¿Se dispone Europa a una carrera armamentística para hacerse respetar? - por Joaquín Rábago
¿Se dispone Europa a una carrera armamentística para hacerse respetar?
Joaquín Rábago
Mientras los ministros de Exteriores de Francia, Alemania y el Reino Unido buscaban en Ginebra una solución diplomática para el conflicto por el programa nuclear iraní, Donald Trump ordenó, sin previo aviso, bombardear tres instalaciones nucleares de ese país.
La humillación no pudo ser mayor para los europeos, pese a lo cual el ex primer ministro holandés y actual secretario general de la OTAN, Mark Rutte, escribió un mensaje a Trump felicitándole por ese ataque, que calificó de “acción extraordinaria”.
Lógicamente, el mensaje del zalamero Rutte debía ser confidencial, pero pudo más la vanidad del Presidente, que decidió divulgarlo en su red social para vergüenza del holandés, si es que le queda alguna.
El republicano dejó claro cuál es su opinión de los europeos: “En todo caso, los iraníes sólo querían hablar con Estados Unidos”. ¿Puede haber mayor desprecio?
Dependientes siempre en sus decisiones del hermano mayor al otro lado del Atlántico, los europeos no han sabido hacerse nunca respetar.
Lo demostró claramente el Gobierno de Olaf Scholz cuando aceptó sin rechistar que se dinamitaran los gasoductos del Báltico por los que llegaba a Alemania esa energía barata de Rusia, pero que, según Washington, convertía al país en fácil objeto de chantaje por parte del Kremlin.
Los europeos se encuentran así con que EEUU hace lo que le da la gana sin consultarlos, lo que se ha vuelto especialmente grave en el caso de un presidente tan despótico y errático como Trump.
Y es ése uno de los motivos por el que las principales potencias del continente han decidido que las cosas no pueden seguir así y que Europa tiene que hacerse respetar.
La invasión rusa de Ucrania es el pretexto buscado por los gobiernos europeos para convencer a sus ciudadanos de la necesidad de armarse, cueste lo que cueste, frente a la Rusia “imperialista” de Vladimir Putin.
Así el llamado inspector general de la Bundeswehr (Fuerzas Armadas Alemanas), Carsten Breuer, advierte de que Rusia estará dentro de sólo cuatro años en condiciones de atacar a un país de la OTAN.
Que el presidente ruso haya negado una y otra vez que esa sea su intención, que no tenga ningún sentido ya que un eventual ataque ruso, por ejemplo, a Polonia provocaría una tercera guerra mundial y esto, en plena era nuclear, nada de eso importa.
Como tampoco parecen importar las cifras del SIPRI (Instituto de Estudios para la Paz, de Estocolmo), según las cuales el presupuesto total de la OTAN alcanza ya 1,51 billones de dólares, lo que representa más del 55 por ciento del gasto militar en todo el mundo.
Más ilustrativo aún es comparar el gasto en la llamada “defensa” de la OTAN y de Rusia: según el Instituto de Estudios Estratégicos de Londres, que los calcula por paridad de poder adquisitivo, los gastos militares rusos en 2024 fueron 462.000 millones de dólares frente a los 454.000 millones de los europeos.
Claro que a esta última cifra hay que añadir el enorme gasto militar de EEUU, que representa aproximadamente un 37 por ciento del mundial. En total, los países de la OTAN suman más del 55 por ciento del gasto mundial en armamento.
En la última cumbre de la OTAN, su secretario general afirmó que hay que rearmarse para “proteger a los mil millones de ciudadanos” de los países aliados.
Pero, con independencia de que el simple hecho de armarse no equivalga a mayor seguridad, ¿no es suficiente ya ese gasto si se compara con el 45 por ciento que corresponde al resto del planeta: otros 7.000 millones de ciudadanos?
¿O se trata de comprarle más armas a la vez que gas y petróleo al Tío Sam para que no nos castigue con más aranceles?