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jueves, 04 de junio de 2026 00:14h.

Las izquierdas españolas en un callejón sin salida: Entre élites, dogmas y desconexión de la clase trabajadora - por Carlos Martínez

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Las izquierdas españolas en un callejón sin salida: Entre élites, dogmas y desconexión de la clase trabajadora

Carlos Martínez

politólogo

de Soberanía y Trabajo

Introducción
Las “izquierdas” españolas atraviesan una crisis existencial. Atrapadas en contradicciones ideológicas, compromisos con élites globales y una creciente desconexión de las bases populares, se encuentran en un laberinto político sin salida. Desde el PSOE hasta Podemos y Sumar, los partidos de izquierda han abandonado su histórica misión de representar a la clase trabajadora, a las clases populares, priorizando agendas alejadas de los problemas materiales de quienes otrora fueron su columna vertebral. Su alineación con organismos y fundaciones internacionales, su adopción de narrativas identitarias de las universidades estadounidenses y su sumisión al "capitalismo verde" los han convertido en actores secundarios de un sistema que dicen combatir, mientras el auge de la extrema derecha señala el costo de su fracaso.

 

1. Raíces históricas y traición a la clase obrera

La izquierda española tiene un legado ligado a la lucha obrera. El PSOE, fundado en 1879, y el PCE, en 1921, emergieron como voces de sindicatos, jornaleros y obreros industriales. Durante la Transición, consolidaron su base en barrios humildes y fábricas. Sin embargo, desde los años 90, su transformación ha sido radical. La reconversión industrial y la globalización marcaron el inicio de un giro hacia las clases medias urbanas, un proceso acelerado por la incorporación de cuadros universitarios y profesionales desconectados de la realidad laboral que se vive en campos, fabricas, supermercados, carreteras, hospitales u oficinas bancarias.

El PSOE, tras abandonar el marxismo en 1979, abrazó el neoliberalismo con Felipe González (reconversiones industriales, entrada en la OTAN y la UE a cambio precisamente de desmantelar la industria pesada española). Izquierda Unida (IU), aunque crítica, nunca recuperó el peso del PCE. La crisis de 2008 y el 15M (2011) abrieron espacio para Podemos, que prometía renovar la izquierda, pero hoy repite patrones: líderes académicos (Pablo Iglesias, Ione Belarra, Irene Montero) y discursos más enfocados en derechos identitarios que en redistribución económica.

 

2. Alianzas globalistas y sumisión a la UE: El triunfo del pragmatismo sobre los principios

La izquierda española ha priorizado su integración en redes globales sobre la defensa de la soberanía popular. El PSOE, en el gobierno, ejemplifica esto:

  • Vinculación con fundaciones y think tanks transnacionales como la Fundación Felipe González (afín a la socialdemocracia europea liberal) o el Atlantic Council, que promueve el alineamiento con la OTAN.

  • Subordinación a la UE: Políticas de austeridad durante la crisis (apoyadas por el PSOE), reformas laborales y acuerdos comerciales que deslocalizan empleos (como el Mercosur). Incluso Podemos, crítico en sus inicios, aceptó el dogma del déficit y la dependencia de fondos europeos. Esto indica claramente que los woke españoles, todos ellos, son incapaces de analizar la decadencia europea y el vergonzoso papel de Europa/UE en el concierto mundial.

  • Capitalismo verde: El Green New Deal europeo, impulsado por el gobierno de coalición PSOE-Unidas Podemos, priorizó ya, megaproyectos de energías renovables (eólicas, hidrógeno) que despojan a comunidades rurales de tierras, sin consultar a agricultores o pescadores. La burocracia de Bruselas está aniquilando la capacidad productiva de España impide con sus políticas su crecimiento demográfico e industrial y agrario.

Estas políticas reflejan una paradoja: partidos que critican el capitalismo pero implementan agendas diseñadas por élites tecnocráticas. Y eso lo afirmo porque las vinculaciones de Podemos y SUMAR con fundaciones y centros de presión norteamericanos y anglosajones no es menor y a las pruebas me remito.

 

3. La trampa de la «religión woke» y la fractura identitaria

La izquierda ha sustituido la lucha de clases por una agenda centrada en identidades, alienando a su base tradicional. Ejemplos:

  • Leyes de género: La Ley Trans (2023), impulsada por Irene Montero, generó divisiones incluso dentro del feminismo histórico. No se trata de coartar la libertad sexual o de vestimenta e incluso del deseo íntimo, se trata de no volver a reprimir e invisibilizar a las mujeres, pero a la “moderna”. Para muchos votantes de barrios obreros, estas prioridades parecen abstractas frente al desempleo o la precariedad y o no les interesan o fomentan el machismo. De hecho las leyes creadas por Irene Montero, son machistas en realidad, pues sobre todo favorecen a los barones ya sean violentos o deseen ocupar espacios femeninos. De hecho los hombres vivimos muy tranquilos, a nosotros nadie nos roba presencia. 

  • Dogmatismo cultural: El lenguaje inclusivo o la crítica a tradiciones locales o actividades muy populares como festividades o la caza, sea cual sea nuestra opinión al respecto, son percibidos como ataques a la cultura popular, especialmente en zonas rurales.

  • Desatención a la economía: Mientras el 28% de los españoles vive en riesgo de pobreza, millones son precarias en realidad o no tienen acceso a la vivienda, el debate público de la “izquierda” se centra en temas simbólicos, ignorando propuestas audaces contra la especulación inmobiliaria o los monopolios energéticos.

