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jueves, 04 de junio de 2026 00:14h.

La guerra de los gobiernos de Europa Occidental con sus propios pueblos – por Chema Tante

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La guerra de los gobiernos de Europa Occidental con sus propios pueblos

Chema Tante

 

Un estado europeo -Rusia- después de aguantar años y años de acoso, de incumplimientos de los tratados que garantizan su seguridad y de maltratos a comunidades de su cultura, advirtió de que no toleraría la presencia de la agresiva OTAN en sus fronteras, en clara violación de aquellos tratados y que exigía el cese de la persecución a las poblaciones del Donbás.

El régimen banderista -filofascista- que se impuso en Kiev después de un golpe que tumbó a un gobierno legítimo, no se dio por aludido y mantuvo, por una parte, su voluntad de adhesión a la OTAN y, por la otra, el hostigamiento a las comunidades de cultura rusa en el Donbás.

En consecuencia, la Federación Rusa ejerció su derecho a la defensa, con una operación militar que, desde el primer momento y hasta ahora, se ha conducido con mucha contención, para evitar que el conflicto se extendiera. Las más que evidentes superioridad rusa y validez de los argumentos, llevaron a Kiev a la mesa de negociación en Turquía, donde las hostilidades estuvieron a punto de terminar.

Sin embargo, los gobiernos de Europa Occidental y de Estados Unidos habían comprobado el fuerte negocio que suponía la guerra, por el comercio de armas y equipos bélicos y creyeron, además, que era una oportunidad para deteriorar la economía rusa. Por eso, corrieron a convencer a Kiev para que volviera a incumplir los compromisos que contrajo, esta vez, en Estambul. Los estados europeos y estadounidense ofrecieron al ucraniano el apoyo total de la OTAN.

Europa Occidental y Estados Unidos, con su ceguera estratégica habitual, consideraron que aplicando sanciones conseguirían debilitar a Rusia, pero han cosechado unos resultados diametralmente opuestos a los previstos: Rusia se ha fortalecido y Europa se ha perjudicado, encadenándose a la energía cara procedente del otro lado del Atlántico.

Nadie recuerda que, contra todas las acusaciones de los interesados gobernantes, Rusia ha mantenido su voluntad de acercamiento amistoso a Europa, demostrada en la historia reciente por su suministro de energía a precios muy razonables, de acuerdo, por cierto, con los principios de relaciones comerciales leales que sustentan la multipolaridad alentada por los BRICS. Nadie recuerda que Rusia ha demostrado durante siglos, con el zarismo, con el socialismo y ahora, su voluntad de acercamiento a Europa. Nadie, en fin, tiene razones para temer ser invadida por un estado que, prácticamente, no tiene presencia militar fuera de sus fronteras. Cosa, por cierto, que no pueden decir Occidente ni la OTAN. ¿a qué invasiones hay qué temer?

Malogrado el acuerdo de paz de Estambul, el conflicto ha proseguido, azuzado por las arengas belicistas de la UE, el Reino Unido, la OTAN y Estados Unidos. Si Ucrania ha conseguido resistir, ha sido por el apoyo logístico, electrónico y de inteligencia estadounidense y por la mesura de la estrategia rusa que en todo momento ha evitado situaciones límite que desataran una escalada que llevara al peligro nuclear y, también, al perjuicio de la población civil, a la que Rusia considera hermana y víctima del régimen banderista de Kiev.

Ahora ha llegado al poder en Washington un sujeto maléfico que finge desquiciamiento, para engañar a la opinión pública, pero que sabe muy bien lo que hace. Y una de las cosas que ha hecho es mirar las cuentas de su país y comprobar que está en quiebra. Una situación que en realidad no le mortifica más allá de la medida en pueda frenar el beneficio personal suyo y el de sus amigos. Y el “golfo de América” como buen neoliberal, ha decidido cortar gastos, empezando por el capítulo de la guerra de Ucrania que él, más que nadie, sabe perdida para Occidente. Y todo el mundo sabe cómo está propiciando el final de la guerra: presionando a Ucrania, cortando la ayuda.

En esto, los gobernantes de Europa Occidental, viendo peligrar el sustancioso negocio bélico, han alzado el sempiterno grito de la “defensa de la cultura de Occidente” (ver discursos de Hitler, Mussolini, Franco, Petain…) y juran proseguir con la guerra.

Una guerra perdida, sin el apoyo de Estados Unidos. Una guerra que el aumento de los gastos en defensa de los estados de Europa no hará que se gane. Porque Rusia lleva una ventaja de dos décadas y, por mucho dinero que metan en ello, Occidente nunca le alcanzará. Los gobiernos hablan de aumentar el gasto en Defensa, de aquí a 2029. Como si supieran cómo estarán las cosas dentro de cuatro aos.

Pero a los gobernantes de Europa Occidental no les preocupa ganar o perder esa guerra. La guerra que les importa es lo que quieren ganar, es la guerra que tienen entablada con sus propios y respectivos pueblos. Esta tropa sin escrúpulos azuza el ardor bélico, para justificar el desvío de recursos de Asuntos Sociales -donde hay escasa posibilidad de comisiones y beneficios- para dedicarlos a Defensa -campo abonado para los notables beneficios y la corrupción- sin que importe nada el sufrimiento, dolor y muerte que se produzca ni el riesgo nuclear. Como dice Augusto Zamora, desde Tucídides para acá, las guerras son una cuestión de dinero.

CHEMA TANTE
CHEMA TANTE

 

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