Los horrores del criminal levantamiento militar o golpe de Estado de 1936 en España - por Erasmo Quintana
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Los horrores del criminal levantamiento militar o golpe de Estado de 1936 en España
Erasmo Quintana
Tenemos una generación, esa de nuestros hijos y nietos, que desconocen la barbarie de aquella guerra fratricida; solo de oídas, pues no eran nacidos y no vivieron la dictadura resultante de aquel horroroso genocidio entre hermanos, la persecución enfermiza a todo el que no pensara como el dictador, que acosaba, incautaba, encarcelaba y hasta pasaba por las armas sin ningún escrúpulo. Lo que supuso un continuado diezmar de ciudadanos españoles, todo el que pudo escapó yéndose del país, lo que se sumaba a la diáspora permanente de la emigración por hambre, sumiendo a España en la inanición poblacional, la autarquía económica y el marasmo cultural, perdiendo a muchos miles de personas activas, formadas y creadoras.
La permanencia del triunfo del fascio y el nazismo se produjo únicamente en nuestro país, porque todos sabemos la suerte que corrieron Hitler y Mussolini, lo contrario de Franco, que convertiría el solar español en un inmenso campo de concentración y exterminio. Así que, a esta generación referida, que no vivió el “acuartelamiento” del pueblo (recuerden que las casas no era necesario cerrarlas), tratado y considerado menor de edad, en el que la educación poblacional el dictador puso en manos de la Iglesia, y los pequeños avances de la mujer durante la breve Segunda República, eran cercenados, retrocediendo hasta el punto de considerarla casi esclava del hombre, hay que hacer un esfuerzo para que sepan de qué estamos hablando. Nadie aprende por cabeza ajena, pero merece la pena intentarlo a la vista del crecimiento actual de las ideas de extremísima derecha, esa aceptación incondicional de partidos como VOX, que tanto nos preocupa.
A este respecto, parece conveniente traer aquí una pequeña muestra de lo que estamos tratando: Campo de concentración franquista de San Simón, “La Isla de los muertos”. “Entre la población penal de la Colonia Penitenciaria establecida en la Isla de San Simón, en la Ría de Vigo, ocurrían de diez a doce defunciones diarias. La falta de cementerios adecuados ha creado un problema acuciante que puede resolverse si se habilita terreno para enterramientos en lugar continuo al desembarco de la Isla”. El autor de esta frase fue el alcalde franquista de Vigo, que en junio de 1941, escribió una carta de queja al Director General de Prisiones. No protestaba por las escalofriantes cifras de mortalidad en el penal, sino porque el tsunami de cadáveres generaba problemas de saturación en los cementerios cercanos y un “gasto” que no quería asumir. “Los viajes que deben realizar las carrozas motorizadas para el traslado de los féretros, ascienden a un promedio de tres, con recorrido de 150 km. Y el consumo de 36 litros diarios de gasolina”. La inhumana misiva del regidor carcelario es solo una más de la numerosa huella documental que dejó la sangrienta historia de Vigo, como el resto de España. En diversos archivos gallegos, se conservan atestados, informes, listados y otro tipo de escritos de instituciones diversas de la dictadura franquista que constatan la muerte de, al menos, 517 prisioneros (todos españoles, por cierto).
Al vuelo desenfrenado de nuestra imaginación nos percatamos que hay por ahí una teoría apologista de la supuesta modernidad del mundo capitalista que no le hace justicia, pues el capitalismo en esencia siempre fue insatisfecho, no cambia pues no puede, ni nunca podrá. Así parece, de pronto, que todo esté fuera de control, y es aquello que podemos gestionar. Nuestras vidas, por tanto, discurren de sobresalto en sobresalto: la DANA, el Apagón nacional y sus millones en pérdidas de los supermercados, así como la inevitable y preocupante sorpresa de la ciudadanía, que ante algo inaudito, era todo un sentimiento de terror. Y por si fuera poco, unos legionarios, de uniforme y armados, amenazaron gravemente a jóvenes, al parecer, de ideología (constitucional y legal) comunista, con frases como “Rojo muerto abono para mi huerto”, o “Campeones del 36”, además de frases gravemente intimidatorias, lo que acompañaban cantando el “Cara el Sol con la camisa nueva”.
Al Emérito lo tenemos de nuevo en Sanxexo, Pontevedra, saliendo a navegar, pero al parecer, sin participar todavía. Él no duda, qué caramba, en cogerse un avión privado desde Abu Dabi, como el que se desplaza de un punto a otro cualquiera, pues lo que le supone en su cartera es pecata minuta o calderilla. Con sus ochenta y tantos años se gasta una jeta que se la pisa. Es complicado darnos cuenta de cómo se toma la vida, que se ha puesto por montera, evidenciando lo poco que parece le importa y qué pueda un ciudadano español pensar de su persona. Por lo resuelto que anda a pesar de cierta invalidez, la que lo lleva al inevitable cochito de ruedas, se le nota que es persona orgullosa de todo lo que ha hecho con su vida, por cierto nada deshonroso o censurable, y que es incluso alguien de una ejemplaridad intachable. Para más inri, el “socialista” Felipe González quiere que cuando muera esté en España. Felipe, quién te ha visto y quién te ve. Puede que hayas cambiado, pero no: tú siempre fuiste así.
Felipe González dice que España no puede ni debe permitirse que el Rey Juan Carlos muera fuera EL DEBATE
Tan honrado se cree, el Emérito, que ha incriminado al expresidente de Cantabria, Revilla, que fuera gran amigo suyo por cierto, denunciándolo ante un juez, pidiendo una indemnización de 50.000 euros. Todo porque Revilla, de honestidad contratada, ha dicho en los medios de comunicación lo que es el Emérito. Somos radicalmente no lo que decimos, sino lo que hacemos con nuestro día a día. La fortuna que guarda y atesora Juan Carlos de Borbón en paraísos fiscales es impredecible -él sabrá cuánta- porque a mayor e incomprensible delito fiscal, se la ha llevado fuera del país donde la amasó, España, para no contribuir a la Hacienda pública, tal y como tenemos que hacer todos, incluso jubilados, que ya habían contribuído lo suyo mientras trabajaron. El Borbón es el único ciudadano patrio al que se le perdonan tantas fechorías vergonzosas que ha hecho. ¿Por qué será…?