¿Fue la masacre de Bucha una operación de bandera falsa? - por Joaquín Rábago
¿Fue la masacre de Bucha una operación de bandera falsa?
- por Joaquín Rábago
La masacre de Bucha, de la que se han cumplido ahora tres años en medio de un más que sospechoso silencio, parece cada vez más haber sido una operación de bandera falsa.
Rusia insiste en que la matanza de Bucha es un "montaje" de Ucrania FRANCE 24
Los medios occidentales publicaron entonces imágenes de cadáveres en las calles de esa ciudad que el Gobierno de Kiev atribuyó inmediatamente a una operación de castigo rusa contra la población ucraniana.
El Gobierno de Volodímir Zelenski habló de más de cuatrocientos cadáveres abandonados por los rusos en las calles de la ciudad, pero las autoridades no ofrecieron informes forenses ni dieron en ningún momento los nombres o las direcciones de las víctimas.
El presidente de EEUU, Joe Biden, dijo entonces que lo ocurrido le ratificaba en su convicción de que el presidente ruso, Vladimir Putin, era un auténtico “criminal de guerra”.
La pasada semana, el Consejo de Seguridad de la ONU convocó una reunión a instancias de Rusia, que exigió una investigación independiente de lo ocurrido.
El representante de Dinamarca, país de la OTAN que preside actualmente ese órgano, acusó a Rusia de “desinformación” sobre aquella masacre.
Pero la prensa occidental comenzó a hablar de los cientos de cadáveres que habían dejado supuestamente los rusos tras retirarse de Bucha entre el 4 y el 6 de abril aunque las fuerzas rusas habían abandonado la ciudad casi una semana antes.
En las imágenes publicadas entonces, los cadáveres no parecían mostrar ningún signo de descomposición como si no hubiesen pasado más de dos días desde la comisión de la supuesta masacre.
Además, el 31 de marzo, el alcalde de la ciudad, Anatoli Fedoruk, había publicado un vídeo en el que expresaba su total satisfacción por la salida de las tropas invasoras sin hacer ninguna referencia a esos muertos.
Como explicó el representante ruso ante el Consejo de Seguridad, Dmitriy Polyansky, la policía militar ucraniana, que entró en Bucha entre el uno y el dos de abril, publicó entonces un vídeo en el que amenazaba con matar a los civiles sospechosos de colaboración con los rusos.
El periodista francés Adrien Bocquet, que llegó a Buda acompañado de médicos canadienses y libaneses en el momento mismo en que entraban las fuerzas rusas, aseguró ante el Consejo de Seguridad haber visto a soldados ucranianos descargar los cadáveres de camiones y atarles las manos con cintas blancas, símbolo de sus simpatías pro rusas.
La atribución a Rusia de aquella brutal masacre sirvió para que el primer ministro británico Boris Johnson volase a Kiev e invitase al Gobierno ucraniano a retirarse del acuerdo con Moscú que habían estado negociando para seguir combatiendo a Rusia con la ayuda militar que le seguiría proporcionando la OTAN.
Se puede creer o no al periodista francés que acudió como testigo o al representante ruso ante el Consejo de Seguridad de la ONU, que denunció una operación de falsa bandera urdida contra su país por los servicios de inteligencia británicos y ucranianos.
Hay, sin embargo, demasiadas preguntas sin aclarar que exigen respuesta, pero que no parecen interesar en este momento a los gobiernos europeos de la OTAN ni tampoco a los medios a su servicio.