Estados Unidos no puede ser mediador en un conflicto del que es parte - por Joaquín Rábago
Estados Unidos no puede ser mediador en un conflicto del que es parte
Joaquín Rábago
Estados Unidos no puede ser mediador en el conflicto ucraniano ya que, por mucho que Donald Trump hable de “la guerra de Biden”, es también la suya y su país, parte implicada directamente.
Pero quienquiera que pudiera ser el mediador, la principal dificultad de encontrar una solución estriba en que las dos partes- rusos, por un lado, y ucranianos y occidentales, por otro- parten de posiciones antagónicas.
Moscú insiste en no aceptará un alto el fuego sin que antes Kiev se comprometa a retirar todas sus tropas de las cuatro regiones que las fuerzas rusas ya han ocupado casi enteramente y abandone sus aspiraciones a ingresar en la OTAN.
Ucranianos y europeos, apoyados por los neocons del Congreso estadounidense como Lindsey Graham o Richard Blumenthal exigen por el contrario la aceptación por Moscú de un alto el fuego inmediato y sin condiciones antes de que pueda empezarse a hablar.
En ningún caso parece que el Kremlin vaya a aceptar la idea de “canje territorial” lanzada últimamente por Trump y que consistiría, por ejemplo, en que Rusia se quedase con las dos regiones del Donbás y devolviera a Kiev las otras dos restantes: Jersón y Zaporiyia.
Pero alguien piensa que Rusia pudiese aceptar la pérdida de esas dos regiones con tanto sacrificio conquistadas cuando su Ejército domina actualmente el campo de batalla?
Cada vez parece más claro que el presidente Volodímir Zelenski, animado sobre todo por los gobiernos de Washington y Londres, sobrevaloró sus fuerzas y pensó que con la ayuda militar de la OTAN podría ganar a una Rusia debilitada por las sanciones occidentales.
Para su desgracia, calculó mal y tanto su país como la propia OTAN han caído en una trampa en la que cada día que pasa se hunden más sin que nadie sepa realmente cómo salir sin perder la cara.
Ucrania ha perdido a más de una generación en esa guerra, que ha provocado además el éxodo de millones de ciudadanos tanto a Occidente como, y de esto nunca se habla aquí, a la propia Rusia.
Sin contar la destrucción de viviendas e infraestructuras por parte de unos y otros aunque nuestros medios sólo se centren, como cuando hablan de víctimas civiles, en los destrozos que provocan las fuerzas rusas.
Como indican los últimos sondeos, los ucranianos están cada vez más cansados de una guerra a la que no ven ya salida, y su desánimo contrasta con el fuerte apoyo que la población rusa sigue prestando, nos guste o no, a la que Moscú eufemísticamente llama “operación militar especial”.
También parecen haber perdido muchos ucranianos la esperanza de ver a su país formando parte un día no sólo de la OTAN sino además, lo que es para ellos aún peor, de la Unión Europea.
De ese modo, la estrategia occidental de renunciar a la diplomacia para resolver el conflicto con Moscú y hacer que hablen sólo las armas se ha demostrado totalmente errónea. Trump parece haberlo comprendido. No así los europeos.