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jueves, 04 de junio de 2026 09:53h.

El Gran Viraje: Cómo la Impotencia de una Izquierda Sin Rumbo Alimenta el Monstruo de la Extrema Derecha - por Carlos Martínez

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El Gran Viraje: Cómo la Impotencia de una Izquierda Sin Rumbo Alimenta el Monstruo de la Extrema Derecha

Carlos Martínez

politólogo

De Soberanía y Trabajo.

Estamos asistiendo a un terremoto político de magnitudes continentales. La extrema derecha, con su cóctel tóxico de ultraliberalismo económico y nacionalismo identitario, se enseñorea de las instituciones de Occidente, y muy especialmente de una Europa que navega sin brújula. Mientras, las llamadas izquierdas parlamentarias, antaño faro de las esperanzas populares, se desangran en luchas intestinas y se desdibujan hasta ser indistinguibles de un liberalismo social desvirtuado. El caso de España es un síntoma terminal de esta enfermedad: en lugar de construir una alternativa creíble, la izquierda se fractura en mil pedazos, creyendo que en ese caos, pequeños partidos del sistema como Podemos pueden resurgir. Es un espejismo. Lo único que crece con vigor letal es VOX. Y su ascenso no es un acto de magia negra, sino la consecuencia directa, casi mecánica, de una abdicación histórica.

La Raíz del Mal: La Traición a lo Concreto

La gente no vota por abstracciones ideológicas puras. Vota, sobre todo, en función de su vida material. Y ahí, en el terreno de lo concreto, la izquierda gobernante ha fracasado estrepitosamente. La vivienda se ha convertido en un bien de lujo inalcanzable para generaciones enteras, un campo de juego para fondos buitre y especuladores. En lugar de aplicar políticas audaces de control de alquileres, construcción de parque público y persecución de la vivienda vacía, se ha preferido el diálogo estéril y los parches cosméticos. El resultado es una generación joven, formada y precaria, que no proyecta su futuro y cuya rabia, al no encontrar un cauce en una izquierda que prioriza otras banderas, es canalizada por la extrema derecha hacia el chivo expiatorio del político –siempre de “izquierdas”- o del inmigrante.

La sanidad pública se resquebraja por los recortes y la externalización, y la enseñanza pública es marginalizada y desprestigiada sistemáticamente. Estas eran las trincheras históricas de la socialdemocracia. Al abandonarlas, ha abandonado su razón de ser. ¿Qué ofrece entonces? Un sucedáneo de progresismo cultural que, aunque importante para ciertos sectores de las urbes, resulta indescifrable e irrelevante para el obrero de la fábrica, el campo, la obra o el comercio, que ve cómo su centro de salud cierra, para la madre que no puede pagar la universidad de su hijo o para la familia que destina el 60% de sus ingresos a un alquiler abusivo.

La lucha no es cultural, ni menos identitaria, es por la dignidad de llegar a fin de mes, tener techo asegurado y a precio asequible. Poder comer todos los días y ver futuro para las familias. Poder criar gallinas o sembrar campos sin que nadie te arruine en nombre del medio ambiente –en realidad para favorecer a las grandes corporaciones alimentarias-. Prometer igualdad y reparto y en lugar de eso: desigualdad, especulación, no poder llegar a fin de mes y convertirnos en el paraíso de la ausencia de derechos laborales. Todos al servicio a la extrema derecha y la burguesía feliz.

Los casos de corrupción o de mal ejemplo e incoherencia personal, han sido el caldo de cultivo también que ha propiciado el incremento de la ultraderecha.

 Todos roban, todos van de putas, tienen “casoplones”. Los ricos siempre ganan. La justicia no es igual para todos. He de cerrar mi explotación ganadera porque las directivas europeas que impulsan los verdes solo benefician al capitalismo verde y arruinan a las pequeñas explotaciones agrícolas y ganaderas. Talan olivos para sembrar huertos solares o matan nuestros pueblos para instalar centrales de biogás…

El Giro Belicista: La Última Abdicación

Si la traición en lo social fue el primer acto, el giro belicista es el remate final. Lejos incluso de un liberalismo social con vocación pacifista, las izquierdas gubernamentales europeas, con la española a la cabeza, se han alineado con un fervor inquietante con la OTAN, el rearme y la guerra contra Rusia. Han comprado sin fisuras el relato maniqueo de un "Occidente libre" frente a un "Eje del Mal", ignorando las complejidades geopolíticas y los intereses nacionales. Han priorizado la lógica de los bloques, que beneficia a las corporaciones armamentísticas estadounidenses, sobre la lógica de la diplomacia y la paz, que beneficia a sus pueblos.

En este panorama desolador, la figura del Primer Ministro eslovaco, Robert Fico, emerge con un sentido común que lo convierte en un paria para las élites. Fico, un socialdemócrata de la vieja escuela, se atreve a decir lo obvio: que esta guerra no tiene solución militar, que está arruinando las economías europeas y que es necesaria una solución negociada. Es la voz de la razón. Pero, ¿cuál es la respuesta de las izquierdas urbanas postmodernas y woke? No el debate, sino el insulto. No la refutación de argumentos, sino la descalificación mediante etiquetas. Lo tildan de "proruso", "títere" “rojipardo” o "traidor". Esta izquierda, impregnada de una nueva religión secular intolerante, ha convertido la lealtad a los dictados atlantistas y los intelectuales de los EEUU, en un dogma de fe. Es una auténtica enfermedad que impide cualquier análisis serio de la realidad y que ahuyenta a las clases populares, que intuyen en este discurso un desprecio por sus preocupaciones materiales.