Este enfoque ha convertido a la izquierda en un vehículo de las aspiraciones de clases medias urbanas (jóvenes con estudios, funcionarios), no de quienes luchan por llegar a fin de mes.

 

4. El «teatro político»: PSOE, Sumar y Podemos, ¿rivales o cómplices?

La fragmentación de la izquierda oculta su interdependencia. El PSOE, bajo Pedro Sánchez, ha vaciado su esencia socialdemócrata:

  • Centralización del poder: Control del aparato sobre primarias abiertas y marginalización de críticos. Todos los partidos del arco parlamentario de la izquierda tienen direcciones caudillistas y/o personalistas. Los afiliados y afiliadas sin función, derechos o capacidad de influencia cada vez pintan menos.

  • Políticas contradictorias: Pactos con sectores de la gran patronal o burguesías periféricas no suficientemente explicadas mientras se recorta pensiones o permiten desahucios.

Sumar, presentado como alternativa, es un mosaico de fuerzas ( ex Podemos, IU, Mareas) sin proyecto común. Su programa, ambiguo en temas clave (modelo fiscal, energía), evita confrontar al PSOE para mantener gobiernos de coalición.

Podemos, por su parte, oscila entre la oposición teatral e impostada (críticas "radicales" a Sánchez) y la complicidad. Su retórica anticapitalista choca con su gestión en instituciones, donde priorizan cargos sobre cambios estructurales y el ejemplo paradigmático fue cuando Podemos salió del entorno del gobierno, por no ser nombrada ministra Irene Montero, no por otra cosa.

Este ciclo de confrontación pactada y acuerdos de última hora revela una verdad incómoda: todos necesitan al enemigo para justificar su existencia, pero ninguno rompe con el sistema. Tampoco rompen entre ellos y de hecho Pedro Sánchez y Pablo Iglesias Turrión mantienen los contactos.

 

5. Consecuencias: El auge de la extrema derecha y el colapso de la credibilidad

El vacío dejado por la izquierda ha sido llenado por Vox. Sectores históricamente leales al PSOE en barrios humildes y zonas rurales, ahora votan a la derecha por:

  • Rechazo a la «ideología de género»: Percibida como imposición urbana y/o ni entendida, ni de su interés.

  • Defensa de lo local: Vox intenta y a veces con éxito, capitalizar el malestar rural ante políticas ecologistas que destruyen empleos (ejemplo: veto a la minería o restricciones pesqueras y medidas imbéciles urbanitas sobre la cría de aves y la ganadería).

  • Crisis económica: La izquierda no ofrece respuestas a la inflación, los falsos autónomos o la falta de servicios públicos en pueblos.

Mientras, la cultura se convierte en campo de batalla: la izquierda es acusada de menospreciar tradiciones, y la derecha instrumentaliza este resentimiento para promover discursos reaccionarios.

 

6. Hacia un nuevo socialismo: Soberanía, trabajo y democracia real

Revertir esta dinámica exige un programa audaz:

  1. Soberanía económica: Reindustrialización, control y/o nacionalización de sectores estratégicos (energía, banca) y ruptura con la UE que prioriza su apoyo a las multinacionales.

  2. Reconexión con el mundo laboral: Trabajadoras y trabajadores manuales y agrarios otra vez en listas electorales, impuestos a grandes fortunas defensa de las pensiones, apoyo a las familias y salarios dignos.

  3. Ecología popular: Transición energética con participación comunitaria, no megaproyectos impuestos. Menos ataques a la agricultura, la ganadería y freno al desguace de la flota pesquera.

  4. Democracia interna: Creación de fuerzas políticas serias y organizadas, estatutarias y participativas con asambleas decisorias. Sin carácter caudillista y lejos de una democracia virtual que es tan falsa como falsificada. Las votaciones por medio de webs se sabe que todas ellas son un fraude.

  5. Salida de la OTAN y salida inmediata de la UE: la UE representa la destrucción de la agricultura y la industria del Reino de España. La UE nos separa del mundo civilizado y soberano, que emerge en el Sur Global y fomenta las guerras y el neocolonialismo. La UE es un apéndice de la OTAN. La UE nos empobrece y solo favorece a las grandes  multinacionales en detrimento de las PYMES y la economía social y familiar.

Ejemplos inspiradores existen: las reacciones populares ante catástrofes y la inacción de los gobiernos del tipo que sean, las luchas contra la despoblación en Castilla y León, Teruel, Jaen… Huelgas en sectores productivos, las tractoradas de la agricultura, las luchas de camioneros o taxistas contra la uberización, o las cooperativas vascas y de otros lugares. La clave está en construir desde abajo, no desde eslóganes vacíos.

 

Conclusión: La izquierda o revive o muere
Las izquierdas españolas enfrentan una disyuntiva: volver a sus raíces obreras o convertirse en una sucursal “progresista” del neoliberalismo y lo que es peor, del globalismo. Curiosamente esa renovación pasa por recuperar las tradiciones partidarias, de clase y del socialismo. El riesgo no es solo su irrelevancia, sino el avance de un fascismo del siglo XXI que capitaliza el miedo. Urge un proyecto que una a trabajadores urbanos y rurales, jóvenes precarios y pensionistas, bajo un horizonte común: justicia social, lucha de clases, antiimperialismo, democracia radical y soberanía popular. El reloj corre, y la historia no perdonará otra traición.

 

CARLOS MARTÍNEZ * Gracias a CARLOS MARTÍNEZ
 * Gracias a CARLOS MARTÍNEZ
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