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jueves, 04 de junio de 2026 00:14h.

El origen lo conocemos, pero seguimos sin actuar: la tragedia de las clases populares en Occidente - por Carlos Martínez

fr CARLOS M

El origen lo conocemos, pero seguimos sin actuar: la tragedia de las clases populares en Occidente

Carlos Martínez

politólogo y presidente de Soberanía y Trabajo

Llevamos décadas advirtiéndolo. El diagnóstico está hecho, la autopsia del sufrimiento popular la hemos repetido hasta el cansancio en centenares de artículos. Sin embargo, la impotencia o la complicidad silenciosa de quienes deberían ser la vanguardia de la transformación social nos mantienen en parálisis. El origen del desastre lo conocemos perfectamente: el imperialismo. Sus nombres, sus banderas, sus bancos y sus ejércitos. Pero las clases populares de Occidente, desarmadas y divididas, no hacemos nada contundente para cambiarlo. Nos ganan porque nos conocen, y nos engañan porque hemos olvidado quiénes somos.

El imperialismo, esa bestia que muchos daban por enterrada tras la Guerra Fría, se ha reforzado. Hoy causa más daño que nunca, con rostro maquillado por el progresismo de salón. Miren Ucrania, Gaza, el Sahel o la periferia europea. Detrás de cada miseria exportada, deuda impagable o fábrica cerrada en el norte mientras se abre un taller de explotación en el sur, está la misma lógica: acumulación por desposesión disfrazada de democracia. Y lo más grave: una guerra mundial está ya aquí. La Tercera Guerra Mundial a pedazos, con combates asimétricos, guerras híbridas y una carrera armamentística que devora presupuestos públicos mientras se cierran hospitales.

Porque el gran drama de nuestro tiempo no es solo la ofensiva del capital financiero transatlántico, sino la ineptitud de lo que aún se llama "izquierdas occidentales". El problema de esas izquierdas –y digo de todas, incluidas las no woke– es que no analizan por dónde va el futuro de la humanidad, ni las maniobras que preparan los poderes reales: las mega-corporaciones, los centros de poder secretos fuera del control público, lo que nos preparan con la Inteligencia Artificial. Para enfrentarnos al capitalismo necesitamos ser conscientes de que las pulsiones y avances de China, Rusia y sus aliados nos son imprescindibles; de lo contrario, estamos realmente con el capitalismo. Hemos de ir más allá de recetas fáciles, modernizarnos y utilizar el mejor método de avance: el marxismo. Nuestras élites liberales que dicen ser de izquierdas colaboran con el neocolonialismo y se preparan para una guerra contra Rusia en lugar de defender los servicios públicos. El neoliberalismo que apoyan ha creado un estancamiento salarial y competencia entre trabajadores pobres en beneficio del capital financiero. Venden humo liberal mientras el capital organiza una ola neofascista, a la que solo pueblos valientes y pocas potencias antiimperialistas se enfrentan.

Estas fuerzas políticas, que deberían ser el espinazo de la resistencia obrera, han sido desmontadas desde dentro por tres venenos: las izquierdas identitarias, las culturales y las "realistas". Las identitarias (woke) han sustituido la lucha de clases por el carnet de minorías, fragmentando al pueblo trabajador en categorías irreconciliables. Han convertido la singularidad en eje político, destruyendo la solidaridad de clase. El resultado es un activismo ruidoso en redes, inofensivo para el poder real. Las izquierdas culturales han convertido la política en estética: su horizonte es la representación, no la transformación de los medios de producción. Creen que cambiando Netflix o retirando estatuas derrocarán al capitalismo, pero el imperialismo se combate en fábricas, puertos y tratados comerciales. Y las más dañinas: las izquierdas "realistas", las de la "gestión posible", que han aceptado las reglas del imperio como leyes naturales. Han reducido la política a administrar la pobreza sin cuestionar su origen. Son las que negocian despidos con sonrisa triste, votan partidas militares "por responsabilidad" y aplauden sanciones que arruinan a trabajadores iraníes o alemanes. Han olvidado que gobernar no es administrar. Colaboran con el enemigo de clase.

Estas tres desviaciones han desmontado a las fuerzas obreras organizadas. El resultado es que las clases populares occidentales –incluida España por su pertenencia a la OTAN y la UE– son incapaces de estar a la altura. Miramos hacia otro lado mientras nuestros gobiernos envían armas que matan a otros obreros del Sur Global. Hemos perdido la brújula internacionalista. Y sin internacionalismo, la clase obrera no es más que una multitud de competidores por la miseria.

Pero no todo está perdido. El imperialismo genera sus propias contradicciones. Las personas jóvenes empiezan a preguntarse por qué no hay futuro. Los trabajadores precarios, pensionistas y migrados forzosos son materia para recomponer la unidad perdida. Para ello se requiere honestidad radical: reconocer que las "izquierdas occidentales" actuales son parte del problema. Hay que reconstruir desde las cenizas: abandonar la "gestionitis", recuperar la confrontación con el imperialismo, entender que la paz se impone desmontando la OTAN, priorizar la alianza con los trabajadores del Sur Global, y volver a hablar de dictadura del capital, plusvalía, revolución. El origen es el imperialismo: acumulación de capital a costa de los pueblos. Por todo ello, SOVINTERN desde la organización política debe ser recibida con esperanza. La historia no espera. En algún lugar, bajo las bombas de una guerra que ya está aquí, otro trabajador pobre está muriendo mientras nuestras izquierdas discuten si el enemigo principal es Putin, Netanyahu o el cambio climático. El enemigo principal es el capital imperialista. Actuar en consecuencia es lo único que queda. Queda lucha. Queda conciencia. Queda Soberanía y Trabajo.

CARLOS MARTÍNEZ * Gracias a CARLOS MARTÍNEZ
Gracias a CARLOS MARTÍNEZ
 
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