La belicosa insolencia de Volodímir Zelenski - por Joaquín Rábago
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La belicosa insolencia de Volodímir Zelenski
Joaquín Rábago
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, debe de creerse todavía que está en el plató de la serie de televisión "Servidor del pueblo", que le hizo famoso y le catapultó a la política.
Así, el otro día envió un mensaje belicista nada disimulado al primer ministro húngaro, Viktor Orbán, al que acusó de intentar bloquear el crédito de 90.000 millones de dólares, respaldado por el presupuesto comunitario, que la UE ha prometido al Gobierno de Kiev.
Pero si Orbán ha puesto hasta ahora obstáculos a que se conceda si más ese dinero a Kiev es porque Ucrania se niega a reparar el oleoducto "Druzhba" (en ruso: Amistad), por el que tanto Hungría como Eslovaquia seguían recibiendo el petróleo barato procedente de Rusia.
Kiev quiere, como Bruselas, que ningún país europeo siga comprando energía al país de Putin, aunque perjudique a sus intereses como ocurre en ese y otros casos, porque con los ingresos financia Moscú la guerra de Ucrania.
En su insolente mensaje, Zelenski advertía a Orbán, al que se refería como "una cierta persona", que si seguía bloqueando ese crédito, daría su dirección a "nuestros defensores, nuestros muchachos, que están armados, para que le hablen por teléfono en el lenguaje que les es propio".
Orbán utilizó la red social X para responder a Zelenski en húngaro y decirle que había recibido el mensaje y que le conminaba a dejar de "amenazar" y "chantajear" a Hungría y a permitir que siguiese fluyendo el petróleo por el oleoducto dañado.
El portavoz de la Comisión, no su presidenta, Ursula von der Leyen, como habría sido lo normal, tratándose de tan grave amenaza a un país socio, calificó de "inaceptable" el lenguaje utilizado por Orbán.
"No son de recibo las amenazas contra los países miembros de la Unión Europea", dijo el portavoz, Olof Gill, quien agregó que Bruselas está en contacto con las dos partes para que "rebajen la retórica".
Una vez más, como en el caso del ataque ilegal de Estados Unidos e Israel a Irán, la Comisión Europea trata de establecer una inexistente equidistancia entre el agresor, en este caso de momento sólo verbal, y el agredido.
¿Cómo es posible, en efecto, que el presidente de un país que no podría sostener la guerra contra Rusia sin la ayuda económica y militar de Occidente y ahora sobre todo de la UE amenace de esa forma a un socio del club al que aún no pertenece?
No es la primera vez en cualquier caso que Zelenski se permite dar lecciones a los europeos sobre cómo deberían comportarse con Rusia sin que ésos se escandalicen por tamaña insolencia.
Las banderas de Ucrania que siguen ondeando en muchos edificios oficiales de los países de la UE y el recibimiento y los calurosos abrazos que le dan los líderes europeos cada vez que le reciben en sus capitales se le han subido al pequeño Zelenski a la cabeza.