La discreción diplomática no es algo que distinga a Trump - por Joaquín Rábago
La discreción diplomática no es algo que distinga a Trump
Joaquín Rábago
No sé cómo los líderes europeos siguen enviando mensajes privados a Donald Trump cuando es de sobra sabido que la discreción diplomática no es una de sus cualidades.
Si no, que se le pregunten al presidente francés, Emmanuel Macron, que escribió a Trump un mensaje en el que le decía estar “totalmente alineado “con él en Siria y poder hacer juntos “grandes cosas e Irán”, pero no entendía en cambio lo que Trump estaba haciendo en Groenlandia.
También le ofrecía Macron a su homólogo estadounidense organizar una sesión del G7 en París tras la reunión de Davos, a la que se podría invitar a ucranianos y daneses” y más tarde una cena antes del regreso de Trump a Washington.
El republicano no sólo publicó ese mensaje que debía ser discreto sino que, antes de subir a su avión para viajar a Suiza con motivo del Foro Económico de Davos, dijo que Macron no estaría mucho tiempo más en el cargo y que estaba pensando además en si elevar en un 200 por ciento los aranceles al vino y al champán. Sin duda, esta es la respuesta de Trump por la negativa de Macron a unirse a la llamada "Junta de Paz" para Gaza, con la que el estadounidense pretende suplantar a la ONU.
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Otra víctima de la indiscreción trumpiana fue el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, que le había escrito uno de sus mensajes repugnantemente aduladores. “Lo que has hecho en Siria es increíble (…) Voy a esforzarme en encontrar una salida a lo de Groenlandia. Estoy impaciente por verte”.
Nada parece producir a Trump mayor placer que humillar en público a quienes tratan desesperadamente de congraciarse con él, sobre todo si son políticos de una Europa a la que claramente desprecia.