La crisis política española: un cómodo pantano para la partidocracia, un infierno para el pueblo trabajador - por Carlos Martínez

La crisis política española: un cómodo pantano para la partidocracia, un infierno para el pueblo trabajador

Carlos Martínez

politólogo y presidente de Soberanía y Trabajo

Hay una verdad que incomoda y que pocos se atreven a pronunciar en voz alta en las tertulias financiadas por el sistema: la crisis política española, lejos de ser un problema para la élite partitocrática, se ha convertido en su hábitat natural. Es una salsa pestilente en la que todos han aprendido a nadar, porque el régimen del 78 y su constitución les garantiza el oxígeno mientras el pueblo trabajador se asfixia. Denuncio sin ambages: para ellos, para los que viven de la política como negocio, es mejor seguir como estamos.

Pedro Sánchez: el superviviente que controla el gobierno, pero no el poder

Pedro Sánchez ha perfeccionado el arte de la resistencia. Es un líder superviviente que ha logrado controlar todos los resortes de la escisión felipista llamada PSOE. Controla el gobierno, eso es indiscutible. Pero no controla el poder. Mucho menos el Estado. Porque el poder real en España no reside en La Moncloa, sino en los despachos de los jueces que actúan al margen de cualquier control democrático, en las fuerzas de seguridad que responden a lógicas propias no exentas de vendettas internas, y en un “estado profundo” que, desde la Transición, es sociológicamente franquista y derechista. Un entramado puesto al servicio de las élites bancarias y de las grandes y poderosas familias que jamás han dejado de mandar en este país.

El PSOE le resulta necesario a ese estado profundo. ¿Por qué? Porque el Partido Socialista es hoy el principal garante de la corona. Sin el blindaje que le proporciona el PSOE a la monarquía, el edificio del 78 temblaría. Y eso los poderes fácticos lo saben. Por eso permiten que Sánchez se mantenga a flote, como un flotador que aplaca la agitación social mientras las élites siguen decidiendo en la sombra.

La derecha: nadando en la ciénaga corrupta, esperando su turno

La oposición derechista, encabezada por PP y Vox, ataca con estridencia pero sin convicción. También ellos nadan en la más pura mierda y ciénaga corrupta. Les viene muy bien este lento pero terrible desgaste del PSOE. Necesitan que Sánchez se desgaste, que la gente se canse, porque ellos mismos carecen de programa e ideas propias que no sean las que les dictan las oligarquías extranjeras y nacionales. Sus dos máximas son simples: privatizar todo lo público y destruir todos los avances sociales logrados tras años de duras luchas obreras y de una sociedad movilizada. Pero de forma oculta y mientras reciben votos obreros y populares hartos sin saber de qué.

En esto, PP y Vox van de la mano. El PSOE, por su parte, también practica la privatización y el deterioro de lo público, pero lo hace, dice, por mandato de la mafia de Bruselas. No nos engañemos: la Comisión Europea, el BCE y el Eurogrupo son los verdaderos ministerios de economía de este país. Y Sánchez obedece.

Pero ni PP ni Vox son patriotas. No les importa España un pimiento. Reciben instrucciones directas de la embajada de Estados Unidos, a la que visitan con frecuencia. Y no solo eso: jalean la agresión sionista contra el Islam y el mundo árabe, comenzando por Líbano y Palestina. ¿Alguien ha visto a Feijóo o a Abascal condenar el genocidio en Gaza? No. Porque no les conviene. Porque sus amos en Washington así lo disponen.

En la derecha española solo hay un partido que sabe lo que quiere y maneja sus propios tiempos: el PNV. Los demás son aficionados al servicio del poder real global y globalista. El PNV negocia, obtiene, y se retira cuando le interesa. Los otros, PP y Vox, solo saben ladrar.

Los socios de gobierno: también cómodos en su deslealtad

Los llamados "socios de gobierno", ya formen parte del ejecutivo o no, también están cómodos. Pueden ser desleales con el PSOE, criticar cuestiones evidentes, pero al mismo tiempo les viene muy bien la capacidad resistente del único líder real de todos ellos: Pedro Sánchez. Porque sin Sánchez, este tinglado se vendría abajo. Y ellos lo saben.

