¿Fue el discurso del canadiense Carney en Davos más bien retórica? - por Joaquín Rábago
¿Fue el discurso del canadiense Carney en Davos más bien retórica?
Joaquín Rábago
Es lícito preguntarse si el discurso que pronunció en Davos el primer ministro canadiense, Mark Carney, fue sobre todo retórica que apenas tendrá consecuencias.
Fue, es cierto, un discurso que impresionó a la audiencia y al mundo con su constatación de que el orden internacional basado en reglas era sobre todo una ilusión porque Occidente violaba esas reglas cada vez que le convenía.
“Las grandes potencias han empezado a utilizar la independencia económica como arma, los aranceles como chantaje”, dijo Carney, quien constató que el “viejo orden ya no funciona” y que se trata de una “ruptura” y no de una “transición”.
Palabras que ciertamente chocaban en un foro como el de Davos que ha sido siempre por encima de todo una autocelebración del capitalismo.
Carney habló del necesario respeto de los derechos humanos y del “reconocimiento realista de que no todos nuestros socios comparten nuestros valores”.
¿De qué valores hablaba, de los que Occidente ha intentado imponer a los demás mediante agresiones militares, sanciones económicas o revoluciones de colores?
Canadá ha sabido, es cierto, diversificar sus alianzas internacionales con doce nuevos acuerdos comerciales bilaterales en sólo seis meses, de los que el más importante es el firmado recientemente con China, que tanto ha indignado a Donald Trump.
Al mismo tiempo, el Gobierno del liberal Carney sigue apoyando militar y económicamente a Ucrania, sin duda con el ojo puesto en la importante diáspora ucraniana en Canadá, en parte vinculada a ideologías de extrema derecha.
Baste recordar la polémica internacional en torno al homenaje tributado por el Parlamento de Ottawa a un veterano de la decimocuarta división de granaderos de las Waffen SS (división Galitcia), responsable de numerosos crímenes de guerra.
Carney dijo en Davos que no abogaba por un “ingenuo multilateralismo”, sino por un “realismo” basado en valores. ¿No se trata entonces de poner en cuestión la hegemonía del poderoso sino sólo sus aberraciones como ahora bajo Donald Trump?
¿No se busca resolver las contradicciones con algo así como contrapoderes sino tan sólo minorarlas, reducir su impacto? Son preguntas que requieren respuesta.
Por cierto que Carney tendrá que resolver un problema en su propio país y es el foco separatista trumpiano que existe en la provincia de Alberta con sus grandes reservas petroleras: el 84 por ciento del petróleo canadiense sale de allí.
Alberta, la provincia canadiense en el punto de mira de Trump DIARIO RED
Se trata de una provincia gobernada por partidos ideológicamente próximos al MAGA (Make America Great Again) de Donald Trump, que no quieren compartir la riqueza energética con el resto del país. Un poco como sucede, por ejemplo, en el departamento boliviano de Santa Cruz.
El año pasado, representantes de los separatistas contactaron al Departamento de Estado de Washington para solicitar un préstamo con el que organizar un referéndum pro independencia, lo que provocó alarma en la provincia vecina de British Columbia, que temía quedarse separada del resto del país. Retórica aparte, Carney tiene un difícil trabajo por delante.