Nuestros gobernantes nos quitan muchísimo y nos dan muy poco - por Caitlin Johnstone
Nuestros gobernantes nos quitan muchísimo y nos dan muy poco Caitlin Johnstone en su web

Lectura en inglés a cargo de Tim Foley
Claro, los plutócratas están matando nuestra biosfera, pero bueno, al menos están creando tecnología que te permite evitar la incomodidad cognitiva de escribir tus propias palabras y pensar tus propios pensamientos.
Es cierto que el imperio está masacrando seres humanos a una escala espantosa en todo el mundo, pero, por otro lado, está creando refugiados que se mudarán a tu país y te traerán dulces que podrás pedir a través de una aplicación en tu teléfono.
Es cierto que la extracción imperialista consiste en robar los recursos y explotar a los trabajadores del sur global a precios exorbitantes, pero, por otro lado, puedes estrenar ropa cada día porque la que compras en línea es baratísima gracias al trabajo esclavo transcontinental.
Es cierto que nuestros gobernantes nos están encerrando rápidamente en una red de vigilancia digital cada vez más intrusiva y controladora, pero, ¡caramba!, siguen regalándonos todas estas fantásticas plataformas de redes sociales gratuitas que, por alguna razón, simplemente no podemos evitar consultar.
Claro, el capitalismo nos está llevando al colapso en múltiples frentes mientras todos enfermamos, nos empobrecemos, nos volvemos más tontos, más locos y más miserables, pero bueno, miren, McDonald's está trayendo de vuelta la McRib.
Claro que es solo cuestión de tiempo hasta que nos veamos vigilados por robots armados y drones asesinos con reconocimiento facial, y rezando para que la IA del gobierno no nos quite el dinero digital porque nos quedamos mirando demasiado tiempo un meme antiisraelí, pero al menos podemos divertirnos haciendo apuestas en Polymarket sobre el próximo país que Estados Unidos va a bombardear.
Ellos toman muchísimo, y nosotros lo cambiamos por muy poco.
Nos roban nuestra riqueza, estrangulan nuestro ecosistema e incineran nuestro futuro, y a cambio nos dan pan y circo lo suficientemente asequibles como para evitar que nos decapitemos.
Nos agotan, nos maltratan, nos adoctrinan, nos distraen, nos insensibilizan, nos confunden, nos sobrecargan, nos desinforman y nos manipulan psicológicamente, y a cambio obtenemos cien servicios de streaming carísimos para elegir y mil tipos de pasta de dientes.
Están empeorando nuestro mundo cada vez más, y también nos están haciendo peores como individuos. Están envenenando nuestras mentes y oscureciendo nuestros corazones. Matando nuestra conciencia y amputando nuestra empatía. Es horrible vivir a la sombra del imperio. No hay nada natural ni saludable en esta distopía.
Y lo están consiguiendo prácticamente gratis. Un poco de propaganda, una pizca de entretenimiento vacío y algunos caprichos, y les entregamos un planeta entero para que lo exploten. Se están llevando las partes más vitales de nuestro mundo y las más sagradas de nosotros mismos por una miseria.
No podemos seguir permitiendo que nos hagan esto. Tenemos que despertar. A veces, decir esto parece tan inútil como rogarle a un ser querido que abandone su secta o que rompa con su pareja abusiva por enésima vez. Pero es lo que tiene que pasar.
Y la gente sí abandona las sectas. La gente sí sale de relaciones abusivas. Solo ocurre cuando están preparados, y tiene que venir de ellos mismos, pero sucede.
Ojalá encontremos la manera de salir de nuestra relación abusiva con el imperio antes de que sea demasiado tarde.
En La casa de mi tía con autorización