política que excluyó a los críticos del sistema para reacomodar, bajo nueva cobertura democrática, las élites del poder que siguen tomando las grandes decisiones y favoreciendo los grandes negocios a espaldas de la mayoría”.

Dicho esto, sí produce cabreo, y mucho, que en un territorio como el nuestro, Canarias, estén “sentados en la poltrona” politiquillos para los cuales la cosa pública asemeja al patio trasero de sus buenas viviendas. Nuestra Comunidad arrastra cifras de bochorno, si realizamos comparativas respecto a otras comunidades españolas, por no salirnos de los Pirineos (para que la vergüenza no acreciente) Padecemos las más altas cifras de fracaso escolar; niveles elevadísimos de desestructuración familiar (divorcios a mansalva) con el efecto pernicioso que ello tiene entre la población más pequeña, niños y niñas que nos llegan a las escuelas sin los necesarios apoyos familiares; las mayores tasas de paro entre la población potencialmente activa; los salarios medios más bajos; los precios de los productos alimenticios básicos más elevados; las listas de espera en los servicios públicos sanitarios más numerosas; viviendas sin ocupar en cantidades suficientes como para garantizar hogar digno a las personas que viven aquí sin techo o sin dinero para adquirirlas o alquilarlas; un servicio de Justicia lento por falta de salas y personal para atenderlo adecuadamente;…

Por no citar el impresionante deterioro de nuestros frágiles ecosistemas insulares producido, fundamentalmente, por el binomio construcción-turismo, según el modelo de desarrollo en forma de monocultivo que para nuestra tierra diseñaron, a partir de los “felices 60” del pasado siglo. Un modelo de desarrollo altamente depredador que ha venido acompañado, además, de un aumento demográfico de difícil sostenibilidad.

De los problemas mencionados ha sabido favorecerse una clase empresarial claramente dependiente del exterior, y muy bien mimada en casa (véase sino la RIC) Pero igualmente dependientes (y también favorecidas) han sido las organizaciones políticas presentes en el Parlamento de Canarias, ya sean estatales (PP, PSOE) ya de “cuño canario (CC y restantes siglas derivadas –NC, CCN,…- que miran para Madrid y Bruselas, siempre pidiendo, a cambio de ofrecer nada o, simplemente, negociar con la pobreza y miseria de muchos que aquí viven (para la definición de las categorías de pobreza y miseria remito al profesor M. Castells (3)

Hablar de corruptelas en la vida política de nuestras ínsulas es recomendable para sacar a la luz aquello de lo que son capaces ciertas personas y organizaciones a las que muchos ciudadanos otorgan su confianza en tiempos electorales; parece que para poco más.

Para cerrar mejor el encaje, esas empresas en las que determinados partidos políticos se han convertido también pujan, y fuerte, en los entornos del Cuarto Poder. Y éste viene tejiendo (gracias a las concentraciones y fusiones a que nos tiene acostumbrado el neoliberalismo) una red tupida que vende como fina seda, lo que provoca ceguera entre la ciudadanía y nos vuelve ignorantes dentro del desierto político en el que se está convirtiendo nuestra cotidianidad socio-cultural.

(1) Pastor, J. (2010) “Corrupción política vs. Democracia y socialismo desde abajo”. Viento Sur, nº 108

(2) Naredo, J.M. (2009) “Corrupción y democracia”. Público, 4/12/09.

(3) Castells, M. (1998) “La era de la información: Economía, sociedad y cultura. Alianza Editorial

 

 

https://jorobando.wordpress.com/2012/12/08/corrupcion-politica-algunas-reflexiones-1-de-mayo-de-2011/

RAFAEL JUAN RODRÍGUEZ MARRERO reseña
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