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jueves, 04 de junio de 2026 00:14h.

La "izquierda" española como pollo sin cabeza - por Carlos Martínez

fr CARLO

La "izquierda" española como pollo sin cabeza

Carlos Martínez

presidente de Soberanía y Trabajo y politólogo

Hay una imagen que define a la perfección la deriva de la izquierda española de los últimos años: un pollo decapitado que corre en cualquier dirección menos la que lleva al alimento. Corre, eso sí. Se mueve, agita las alas, levanta polvo. Pero no avanza hacia la solución de los problemas reales de la mayoría social. Y así, mientras la derecha corrupta del Partido Popular y su extrema derecha asociada –VOX también es muletilla imprescindible para el bipartidismo– consolidan su poder territorial y mediático, la izquierda llamada progresista sigue perdiendo la confianza de la clase obrera y las clases populares.

POLLOS SIN CABEZA
POLLOS SIN CABEZA

El diagnóstico es ya cansino, pero no por repetido menos cierto. La izquierda cercana al denominado "wokismo" o, si se prefiere, al activismo identitario más radicalizado, ha sustituido la lucha de clases por la lucha de adjetivos. Y mientras se afana en corregir el lenguaje, en denunciar microviolencias simbólicas y en ocupar espacios institucionales de gestión cultural, millones de trabajadores ven cómo sus salarios pierden poder adquisitivo, cómo sus viviendas se convierten en negocio turístico o cómo los servicios públicos se desmoronan por falta de financiación. ¿Alguien cree que un peón de la construcción, una empleada del hogar o un minero leonés se siente representado por un político que dedica su comparecencia a debatir sobre la neutralidad de género en los pronombres? Pues no. Y lo saben. Por eso se abstienen, o votan a la derecha, o directamente pasan a la abstención.

Pero el problema no es solo cultural o discursivo. Es estructural. El PSOE lleva décadas demostrando una incapacidad congénita para enfrentarse al poder real: bancos, fondos buitre, grandes patronales, especuladores inmobiliarios. Los gobiernos progresistas de la pasada legislatura –PSOE, Podemos y después Sumar– tuvieron en sus manos la posibilidad de acometer reformas legales de calado que impidieran nuevas privatizaciones, que pusieran coto a la especulación o que garantizaran una vivienda digna como derecho subjetivo. No lo hicieron. O lo hicieron a medias, siempre con la mirada puesta en no molestar a Bruselas, al BCE o a los mercados. Así no se construye credibilidad. La credibilidad se gana enfrentándose al neoliberalismo que empobrece, privatiza y corrompe. Y eso no es lo que hemos visto. Las mayores cotas de corrupción en el Reino de España tienen que ver con las privatizaciones y muchas se gestan en el palco del Bernabéu o en hoteles de lujo. 

Llegados a este punto, hay que hablar de lo que incomoda a la progresía oficial: la política exterior. Mientras la izquierda auténtica debería oponerse a todas las guerras imperialistas, nuestros progresistas institucionales apoyan a la OTAN en su guerra por delegación contra Rusia. Defienden a un gobierno ucraniano con sectores abiertamente fascistas en sus filas, que rompió los acuerdos de Minsk –reconocido incluso por ex mediadores alemanes y franceses– y que ha recibido ingentes sumas de dinero y armamento. La socialdemocracia europea financiando guerras junto a conservadores y derechistas. Pregunten a los rumanos, búlgaros o eslovacos. Allí los partidos de izquierda, los de verdad, han mantenido posiciones mucho más sensatas: neutralidad, negociación, no al envío de armas. Aquí, en cambio, nos preparan para un conflicto directo con Rusia. Y eso no es progresismo: es atlantismo puro y duro, es europeísmo neoliberal, es sumisión a los intereses geopolíticos de Estados Unidos.

Como si todo lo anterior fuera poco, irrumpe en la actualidad la figura de Zapatero. El expresidente, que tantas loas recibió por la retirada de Irak –y se le reconoce–, aparece ahora envuelto en una polémica que él mismo ha alimentado con su opacidad. El gobierno actual está tan débil, tan acorralado y tan incapaz de comunicar, que ni siquiera puede defender su "inocencia" ni explicar que este tipo de comisiones o prebendas a expresidentes son prácticas habituales del oscuro entramado del régimen del 78. Las puertas giratorias no son un accidente: son la norma. Y Zapatero ha sido una presa fácil para las extremas derechas y para los servicios de inteligencia de Estados Unidos, que tienen sumo interés en debilitar a cualquier gobierno que, aunque sea a regañadientes, les incomode en algún aspecto. Roma no paga a traidores, decía el Imperio a los asesinos de Viriato. Pues bien: el PSOE ha trabajado muchas veces gratis para los poderosos, pero a los poderosos no se les puede pedir gracia. Ellos solo defienden sus intereses. Y Donald Trump, o cualquier dirigente de la derecha internacional, derrocaría sin dudarlo cualquier atisbo de política progresista, ya sea en América, Europa, Asia o África.

Todo esto tiene un origen claro en el PSOE: el felipismo. El abandono del marxismo. La moderación buscada como coartada para la sumisión a la Unión Europea. Y conviene decirlo alto y claro: apoyar a la UE tal como está configurada hoy es apoyar los pisos turísticos y la turistificación masiva, porque el acervo legal comunitario lo ampara. Apoyar a la UE es apoyar la destrucción de nuestra industria, nuestra pesca, nuestra agricultura y nuestra minería. Apoyar a la UE es aplaudir las privatizaciones de los sectores estratégicos. Apoyar a la UE es, en última instancia, defender la guerra como instrumento de política exterior. Por eso los militantes soberanistas, los que defendemos la justicia social, el reparto de la riqueza y lo público, nos hemos de coordinar sin demora. Estos, están hundiendo todo. La crisis del wokismo y la crisis del socioliberalismo nos afectan porque, al final, las clases populares terminan pensando que todos los políticos somos iguales. Y encima los woke nos atacan, nos desprecian, nos silencian, del mismo modo que desprecian a los vecinos del mundo rural o de barrio popular.

No esperemos soluciones milagrosas. Nada solucionarán las candidaturas personalistas y de buen rollo. Nada solucionarán quienes han reducido penas a violadores y maltratadores –por seguir unos dogmas jurídicos absurdos–. Nada solucionarán quienes no se atreven a plantar cara a la Unión Europea, quienes no piden la salida de esa institución que está arruinando el Reino de España y convirtiendo nuestro país en un burdel turístico al servicio del capital extranjero.

Por eso es necesario organizarse. Apoyar a las maestras y maestros en huelga. Apoyar a las trabajadoras del Servicio de Ayuda a Domicilio. Apoyar a los metalúrgicos gallegos, a los taxistas valencianos, a los agricultores de todo el Estado. Comenzar a tener políticas económicas independientes, no sometidas a Bruselas. Ayudar de una puñetera vez a las familias que no llegan a fin de mes y a las mujeres jóvenes que desean tener hijos y no pueden o a quienes viven hacinados en pisos patera a pesar de tener trabajo. Mientras la izquierda institucional siga con su baile del pollo decapitado, nosotros tendremos que construir otra cosa. Sin ellos, y si hace falta contra ellos. Por eso nos estamos organizando y hemos creado SOVINTERN, porque sin soberanía no hay socialismo pero sin internacionalismo no es posible.

CARLOS MARTÍNEZ * Gracias a CARLOS MARTÍNEZ
 Gracias a CARLOS MARTÍNEZ
 
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