Sumar es gobierno aunque a veces se desmarque y otras no. Pero, ¿dónde está su programa transformador? En ninguna parte. Yo creo que solo el PCE mantiene algo de olfato para ventear esta situación y cabalgar en ella, aunque ya no actúa ni de lejos como un partido comunista. Es una entelequia con nombre de otro tiempo.

Podemos, por su parte, se ha olvidado de que ha sido gobierno. Gobernó varios años con Sánchez y ahora disimula, quiere que se olvide todo. Imposible. Es el directo responsable de agravios a las mujeres y favores a maltratadores, sea o no adrede. Ha roto el feminismo en favor de deseos masculinos. Además, Podemos ha causado un gran daño al socialismo como concepto de clase e igualdad, no como palabra hueca en manos del PSOE. Han destruido, por ahora, la posibilidad de dotarnos de un partido del Trabajo.

La operación Rufián es no enterarse de nada. No necesitamos personalismos ni caudillismos posmodernos. Necesitamos partido. Sí, partido. Organización, disciplina, programa y lucha.

El pueblo trabajador: cada vez más pobre, cada vez más solo

Mientras tanto, la clase trabajadora contempla, en demasiadas ocasiones de forma pasiva, cómo no se resuelven sus problemas. La vivienda es inaccesible. El empobrecimiento es paulatino pero inexorable. Cada vez somos más pobres. Cada vez hay menos empleo digno. Cada vez los servicios públicos están más deteriorados.

Los gobiernos de Sánchez han ido perdiendo el tiempo sin derogar la ley mordaza, sin cambiar la ley de sanidad para impedir legalmente las privatizaciones, sin intervenir el mercado de la vivienda, sin crear una alternativa real a la turistificación de España. Este país se ha convertido en una gran taberna, un burdel y un tostadero para alemanes y británicos. Es una pura vergüenza. Vendidos a una Unión Europea que nos destruye, nos roba y defiende los pisos turísticos contra el resto del pueblo.

Sánchez ha tenido un reflejo con China, es cierto. Pero ha sido un mero cambio de cromos: dejó a China invertir, pero al mismo tiempo se suma con alegría a la sangría de Ucrania y al suicidio voluntario de la UE contra Rusia, que Estados Unidos y Alemania dirigen. Ha jugado a dos barajas, y eso será su muerte política. El poder capitalista e imperial, que está en crisis y ha sido derrotado en muchos lugares del mundo, ni perdona ni acepta medias tintas. Por eso quiere liquidar al gobierno del PSOE por encima de cualquier consideración.

La propuesta: salir de la UE, ser soberanos y construir una nueva internacional socialista

Esta es la realidad. La propuesta es cambiarla. ¿Cómo? Con partido. Con ideas políticas diferentes y diferenciadas.

Un antiimperialismo que no contemple salir de la UE y criticar a la UE es una pantomima, un brindis al sol. Porque la UE es parte del imperialismo. Yo diría más: es el mayor socio mundial y más fiable de Estados Unidos, el felpudo de Trump. Hay que mirar al Sur. Hay que aliarse con las fuerzas políticas del Sur global y tejer un nuevo sujeto político internacional. Una nueva Internacional socialista, diferente a la que tal nombre utiliza y que apoye la soberanía de los pueblos y no la sumisión a la UE y la OTAN, que es lo que hace la que no es sino una estructura neoliberal con otro nombre.

Hay que trabajar un programa. Hay que recuperar la confianza del pueblo trabajador. Ese es el camino. El otro, el de seguir nadando en esta salsa pestilente, solo beneficia a los profesionales de la política, y al pueblo trabajador, solo le deja más pobre, más solo y más indignado. Hasta que un día, quizás, esa indignación se convierta en organización, pero eso no surgirá espontáneamente. Y entonces, que tiemblen los que mandan.

Gracias a CARLOS MARTÍNEZ