Joseph K. en Bruselas - por Joaquín Rábago
Joseph K. en Bruselas
Joaquín Rábago
El Consejo Europeo ha publicado una lista de cincuenta y nueve ciudadanos europeos a los que acusa de vínculos con Rusia y ha prohibido viajar por la UE, realizar cualquier trabajo remunerado y cerrado además sus cuentas bancarias.
La mayoría de los sancionados no son conocidos del gran público, pero hay al menos dos que merecen atención: el primero es el ex coronel de los servicios secretos suizos y actual analista geopolítico Jacques Baud, a quien Bruselas acusa de defender posiciones prorrusas en sus análisis de la guerra de Ucrania.
La segunda es Nathalie Yamb, una influencer, asesora política y autora de vídeos nacida en Zug ( Suiza) de padre camerunés y madre helvética, muy conocida sobre todo en los países del África francófona.
En Costa de Marfil estuvo involucrada en política junto a Mamadou Koulibaly, fundador en 2011 del partido liberal Liberté et Démocratie pour la République y autor de varios libros en los que denuncia “las servidumbres del pacto colonial”.
Según contó esta semana la propia Yamb en el postcast “Neutrality Studies” que emite desde Japón el politólogo suizo Pascal Lottaz, el Gobierno de Emmanuel Macron la prohibió pisar Francia después de que en una cumbre Rusia-África denunciase la política neocolonial francesa en el continente.
Aquella prohibición no le importó demasiado porque, como confesó a su entrevistador, no tenía entonces, ni tiene ahora, la menor intención de viajar a Francia.
Pero más tarde ocurrió algo de mucha mayor trascendencia para ella: la aparición sin previo aviso de su nombre en la lista de sancionados por el Consejo Europeo por supuestos vínculos con Rusia.
Vínculos que ella niega tajantemente, pues dice que sólo ha viajado tres veces al país de Vladimir Putin para participar en conferencias internacionales como la citada de Rusia-África junto a expertos y políticos de distintos países y sin haber cobrado un céntimo del Kremlin.
Incluso la acusaron, explica, de haber participado como observadora en unas votaciones en el Donbás ucraniano controlado por Rusia, región donde ella asegura no haber estado nunca.
Politóloga y periodista de profesión, Nathalie Yamb explica que igual que asistió a esas cumbres internacionales organizadas por Rusia, también participó en reuniones financiadas por fundaciones alemanas como la cristianodemócrata Konrad Adenauer Stiftung o la socialdemócrata Friedrich Ebert.
Su inclusión en la lista sin que sepa con qué motivos la impide regresar ahora hace a su país natal -Suiza- desde África, y ya no sólo porque se le hayan cerrado todas las cuentas bancarias menos una sino porque las compañías aéreas le niegan el pasaje al encontrar su nombre en la lista de sancionados por Bruselas.
Nathalie Yamb denuncia además que la embajada suiza en el país africano donde actualmente se encuentra le ha denegado asistencia pese a que Suiza, de la que es ciudadana, no es miembro de la UE y no tendría por qué acatar sus resoluciones.
El diario suizo Tagesanzeiger califica a la influencer suiza de “voz de Putin en Zug” y la acusa de “denigrar in a los políticos occidentales” con una “estrategia de desinformación” inspirada por el Kremlin.
Su abogado quiere recurrir al Tribunal de Justicia Europeo en Luxemburgo, lo que va para largo, pero lo peor es que ni ella ni su defensor saben de qué la acusan concretamente para poder, llegado el caso, defenderse.
Casos como los de Jacques Baud y Nathalie Yamb le recuerdan a uno lo que le ocurrió a Joseph K., el protagonista de la novela inacabada de Franz Kafka “El Proceso”, a quien arrestaron un día por un motivo que desconocía y que nunca lograría averiguar.