España cómplice: rearme, hipocresía institucional y el paripé de una izquierda domesticada - por Antonella Aliotti
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España cómplice: rearme, hipocresía institucional y el paripé de una izquierda domesticada
Antonella Aliotti
Feminista Radical y Antirracista
Defensora de la Casa Común
Activista de DDHH y Sociales
Mientras el ejército israelí arrasa Gaza con miles de muertos —34.000 al cierre de este texto, la mayoría mujeres, niñas y niños— el Gobierno español sigue firmando contratos millonarios de compra de armas con empresas israelíes. Esta realidad desmonta cualquier fachada de ética política y revela lo que muchos ya sabíamos: que los gobiernos “progresistas” también matan, aunque sonrían desde el Congreso.
Rearme y negocios con sangre palestina
Entre octubre de 2023 y abril de 2025, España ha comprado a empresas israelíes armamento por valor de más de 1.000 millones de euros. Uno de los casos más vergonzosos es el contrato con IMI Systems, filial del conglomerado estatal israelí IWI, por la compra de más de 15 millones de balas por valor de 6 millones de euros. Este contrato se firmó después de que el Gobierno anunciara en octubre de 2024 que suspendería las relaciones armamentísticas con Israel.
Pero no se trata de un caso aislado. En los Presupuestos Generales del Estado para 2025, el gasto en Defensa aumentó hasta los 27.617 millones de euros, consolidando una tendencia de rearme acelerado. Esos fondos salen del mismo presupuesto donde se recortan políticas públicas esenciales, incluyendo las de atención a víctimas de violencia machista. El Estado ha elegido: armas en lugar de cuidados.
Sumar y el espectáculo del desacuerdo pactado
La reacción de Sumar, y en particular de Izquierda Unida, ha sido tan previsible como insuficiente. Ante la presión ciudadana y mediática, IU amagó con abandonar el Gobierno si no se anulaba la compra de balas israelíes. Pero lo cierto es que hasta la fecha nadie ha dimitido y ningún ministro o ministra ha roto la disciplina del Consejo de Ministros.
Yolanda Díaz, líder de Sumar y vicepresidenta segunda, ha declarado que la coalición “goza de buena salud” a pesar de las discrepancias en Defensa. Este tipo de declaraciones son un insulto a quienes creen en la política como herramienta de transformación, no como teatro de marionetas. Porque si uno dice que está en contra de un genocidio pero sigue en el mismo Gobierno que lo financia, entonces está participando en él.
Podemos: cuando el silencio también fue cómplice
No se trata solo de Sumar. Cuando Podemos formaba parte del gobierno entre 2020 y 2023, también se enfrentó a crisis internacionales graves —como la venta de armas a Arabia Saudí durante la guerra en Yemen o la política migratoria represiva en la frontera sur— y tampoco abandonó el Gobierno ni rompió la coalición.
Uno de los casos más sonados fue la exportación de bombas de precisión a Arabia Saudí en 2018, que podrían ser usadas contra población civil en Yemen. Aunque Podemos denunció el hecho, siguió dentro de la estructura de gobierno sin romper con el PSOE. En resumen: hubo indignación, sí; pero no hubo consecuencias reales.
El resultado es un patrón: crítica pública para quedar bien con la base militante, pero sumisión práctica en el ejercicio del poder.
Feminismo frente a la complicidad estatal
El feminismo no pacta con asesinos, ni adorna con lenguaje inclusivo las bombas que caen sobre escuelas y hospitales. Mientras partidos como Sumar y Podemos discuten matices en sus ruedas de prensa, las mujeres palestinas son asesinadas, desplazadas, y privadas del más mínimo acceso a derechos básicos. No hay “feminismo institucional” que justifique la inacción ante un genocidio televisado.
¿De qué sirve un Ministerio de Igualdad si el Estado compra balas a un régimen colonial? ¿Qué sentido tiene hablar de cuidados cuando el presupuesto militar se dispara mientras los centros de atención a víctimas se colapsan?
Basta de complicidad. Basta de farsas. Basta de traición.
Los partidos progresistas han fallado en lo más elemental: defender la vida. No es una cuestión de matices ideológicos, sino de principios básicos. O se está con la vida o se está con quienes la exterminan. No caben posturas intermedias.
Lo que exigimos desde la posición del feminismo es:
Cancelación inmediata de todo contrato armamentístico con Israel.
Salida de España de toda estructura militar internacional que sostenga regímenes genocidas.
Dimisión de todo cargo que se diga “progresista” y mantenga silencio cómplice.
Redirección del presupuesto militar hacia servicios públicos esenciales.
La historia no absolverá a quienes callaron, ni a quienes “salieron” cuando ya era políticamente rentable hacerlo. Y nosotras no olvidaremos que las bombas caen mientras los progresistas institucionales pactan, negocian, y hacen teatro.