6 y 9 de agosto. A ochenta años de las bombas de Hiroshima y Nagasaki el peligro de guerra nuclear es mayor que nunca - por Joaquín Rábago
Relacionados:
6 y 9 de agosto
A ochenta años de las bombas de Hiroshima y Nagasaki el peligro de guerra nuclear es mayor que nunca
por Joaquín Rábago
Cuando se cumplen esta semana ochenta años del infierno de Hiroshima y Nagasaki, el peligro de guerra nuclear es hoy mayor que nunca.
Hay que recordar cuantas veces haga falta que el único país que ha arrojado hasta ahora bombas nucleares sobre una población civil fueron los EEUU de Harrry S. Truman, y ello cuando Japón estaba ya prácticamente derrotado.
Las secuelas fueron tremendas: en Hiroshima murieron el mismo día del ataque alrededor de 70.000 personas y se calcula en el doble el número de fallecidos en los cuatro meses siguientes.
En Nagasaki, bombardeada tres días después que Hiroshima el 9 de agosto, perdieron inmediatamente la vida 40.000 seres humanos y al menos otros 74.000 más perecieron hasta el final de aquel año.
Muchos de los supervivientes fallecerían en los meses y años siguientes como consecuencia de los terribles daños que las radiaciones produjeron en distintos órganos de sus cuerpos.
Los síntomas eran de todo tipo: vómitos, fiebre, mareos, pérdida del pelo, diarrea, hemorragias internas, debilitamiento extraordinario del sistema inmunitario y muchos otros.
El extraordinario nivel de las radiaciones iniciales dañó inmediatamente las células de muchas partes del cuerpo, y en los años siguientes aumentó extraordinariamente la mortalidad por leucemia y distintos tipos de tumores.
Al mismo tiempo se produjo un incremento fuera de lo normal de los abortos espontáneos y las muertes fetales. Y muchas de las criaturas nacidas en los años posteriores a los bombardeos manifestaron una mayor propensión a enfermar de cáncer.
A lo que hay que sumar los daños producidos en otras partes del mundo por la radiactividad resultante de los numerosos ensayos nucleares en la atmósfera durante los años cincuenta y sesenta del siglo pasado.
Las poblaciones más afectadas son precisamente las que viven en las proximidades de los lugares donde se llevaron a cabo esas pruebas atómicas, pero no sólo ellas: se calcula en que consecuencia de las radiaciones habrá al menos dos millones más de muertes por cáncer en el mundo.
Con el abandono de prácticamente todos los tratados de reducción y control de armamentos por Estados Unidos y Rusia, el peligro de estallido de una nueva guerra nuclear es hoy mayor que nunca.
Según el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), el número total de armas atómicas existentes en el mundo se ha reducido de las 70.300 que había el año 1986 hasta 12.331 hoy en día.
Pero su potencia explosiva es infinitamente mayor y equivale a 146.605 bombas como las que arrojó EEUU sobre Hiroshima.
De ahí que la Asociación Internacional de Médicos para la Prevención de la Guerra Nuclear (IPPNW) haya hecho un nuevo y casi desesperado llamamiento a los gobiernos para que “pongan fin al armamento nuclear antes de que éste acabe con la humanidad”.