Buscar
jueves, 04 de junio de 2026 00:14h.

Incendio generalizado - por Joaquín Rábago

aaa JAGO

Incendio generalizado

Joaquín Rábago

Lo que muchos advertían de que iba a pasar si Israel y Estados Unidos intervenían para derrocar al “régimen de los ayatolas” finalmente ha sucedido, y toda la región está ahora en llamas. ¿Por cuánto tiempo?

ORIENTE MEDIO EN LLAMAS
ORIENTE MEDIO EN LLAMAS

Parece que Estados Unidos y su principal instrumento secreto de acción exterior, la CIA, no han aprendido nada de todos los anteriores intentos de cambio de régimen, incluido el que llevó a cabo en 1953 contra el primer ministro iraní Mohammad Mosaddeq.

Mosaddeq era un político nacionalista y laico que había cometido el “crimen” de nacionalizar dos años antes la industria petrolera iraní, que desde el final de la Segunda Guerra Mundial estaba en manos de la Anglo-Iranian Oil Company.

MOSSADEQ
MOSSADEQ

El Reino Unido, siempre metido en ese tipo de fregados – lo sigue estando hoy-, emprendió entonces una campaña secreta para desestabilizar, con ayuda de su servicio de inteligencia exterior, el MI6, al gobierno de Mosaddeq.

Y Londres persuadió a Washington de que había que acabar con ese político nacionalista porque se estaba supuestamente alineando con el Tudeh, el partido comunista iraní, algo que no era cierto, pero que debió de parecer creíble en medio de la histeria anticomunista de la Guerra Fría.

Mosaddeq fue derribado por las fuerzas armadas iraníes, y el Gobierno de Teherán centralizó entonces el poder en el shah Reza Pahlevi, que había sucedido a su padre, Reza Shah, y que volvió a traer al país las compañías petroleras, que era de lo que en el fondo se trataba.

REZA PAHLEVI
REZA PAHLEVI

Pahlevi ejerció un poder prácticamente absoluto y mientras aparecía en el papel cuché de todas las revistas de Occidente junto a su elegante esposa, Farah Diba, su servicio de seguridad interior, el temido Savak, muy vinculado a la CIA, torturaba y ejecutaba a sus oponentes.

Mientras tanto fue creciendo la oposición interior a aquel régimen opresor hasta que, tras incidentes dramáticos como el incendio del cine Rex, en Abadán (1970), en el que murieron más de 420 personas que huían del Savak y al que sus agentes habían prendido fuego, o la masacre de la plaza de Yalé, en Teherán (1978), que llevó a cabo el Ejército, la situación se volvió insostenible.

Los aliados occidentales del Shah, que hasta ese momento le habían sostenido, decidieron que la monarquía persa no tenía ya salvación y le dejaron caer.

Reza Pahlevi abandonó Irán camino del exilio en enero de 1979, y el 1 de febrero de ese año, el líder espiritual de la Revolución islámica, el ayatola Jomeini, regresó de su último exilio en Francia y fue recibido en Teherán por una multitud que algunos calcularon en cinco millones de personas. 

En marzo de aquel año se aprobó una nueva constitución que reemplazaba la monarquía por una república islámica y que en el referéndum convocado al efecto había obtenido una aprobación del 98 por ciento de los ciudadanos. 

Durante su exilio en París, Jomeini había prometido un sistema político democrático, pero, una vez instalado en el poder, abogó por una constitución claramente teocrática y que suponía una ruptura con Occidente. 

AYATOLÁ JOMEINI
AYATOLÁ JOMEINI

En octubre del mismo año de la revolución y después de que EEUU admitiera en el país al exiliado Shah Pahlavi para recibir allí tratamiento del cáncer que padecía, un grupo de estudiantes iraníes tomó control de la embajada estadounidense en Teherán y mantuvo en su poder durante 444 días a 52 miembros de su personal.

Aquel claro atropello del derecho internacional, con el que Jomeini intentó presionar a Washington para que le entregara al shah y poder juzgarle por crímenes contra el país, fue para una humillación para Estados Unidos, que tantas veces había violado ese derecho, humillación que muchos norteamericanos no parecen haber aún olvidado y menos que nadie el brutalmente vengativo Donald Trump.

Escuché el otro día en la radio a una defensora iraní de los derechos humanos que reside en España y que proponía para su país, en el caso de que se lograra derribar al actual régimen teocrático, una monarquía parlamentaria como la española.

Decía ser republicana, pese a lo cual no le importaba, al menos como solución transitoria, el regreso al país del hijo del derrocado shah, que prácticamente ha pasado toda su vida en EEUU y cuyo apoyo popular en Irán es más que dudoso.

En algo yo le daría, sin embargo, la razón y es en su observación de que han sido los intentos de los gobiernos de Washington de combatir al comunismo durante la Guerra Fría los que han posibilitado muchos de los regímenes islamistas y teocráticos en esa región.

En 1953, el golpe británico-estadounidense contra Mosaddeq tenía como supuesto objetivo cerrarle el paso al comunismo en Irán, pero la destrucción de su gobierno laico y nacionalista fue el que posibilitó la posterior Revolución Islámica.

En los años cincuenta, la CIA ayudó a los Hermanos Musulmanes a socavar el régimen del nacionalista egipcio Gamal Abdel Nasser, conocido impulsor del panarabismo y del socialismo árabe aunque al mismo tiempo radicalmente anticomunista.

También sucedió en Afganistán, donde la CIA llevó a cabo entre 1979 y 1992 la llamada Operación Ciclón para financiar y armar a los muyahidines afganos que luchaban contra la Unión Soviética, lo que contribuyó a desestabilizar toda la región y al surgimiento de los talibanes y también de Al Qaeda.

Y lo mismo parece que ocurre ahora en Siria con la llegada al poder de un islamista y ex líder de Al Qaeda, por cuya captura Washington llegó a ofrecer una recompensa de diez millones de dólares, pero que, supuestamente reciclado, sirve a los intereses de EEUU y de Israel.

JOAQUÍN RÁBAGO
JOAQUÍN RÁBAGO

 

 

 

mancheta port