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jueves, 04 de junio de 2026 00:14h.

Crisis múltiple del capitalismo: la sinergia implosiva que anuncia Lordon y la necesidad de una V Internacional - por José Manuel Rivero

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Crisis múltiple del capitalismo: la sinergia implosiva que anuncia Lordon y la necesidad de una V Internacional

José Manuel Rivero

 abogado y analista político

HOJAS DE DEBATE

Ese sujeto no se improvisa. Se construye. Y se construye a través de la organización. El descontento difuso, la rabia atomizada, las resistencias sectoriales que brotan aquí y allá se evaporan si no encuentran cauces estables capaces de acumular fuerza, de aprender de las derrotas parciales, de proyectar una alternativa creíble. La organización no es un fetiche: es la condición material para que la indignación se convierta en poder.

 

Hay momentos en que la historia deja de ser ese ruido de fondo que acompaña la vida cotidiana y se convierte en un estruendo que lo interrumpe todo. Eso es lo que estamos viviendo. En apenas diez años el mundo ha encadenado una sucesión de sacudidas que ya no pueden leerse como episodios aislados. La pandemia de la Covid-19 en 2020 paralizó el planeta y quebró las cadenas de suministro globales. En febrero de 2022 estalló la guerra de Ucrania, que disparó los precios de la energía y los alimentos y militarizó las relaciones internacionales hasta extremos desconocidos desde la Guerra Fría. A partir de octubre de 2023, el genocidio en Gaza, televisado en directo ante la pasividad cómplice de las potencias occidentales, desgarró cualquier resto de legitimidad del orden internacional que esas mismas potencias decían defender. El 3 de enero de 2026, la agresión militar contra la República Bolivariana de Venezuela y el secuestro de su presidente constitucional Nicolás Maduro y el de la diputada Cilia Flores marcaron un salto cualitativo en la ofensiva imperialista contra los procesos soberanos de Nuestra América. Poco después, la guerra comercial lanzada por la administración Trump contra el resto del mundo y la guerra energética desatada por el conflicto con Irán terminaron de configurar un escenario de tormenta generalizada. A todo ello se suma el recrudecimiento del bloqueo criminal contra Cuba, que ya no es solo económico, financiero y comercial, sino también energético, acompañado de un asedio naval en el Caribe que incluye ejecuciones extrajudiciales de barcazas y lanchas sin prueba alguna de narcotráfico, en una escalada que viola flagrantemente el derecho internacional. Ninguna recesión anterior se había incubado en un escenario de tales dimensiones y bajo el impulso deliberado de quienes gobiernan los Estados Unidos. Algo profundo se ha roto en la maquinaria.

FRÉDÉRIC LORDON PERFIL
FRÉDÉRIC LORDON

Frédéric Lordon ha sabido captar, en su artículo “La Crisis Malvada”, publicado recientemente en Le Monde Diplomátique [1] como pocos la naturaleza de esta fractura. Su análisis revela que no estamos ante una crisis más, de las que periódicamente sacuden al sistema y que éste termina reabsorbiendo tras una destrucción más o menos controlada de capital. Estamos ante la sinergia implosiva de dos crisis que se retroalimentan y que amenazan con escapar a cualquier mecanismo de contención. La primera es la del private credit, ese océano opaco de deuda privada que creció al amparo de la desregulación precisamente para burlar las normas que se impusieron después del desplome de 2008. La segunda es la burbuja de la inteligencia artificial, con valoraciones tan delirantes como las que precedieron al estallido de las puntocom. Lordon advierte que las crisis verdaderamente devastadoras no provienen de los cracs bursátiles, por aparatosos que sean, sino del mercado de crédito. Y el private credit, con sus activos ilíquidos, su opacidad constitutiva y una exposición estimada entre 1,5 y 2 billones de dólares, reúne todas las condiciones para convertirse en el epicentro de la próxima tormenta financiera. Las tasas de impago empiezan a dispararse (en 2026 se estiman que pueden llegar al 6%, e, incluso, hay previsiones del 15%)  y los fondos han comenzado a cerrar el grifo de la liquidez, en una secuencia que recuerda peligrosamente a los momentos previos al colapso de 2008. 

