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jueves, 04 de junio de 2026 06:41h.

Sin honor y sin vergüenza - por Jesús López-Medel / Una recolecta para Juan Carlos - por Gerardo Tecé

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Sin honor y sin vergüenza

Jesús López-Medel

CTXT 

 

Juan Carlos I Carlos Brayda CTXT
Juan Carlos I Carlos Brayda CTXT

 

La demanda regia nos plantea un dilema. ¿Juntará Pablo Motos a Revilla y a Víctoria Federica, habituales de su programa, para hablar de la monarquía?

 

España es un lugar maravilloso donde todo puede suceder. Berlanga es el exponente de que cualquier cosa surrealista puede convertirse en realidad. El sucesor de Franco, el que juró fidelidad a los Principios Fundamentales del Movimiento (inamovibles, paradójicamente) y a la Reina con corazón partío y a la institución y a la España de Manolete, la ha vuelto a hacer: caer en el ridículo que produce no solo sorpresa, sino también una carcajada. ¡Una demanda por su honor y hacerlo sin vergüenza alguna!

Al rey demérito Juan Carlos parece que una piedra en el camino le dio en la cabeza y le mostró que su destino era rodar y rodar, de ridículo en ridículo. Y se supera. Hace saltos mortales increíbles para superar su desparpajo. Qué pena que la historia de España siga siendo protagonizada por personajes golfos, cuyos nombres están muy manchados, como nuestro protagonista. Ciertamente puede decirse, parafraseando a Vicente Fernández, que no tiene trono ni reina (a la que mancilló repetidamente), ni nadie que le comprenda (salvo Feijóo y Rajoy), pero se cree que sigue siendo el rey (del mambo).

Nieves Concostrina, en La Ventana de la Ser, retrata muy bien a esta panda que nos ha caído –por desgracia– desde hace siglos y, cómo no, al fugado al desierto. El personaje podría también demandar a Concostrina y a los cientos y miles que han escrito o dicho lo mismo, y a los millones y millones de españoles que piensan igual. Podría exclamarse, como en un famoso poema de Gil de Biedma, sobre España y su historia: “Pido que España expulse esos demonios”.

No vamos a alinearnos con el demandado, cuya verborrea y populismo no son de nuestro agrado –lo serán para aquellos que le ríen las gracietas–. Durante sus 40 años en política –y los 15 posteriores de chistoso televisivo– ha echado mano de esos recursos para contar anécdotas, como el encuentro con el campechano en un mingitorio, o para criticar la mala comida en la boda del hijo sucesor. Ya saben, del amor al odio hay un paso. Y ahora el cántabro Corocota (personaje de la ultra mitología del lugar) aprovecha que no le haya llamado, nada menos, el presidente de Gobierno de España, Pedro Sánchez, para solidarizarse con él. Pero si no para de criticarle. Sin embargo, lo expresado en este párrafo no impide centrarnos en el mayor desvergonzado de esta historia: el exRey, ahora “solo” rey de oros.

Lo esencial es que el demandante es, tristemente, la única persona cuyo nombre y apellidos están impresos en la Constitución española (artículo 57), por sí y por sus descendientes. Y ahí hay que valorar que es un personaje público y, por tanto, expuesto a la crítica, incluso severa y mordaz. La jurisprudencia del Tribunal Constitucional y del Tribunal Supremo es muy abundante en cuanto a la permisividad de la crítica y la amplísima libertad que rige en este ámbito, donde están permitidas expresiones mordaces y duras. 

El ciudadano Juan Carlos no es un personaje particular anónimo y, además, sus propias actuaciones, no ya constitucionales sino de su ámbito más privado, han tenido consecuencias sobre nuestro país: han causado un daño a la imagen de España, a la institución y a su propio hijo. En todos los países del mundo se han publicado informaciones sobre la falta de ética y sobre escándalos en todos sus ámbitos: matrimonial, de amantes varias, de corrupción, de negocios sucios, etc. 

Solo un encubrimiento de la prensa durante muchos años, una protección desde las autoridades de Hacienda, fiscalía y jueces, y una concepción amplísima de una supuesta inviolabilidad, convertida en barra libre de impunidad, le han permitido librarse de haber sido condenado a prisión.

Además, está el efecto devastador de su ejemplo sobre su hija, la infanta Cristina, y su yerno en su montaje de negocios utilizando su nombre y posición, pues eso era lo que esta había visto y vivido en su casa de Zarzuela. Por entonces, el 13 de diciembre de 2012 escribí un artículo sobre ello en el diario El Mundo titulado “Monarquía y ejemplaridad” en el que pedía que la infanta dejara de formar parte de la Casa Real, so pena de que, también por otras causas, tuviese que abandonarla el rey.

