Los drusos como pretexto - por Joaquín Rábago
Los drusos como pretexto
Joaquín Rábago
El pasado fin de semana, representantes de Israel y de Siria trataban de una eventual normalización de las relaciones bilaterales en la capital de Azerbaiyán.
El terrorista reciclado del frente Al-Nusra y nuevo hombre fuerte sirio, Ahmed al-Sharaa, parecía dispuesto a hacer importantes concesiones a los sionistas, incluida la renuncia a los altos del Golán.
Pero un par de días después, la aviación israelí bombardeaba blancos en el país vecino, incluido el ministerio sirio de Defensa y el palacio presidencial en Damasco.
Se trataba, según Tel Aviv, sólo de un aviso al nuevo poder sirio, que había enviado antes a su banda de yihadistas a la provincia de Suwaida, en el sur del país, habitada mayormente por los drusos y donde se habían producido enfrentamientos entre ésos y los beduinos.
En lugar de intentar mediar entre las dos minorías, los yihadistas protagonizaron allí saqueos y aun llevaron a cabo matanzas entre los drusos, que opusieron, sin embargo, fuerte resistencia.
El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, exigió al Gobierno sirio que dejase en paz a los drusos de Suwaida y amenazó con ataques todavía más contundentes contra Damasco en el caso de que no lo hiciera.
Mientras tanto, decenas de drusos que viven en los altos del Golán, ilegalmente ocupados por Israel, traspasaron las instalaciones fronterizas para reunirse con sus familiares en la parte siria.
La estrategia del Gobierno de Benjamín Netanyahu parece clara: al erigirse en protector de la minoría drusa de Siria, trata de asegurarse la lealtad de los drusos que viven en Israel.
Son estos últimos alrededor de 150.000, en su mayoría tiene la nacionalidad israelí y muchos de ellos sirven en el Ejército sionista.
Al mismo tiempo, Tel Aviv trata de debilitar militarmente al país vecino, como hizo ya antes con sus ataques aéreos, que destruyeron buena parte del armamento sirio.
Israel, que ha ocupado ya una zona tampón que llega hasta 20 kilómetros de Damasco, exige además la desmilitarización de las provincias sirias de Kuneitra, Deraa y Suwaida.
En Siria el Estado sionista sigue la vieja estrategia de “divide y vencerás”. Busca la fragmentación del país según sus minorías étnic-religiosas.
Y si el derrocado presidente Bashar al-Ásad intentó garantizarse la lealtad de las minorías no suníes con un Estado policial pero laico, el actual hombre fuerte parece apostar en cambio por la mayoría árabe suní.
Mas, al intentar crear un Estado centralista de esa confesión y proceder contra las minorías, primero la aluíta, a la que pertenecía el propio al-Ásad, y luego contra los drusos, Damasco alienta sin querer las tendencias separatistas.
Lo cual favorece finalmente a Israel, cuyo máximo interés es tener vecinos débiles y fragmentados porque así podrá más fácilmente manejarlos.
La protección de los drusos de Siria es para Tel Aviv solo un pretexto.