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jueves, 04 de junio de 2026 00:14h.

Europa al borde del desánimo - por Xuxo Morán

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Europa al borde del desánimo

Xuxo Morán 

La jornada del 6 de mayo deja dos escenas que resumen el momento político que vive Europa: en Berlín, Friedrich Merz es investido canciller de Alemania tras una segunda votación marcada por divisiones internas y el avance de la extrema derecha; en Madrid, el Gobierno aprueba una reducción de la jornada laboral sin merma salarial, y una parte de la clase trabajadora, lejos de celebrarlo, reacciona con recelo o directamente con hostilidad. Dos noticias distintas, pero conectadas por un mismo hilo: el desgaste de la confianza ciudadana.

En Alemania, la investidura de Merz simboliza la búsqueda de estabilidad a toda costa, incluso cuando esa estabilidad se apoya en un bloque conservador que se aproxima cada vez más al discurso de la derecha radical. El hecho de que seis diputados de la coalición votaran en contra en la primera ronda refleja que las tensiones ya no se esconden ni en las filas aliadas. No se trata solo de quién gobierna, sino de cómo el miedo a perder el poder empuja a los partidos tradicionales a asumir el lenguaje —y parte de la agenda— de la ultraderecha.

La politóloga Sabine Volk lo resumía con claridad en Der Spiegel:
"La extrema derecha ya no necesita el poder para influir: le basta con que los partidos tradicionales se acerquen a sus posiciones para evitar perder votos."

Mientras tanto, en España, se avanza hacia una mejora histórica en los derechos laborales: reducir la jornada semanal a 37,5 horas, algo que responde a una tendencia internacional y que beneficiaría a millones de personas. Sin embargo, el anuncio ha recibido críticas no solo desde las patronales, sino también desde sectores obreros que, influidos por discursos simplistas, perciben la medida como una amenaza, no como un logro. El término “fachaobreros”, aunque provocador, describe un fenómeno real: una parte de la clase trabajadora que vota —y opina— en contra de sus propios intereses por desconfianza crónica o identificación con valores conservadores.

Estamos, por tanto, ante un síntoma más profundo que excede el marco de la ideología: una ciudadanía desilusionada, que ya no cree ni cuando las leyes la favorecen. Y cuando esa desconexión entre política y sociedad se vuelve estructural, las democracias tambalean, no tanto por el auge de partidos radicales, sino por el silencio de quienes deberían defenderlas.

Europa necesita recuperar el vínculo entre política y esperanza. Si seguimos gobernados por la apatía y el cinismo, el terreno estará cada vez más fértil para quienes prometen soluciones autoritarias y castigos ejemplares. Y entonces, lo que hoy parece solo un giro conservador, mañana podría convertirse en una vuelta atrás en derechos, libertades y convivencia.

 

XUXO MORÁN
XUXO MORÁN
mancheta en 2025