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jueves, 04 de junio de 2026 00:14h.

Insufrible bodrio cinematográfico que avergüenza a cualquier demócrata - por Joaquín Rábago

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Insufrible bodrio cinematográfico que avergüenza a cualquier demócrata

Joaquín Rábago

Debo confesar que no había visto ninguna de las películas de la serie “Torrente” de Santiago Segura, y tuvo que llevarme casi a rastras a la recién estrenada un viejo amigo porque me temía lo peor.

Y lo que vi el fin de semana en la pantalla de un cine madrileño de esos que antes llamaban de Arte y Ensayo, atestado de un público de todas las edades, sólo puedo calificar de “insufrible bodrio antidemocrático”.

Coincidió con la fecha en la que todos los medios se hicieron eco de la muerte de la última gran figura de la escuela de Frankfurt, Jürgen Habermas, y esa película se me antojó un insulto, por supuesto que totalmente ignorante, a lo que siempre defendió el filósofo alemán.

JÜRGEN HABERMAS
JÜRGEN HABERMAS

Me refiero en concreto a la defensa que hace Habermas en toda su obra de una racionalidad basada en el diálogo entre ciudadanos libres e iguales y en el intercambio de opiniones respetuoso siempre de la diversidad, algo que está en la esencia misma de la democracia.

La película de Segura es, por el contrario, una intragable exposición de lo peor de nuestra sociedad actual: el lenguaje tabernario, que se ha instalado por desgracia hasta en las Cortes, los insultos soeces, las burlas más groseras, los estereotipos y prejuicios más deleznables. Y lo peor es que buena parte del público, sobre todo el  más joven,  se ríe.

No es que me considere ni mucho menos un defensor de la “corrección política”, de la que tantas veces creo que se abusa, pero las burlas que hacen el mugriento protagonista y su grupete de amigos lo mismo de los negros, que de los moros, los maricas, los transexuales, los catalanes, los minusválidos o “las gordas” debería provocar en cualquier demócrata vergüenza ajena.

Los críticos que defienden la película han escrito que, si bien su hilo conductor es la captación de ese tipo despreciable que es Torrente por los dirigentes de un partido de nombre muy parecido al de Vox para que engatuse a las masas con su vulgar retórica, la película dispara en todas las direcciones.

Dispara, es cierto, en primer lugar contra ese grupo populista de ultraderecha, al que ridiculiza, pero también, fingiendo equidistancia,  contra todos los partidos demócratas, sobre todo el que actualmente gobierna el país, y a través de todos ellos, contra la democracia como sistema de gobierno.

Y si puedo entender que ciertos personajes de la política y de los programas más chabacanos de la televisión o algún periodista radiofónico hayan aceptado gustosos participar en ese engendro, entiendo mucho menos que lo hayan hecho,  sin ruborizarse, gente como el Gran Wyoming o Jordi Évole.

Más sorprendente es el caso de grandes actores del cine internacional como Alec Baldwin o Kevin Spacey, pero el avispado director y su productora han debido de pagarles sumas importantes por sus breves apariciones.

En resumen, una película deleznable, de cuyo nombre no quiero acordarme, y que le hace a uno sentir nostalgia del gran cine de Luis Berlanga y Rafael Azcona. 

BERLANGA AZCONA
BERLANGA AZCONA
JOAQUÍN RÁBAGO
JOAQUÍN RÁBAGO
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