La Gran Dicotomía: Liberales Globalistas vs. Socialistas del Pueblo Trabajador

Ante este panorama, la división política ya no es la clásica entre una "izquierda liberal" y una "derecha ultraliberal". Ambas comparten un sustrato común: la fe en el capitalismo desregulado, en el poder de las grandes corporaciones y en la sumisión a las estructuras supranacionales como la UE y la OTAN. La verdadera fractura, la que definirá el futuro, es la que se abre entre:

  1. Los Liberales Globalistas: Una alianza de facto que va desde la derecha hasta la izquierda parlamentaria, cuyo proyecto es la gestión tecnocrática del capitalismo global. Su dios es el mercado, su sacerdocio la Comisión Europea, y su brazo armado la OTAN. Su enemigo es la soberanía popular.

  2. Los Socialistas del Pueblo Trabajador: Aquellos que, desde una perspectiva de lucha de clases, defienden la República social, la democracia económica y la soberanía nacional como espacios desde los que enfrentarse al poder del capital. Son demócratas, antimperialistas y entienden que la patria es el pueblo, no una bandera para enarbolar contra el de al lado.

Los pueblos de Europa, cada vez más empobrecidos, son utilizados miserablemente por los ultraliberales de extrema derecha. Estos les ofrecen un consuelo identitario, un enemigo externo (el inmigrante, Bruselas) para ocultar que sus políticas económicas son las mismas que les empobrecen y ellos igual se sirven de la inmigración: menos impuestos para los ricos, menos derechos laborales, más recortes sociales. Es un engaño colosal, y la izquierda ha sido cómplice al dejar vacío el espacio de la defensa material de la clase trabajadora.

La Búsqueda de la Alternativa: Lecciones desde la Soberanía

La solución no está, desde luego, en la OTAN ni en una UE que nos quiere llevar a una guerra suicida contra Rusia y que mira con desdén a los pueblos más avanzados y luchadores del Sur Global. La solución pasa por construir, desde abajo, el actor político del pueblo trabajador. Un sujeto que agrupe a todos los expulsados de esta globalización depredadora: a los jóvenes sin futuro, a los trabajadores precarios, a las mujeres pobres, a los pensionistas, a los pequeños agricultores arruinados por las normativas europeas.

Desde el socialismo con raíces y sentido común, tenemos algo que aportar. El modelo de las grandes corporaciones hace aguas y es insostenible. Podemos y debemos extraer lecciones de experiencias alternativas:

  1. La Actitud de Robert Fico (primer ministro eslovaco): No se trata de un seguidismo acrítico, sino de aprender la valentía de priorizar la paz y los intereses nacionales sobre los dictados de los bloques. Es el sentido común de quien sabe que una Europa en guerra es el fin del Estado del Bienestar.

  2. El Modelo Chino y su Estudio: Más allá de la propaganda, es un deber científico estudiar cómo China ha logrado sacar de la pobreza extrema a cientos de millones de personas, desarrollar una potencia tecnológica propia y mantener su soberanía frente al hegemonismo estadounidense. No hablamos de un "seguidismo", sino de analizar sus bondades en aspectos concretos que se podrían implementar aquí: la planificación estratégica de sectores clave, la apuesta por la soberanía energética e industrial, la firmeza en la defensa de los intereses nacionales, del estado y del pueblo. Se trata de dejar de ser lacayos de la OTAN, la UE y unos EEUU que nos utilizan, nos venden su gas caro, nos obligan a comprar sus armas y encima nos amenazan si nos desviamos del guion.

Conclusión: Reconstruir o Perecer

El camino es arduo. La tarea principal, la única que importa, es la construcción paciente y tenaz de ese actor político del pueblo trabajador. Un actor que hable el lenguaje de las necesidades, no el de las identidades impuestas; que defienda la soberanía popular frente a los mercados y los imperios; que priorice la paz sobre la guerra y la cooperación sobre la confrontación. Debemos dejar de mirarnos el ombligo en disputas internas estériles y salir a conquistar el corazón de los que sufren. La derecha más extrema solo gana porque nosotros, los que decimos representar una alternativa, hemos olvidado lo que significa luchar. Es hora de recordarlo. El futuro de nuestros pueblos depende de ello. Sobre todo porque hemos confundido todo y estamos en batallas que a las personas del pueblo, a los autónomos o a millones de jóvenes de pueblos y ciudades con un negro panorama todo el mensaje woke les resbala. La cosa no es llenar las manifestaciones de personas convencidas sino de concitar el apoyo de millones de trabajadoras y trabajadores. Ser capaces de dialogar con quienes piensan de forma diferente, o ser capaces de discernir que los normales y los que poseen el sentido común son ellos y ellas. Necesitamos el partido del mundo del trabajo que entienda al Trabajo y hable su lenguaje y sea capaz de defender que “más Europa” no nos lleva ninguna parte en un mundo en el que Europa es una pequeña prolongación de Asía carente de materias primas, de alimentos y de soberanía y África enfrente, que comienza a ser el futuro.

CARLOS MARTÍNEZ * Gracias a CARLOS MARTÍNEZ
Gracias a CARLOS MARTÍNEZ

 

 

 

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