Era uno de esos atrevimientos que hacía ya este firmante en aquella época e incluso antes. Así acabaría en CTXT. ¡Laus Deo! Entre mis artículos “monárquicos”, figura también otro, publicado seis meses antes, el 17 de julio, titulado “Un grave error constitucional del Rey”. Me refería al hecho de que Juan Carlos hubiera presidido el Consejo de Ministros de M.Rajoy que aprobó el mayor hachazo de recortes sociales a los más vulnerables. 

Disculpe, paciente lector, que me haya permitido evocar otros artículos míos sobre el “personaje”.

Pero volvamos al hecho que me lleva a escribir sobre la acción judicial del ciudadano Juan Carlos de Borbón. Esta no es una por vía penal, por injurias o calumnias, sino por la vía civil, a pesar de que la letrada utilice esos términos que son propios de constituir delitos y ser perseguibles por los tribunales penales. Pero no, la letrada ha anunciado que irá por la vía civil. 

Por cierto, un breve comentario (ni injurioso, ni calumnioso) sobre esta letrada que en el encabezamiento de su comunicado aclara que no es un Despacho o Bufete de abogados sino, nada menos, que una “Boutique jurídica”. Oh là là! Sí, ya sé que el término lo utilizan algunos para ofrecer un servicio personalizado (y de mayor coste), pero, lo siento mucho, me cuesta aceptar eso de que un letrado se presente como una “boutique” o prêt-à-porter. Lo dejo para Instagram e influencers.

Por otra parte, hay que destacar que esa abogada es una experta (mejor que decir expertise) en este tipo de acciones. Su boutique representa a una de las personas con mejor imagen y un gran honor social: Alberto González Amador, el novio de Isabel Díaz Ayuso, el cual lleva trabajando toda su vida duramente, con laboriosidad, sudor y honestidad para ganar cada euro. Pues bien, este ciudadano ejemplar (según su novia, corifeos y MAR) ha tenido la malísima suerte de estar imputado por cuatro, no uno, sino cuatro delitos. 

A este machote, algunos políticos osaron llamarle guapo o “pichi es el chulo que castiga” (vamos, lo que es) y zas, demanda al canto. Ya ha interpuesto 14. Y la abogada de la boutique, también del demérito, minuta que te minuta al chico de la Quirón aunque como el ******* sabe tanto de facturas de todo tipo y de todo origen, luego lo arregla, se las deduce y le sale a devolver. Entre todas las demandas, el monto de las reclamaciones asciende a 495.000 euros. Tal vez piense levantar otro ático sobre el ático donde vive en amor y compañía. 

En este caso, se le podría sugerir que donase el casi casi medio millón (por el momento) al Domund o las Madres Reparadoras pero, con razón Alberto Quirón respondería que su honor vale por lo menos como el del futbolista Julián Álvarez y el “balón de playa” vecino. En cambio, nuestro desprendido Juan Carlos renuncia al precio de su honor, valorado nada menos que en 50.000 euros. Y por inspiración de Rouco Varela propone donarlos a Cáritas.

Es meritorio, sabiendo cómo está viviendo malamente en una jaima en el desierto, sin aire acondicionado, ni un petrodólar, ni un euro, ni tableta de chocolate en ningún banco suizo. Los amigos que le rodean son pobres. Por ello, tiene gran valor su generosidad.

Mientras tanto, los dirigentes de Cáritas están reunidos en el salón parroquial deliberando si aceptar ese óbolo o renunciar a él, como ejemplarmente hicieron en Burgos cuando los chicos (muy católicos ellos) de Vox dijeron que “ni un euro para ningún **** migrante”, salvo que fuese para Cáritas y estos, iluminados por el Paráclito (ver Google), dijeron que todas las asociaciones o ninguna. ¡Ole! La otra corriente de opinión considera que además debería aportar alguno de sus fondos fiduciarios (que en verdad no tiene) o los intereses de las cantidades en los bancos estos, según dice el Gran Wyoming (aunque esto es mentira).