Aclarar que el private crédito es el préstamo directo realizado por entidades que no son bancos y que operan fuera de los mercados financieros regulados; los actores principales son grandes gestoras de activos como BlackRock, Apollo y Blackstone, es decir,  son los principales prestamistas, utilizando el dinero de inversores institucionales (fondos de pensiones, aseguradoras, grandes patrimonios) que buscan altos retornos. Clientes habituales: Empresas que suelen tener un perfil financiero delicado. Lordon las describe de forma gráfica como empresas que están «subclaquantes sans claquer» (a punto de quebrar, pero sin hacerlo aún), o que son demasiado pequeñas o presentan demasiado riesgo para acceder a un préstamo bancario tradicional. La promesa tentadora: A cambio de asumir ese riesgo, los fondos ofrecen a sus inversores un atractivo rendimiento anual, llegando a promedios de hasta un 10%. Lordon sostiene que esta burbuja del crédito privado está a punto de chocar con otras dos: la burbuja especulativa de la Inteligencia Artificial (IA), a la que estos fondos han prestado unos 200.000 millones de dólares, y una grave crisis geopolítica (como un conflicto en Oriente Medio). La conjunción de estos tres frentes podría generar una crisis económica sin precedentes, una «vaga maleïda» (ola canalla) en el argot marinero, de consecuencias devastadoras.

APOLLO BLACKROCK BLACKSTONE

Efectivamente, a este cóctel explosivo del incremento de la morosidad del prívate credit, se suma la guerra comercial de 2025-2026, una recesión autoinducida por la administración Trump que no responde a ninguna lógica económica racional, sino a un intento desesperado de restaurar una hegemonía en decadencia mediante la coerción arancelaria. Y sobre todo ello, la guerra de Irán ha venido a desorganizar el mercado del petróleo y a disparar la incertidumbre geopolítica a niveles desconocidos desde la crisis de los misiles de Cuba. Lordon habla de «un alineamiento de planetas para lo peor en la historia del capitalismo». Y no exagera.

CARLES MANERA
CARLES MANERA

El excelente análisis de Carles Manera, en un artículo publicado, también, hace poco, en el digital “Economistas frente a la Crisis”, corrobora este diagnóstico con datos difíciles de rebatir. Su radiografía de la financiarización como motor del vaciamiento industrial estadounidense, la pérdida de más de cinco millones de empleos manufactureros, el drenaje de recursos hacia la especulación desde los años ochenta, la paradoja de una política arancelaria que se reclama industrializadora mientras desmantela los instrumentos y mecanismos de intervención pública (inversión estatal, organismos reguladores, etc.) que hicieron posibles las verdaderas sustituciones de importaciones en el pasado: todo ello confirma que las contradicciones descritas por Lordon no son abstracciones teóricas, sino procesos en curso que están descomponiendo el orden neoliberal ante nuestros ojos. Manera acierta también al señalar el desplazamiento del centro de gravedad económico hacia el Este, con China registrando avances notorios en sectores estratégicos y disputando la hegemonía tecnológica a las viejas metrópolis. La antigua periferia se industrializa aceleradamente, transformando la geografía del poder mundial. La guerra en Ucrania ha desnudado los límites materiales y logísticos de la expansión noratlántica, operando como un acelerador histórico para la consolidación del eje euroasiático entre Moscú y Pekín. De igual forma, el fracaso sostenido en el intento de asfixiar a Irán ha blindado a Teherán como nodo energético y logístico irrenunciable para la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Estos actores no son aliados de conveniencia, sino los pilares de un bloque de resistencia sistémica frente al cerco occidental.

Llegados a este punto, la cuestión decisiva es qué hacer. Porque una cosa es diagnosticar la tormenta y otra muy distinta quedarse contemplándola.

Lo primero es entender que las crisis no producen automáticamente transformaciones progresistas. Pueden generar monstruos. De hecho, ya los están generando: el auge de postulados neofascistas, la xenofobia, el racismo y el proteccionismo defensivo no son accidentes, sino respuestas directas a la descomposición del orden neoliberal. La crisis que atravesamos —una crisis del conjunto de la estructura social, en la que lo viejo se resiste a morir y lo nuevo no termina de nacer— es un campo de batalla abierto a todos los desenlaces. No hay ningún determinismo que garantice un final feliz. Lo que haya de ocurrir depende de lo que se haga. Y lo que se haga depende, a su vez, de que existan sujetos colectivos capaces de actuar con voluntad y dirección.

Ese sujeto no se improvisa. Se construye. Y se construye a través de la organización. El descontento difuso, la rabia atomizada, las resistencias sectoriales que brotan aquí y allá se evaporan si no encuentran cauces estables capaces de acumular fuerza, de aprender de las derrotas parciales, de proyectar una alternativa creíble. La organización no es un fetiche: es la condición material para que la indignación se convierta en poder.

Pero la organización, siendo necesaria, no es suficiente. Hace falta también construir hegemonía: conquistar el consentimiento activo de la mayoría social en torno a un proyecto de transformación que demuestre en la práctica que existen formas de organizar la producción, la distribución y la convivencia superiores a las que ofrece este capitalismo en descomposición. Eso no se logra con soflamas. Se logra ofreciendo respuestas concretas a las angustias cotidianas de las clases trabajadoras —vivienda, salarios, cuidados, alimentación— sin abandonar por ello la perspectiva de un cambio estructural. Se logra forjando alianzas entre sectores diversos que el sistema se esfuerza en dividir. Se logra construyendo soberanía: capacidad real de las sociedades para decidir su propio destino frente a los designios de los centros imperiales.