La demanda regia nos plantea un último dilema. Revilla (que se ha ganado la vida con su labia) es el preferido de “El Hormiguero”. Pero también es invitada VIP Victoria Federica (que lleva una vida muy dura, igual que Froilán y el yayo). No sé qué pasará, si habrá o no veto de esta señorita. Pablo Motos se apuntaría un tanto (tiembla Broncano) si les juntase a los dos para hablar de la monarquía, el honor y la vergüenza torera de quien no tiene ni otro ni una. 

https://ctxt.es/es/20250401/Firmas/48974/Jesus-Lopez-Medel-Juan-Carlos-de-Borbon-demanda-Revilla.htm

JESÚS LÓPEZ-MEDEL

Una recolecta para Juan Carlos

Gerardo Tecé

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Alfombra roja para Juan Carlos I 
J. R. Mora CTXT
Alfombra roja para Juan Carlos I J. R. Mora CTXT

¿Estamos ante un nuevo modelo de negocio que consiste primero en robar y, después, demandar a quien te afee el hecho de haber robado?

En el imaginario colectivo español encontramos muchas formas en las que el rey emérito podría pasar un sábado cualquiera en Abu Dabi. Desde las más disfrutonas, como disparar desde la ventana de la mansión contra animales exóticos que algún jeque le haya dejado como obsequio en el jardín, hasta las más institucionales, como recibir la visita de algún empresario español que, cargado de vinos de la tierra y una elaborada selección de prostitutas, decida hacerle más llevadero el destierro. Desde luego, lo que no contemplábamos era la inverosímil posibilidad de que Juan Carlos dedicase sus sábados abudabíes a ver a Miguel Ángel Revilla hablando en La Sexta.

50.000 euros. Es la cifra que el rey Juan Carlos le pide como indemnización al expresidente de Cantabria por haber lesionado su honor. Antes de que a Revilla se le ocurriese asegurar públicamente que el emérito es un delincuente que se ha librado de la cárcel por su inviolabilidad, se ve que ese honor se encontraba, como el cuádriceps de un atleta de 18 años, intacto, sin lesión alguna. La indemnización, del todo simbólica si la comparamos con los 2.000 millones de euros en los que se estima la fortuna del exmonarca, esconde sin embargo interesantes lecturas. La primera y obvia es que Juan Carlos tiene su corazoncito y, a pesar de haber quedado demostrado que el tipo es un ladrón, a nadie le gusta que le recuerden tal cosa. La segunda conclusión la encontramos en la abogada del emérito que, casualmente, es la misma abogada que defiende los intereses de don Alberto Quirón, número uno en la lista Forbes de técnicos sanitarios y novio de la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso. Esta coincidencia en la defensa legal de ambas ilustres personalidades demuestra que la España real es una agenda de contactos, y que quienes no estamos en ella no somos más que turistas en nuestro país. La misma abogada que demanda judicialmente a quienes llaman delincuente confeso al novio de Ayuso que confesó varios delitos, se lanza ahora a demandar a quienes llaman evasor fiscal al evasor fiscal Juan Carlos. Como dijo aquella modelo tras ser lanzada al agua desde la cubierta del barco, aquí hay un patrón.

Quizá se trate de un nuevo modelo de negocio que consiste primero en robar y, después, en demandar a quien te afee el hecho de haber robado. Un nuevo y sofisticado método de blanqueo de capitales que, con la inestimable ayuda de la misma justicia que dejó irse de rositas al emérito o que posterga la declaración de don Alberto Quirón mientras asalta la Fiscalía con guardias civiles, podría resultar de lo más efectivo. Si de mantener su honor intacto se trata, es obvio que Juan Carlos debería deshacerse de esa fortuna conseguida de manera excesivamente borbónica. Y qué mejor forma de sustituir esos millones que a base de indemnizaciones legalmente regladas. Revilla es el primero, pero detrás de él podrían venir muchos más. Hagan la cuenta. Si las indemnizaciones por considerar ladrón al rey Juan Carlos se pagan a 50.000 euros por cabeza, sólo serán necesarios 40.000 españoles dispuestos a recordar que el rey es un mangante y una justicia que establezca una y otra vez que no manga quien es inviolable, para convertir en legal esa fortuna. Denunciados y condenados en masa los españoles, recaudado el montante total necesario, Juan Carlos podría por fin venir a España con la cabeza bien alta, devolver lo robado y asegurar que, ahora sí, su fortuna la habría conseguido de manera legal. “¿Pedir perdón por qué?”, podría espetarnos en la cara desde una embarcación en Sanxenxo, esta vez con más razón que un santo.

 

GERARDO TECÉ
CTXT
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* Gracias a Jesús López-Medel, Gerardo Tecé y CTXT y a la colaboración de Antonio Aguado

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