La guerra comercial y la guerra energética han puesto de manifiesto que la soberanía no es un lujo retórico ni una consigna del pasado, sino una necesidad material de primer orden. Quien no controla sus recursos estratégicos, quien carece de capacidad de industrialización efectiva, quien depende de los flujos financieros controlados por las metrópolis, está condenado a someterse. La defensa de la soberanía —económica, política, cultural— es la defensa de la posibilidad misma de cualquier proyecto de transformación. Cuba lo sabe mejor que nadie, porque lo ha sufrido en carne propia durante décadas y, aun así, ha resistido. Esa resistencia no es solo un ejemplo moral: es la demostración práctica de que la soberanía se puede defender cuando existe voluntad política, solidaridad y organización popular.

Ahora bien, en un mundo tan ferozmente interconectado como el actual, ninguna transformación profunda puede consolidarse en un solo país si el contexto global sigue regido por la lógica de la acumulación y la depredación. La construcción de un orden internacional basado en la cooperación y no en las guerras de agresión y económica permanentes no es un ideal moral: es una necesidad estratégica. Y esa construcción requiere herramientas de coordinación, espacios de articulación entre movimientos, partidos, sindicatos y estados que están resistiendo la presión de las viejas potencias. Por la Paz.

Por eso es imprescindible volver a plantear, con la urgencia que el momento exige, la necesidad de una V Internacional. No como una estructura burocrática ni como una réplica nostálgica de las experiencias del siglo XX, sino como un espacio de coordinación, debate y acción común adaptado a las condiciones del siglo XXI: un tejido plurinacional, plebeyo y profundamente arraigado en el Sur Global. Una Internacional, auspiciada por Hugo Chávez, que articule a las fuerzas que en todo el mundo están buscando una salida a la Gran Distopía por la vía de la descolonización radical, la soberanía de los pueblos y la construcción de un socialismo comunitario capaz de prefigurar un orden multipolar basado en la complementariedad y la gestión democrática de los bienes comunes. Una Internacional capaz de conectar las luchas inmediatas con un horizonte estratégico compartido, de aprender de las experiencias exitosas —aquellas que ya ensayan matrices civilizatorias alternativas desde la autoorganización social y que los grandes medios silencian— y de proyectar una alternativa revolucionaria que no sea la mera administración de la decadencia capitalista. La forma concreta que adopte esa Internacional, su modo de funcionamiento y sus prioridades inmediatas no pueden dictarse desde un despacho, sino que surgirán del debate colectivo y de la praxis de las propias comunidades en movimiento, compartiendo la urgencia de construir una herramienta común a la altura de los desafíos.

ANTONIO GRAMSCI
ANTONIO GRAMSCI
PIERRE VILAR
PIERRE VILAR

Nada de esto se consigue de una vez ni está exento de contradicciones. La historia no avanza en línea recta. Pero los momentos de mayor peligro son también aquellos en los que la necesidad de una alternativa se vuelve más evidente para sectores cada vez más amplios. La tormenta perfecta que hoy se cierne sobre el mundo no es un callejón sin salida ni la antesala inevitable de la catástrofe. Es el síntoma más elocuente de un sistema que ha agotado su capacidad de ofrecer futuro. Que ese agotamiento desemboque en barbarie o en emancipación no está decidido. La historia, como enseñó Pierre Vilar, no está escrita de antemano. Son los sujetos colectivos quienes, en momentos como el presente, tienen la palabra. Como escribió Antonio Gramsci desde la cárcel: “La crisis consiste precisamente en que lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer”. Que lo nuevo —un orden poscapitalista, no solo multipolar— nazca sin caer en la barbarie es el desafío estratégico de nuestra época. Por eso, junto al análisis geopolítico, los comunistas debemos construir organización, conciencia y alternativa de poder.

JOSÉ MANUEL RIVERO Gracias a José Manuel Rivero y SAN BORONDÓN
 Gracias a José Manuel Rivero y HOJAS DE DEBATE
Gracias a la colaboración de Arturo Borges Álamo HOJAS DE DEBATE Publicado originalmente en HOJAS DE DEBATE. En La casa de mi tía con autorización
Gracias a la colaboración de Arturo Borges Álamo 
 Publicado originalmente en HOJAS DE DEBATE. En La casa de mi tía con autorización

https://hojasdebate.es/internacional/crisis-multiple-del-capitalismo-la-sinergia-implosiva-que-anuncia-lordon-y-la-necesidad-de-una-v-internacional/ 

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