ALEMANIA: Peligrosa retórica histérica - por Joaquín Rábago
ALEMANIA:
Peligrosa retórica histérica
Joaquín Rábago
Un dirigente alemán, aunque pertenezca, para su suerte, a otra generación, como el canciller federal, Friedrich Merz, debería ser mucho más prudente al hablar de Rusia.
Y no olvidar jamás que su país fue el principal causante de dos guerras mundiales y que en la segunda, veintisiete millones de soviéticos fueron víctimas de su criminal régimen racista.
Un jefe de Gobierno de un país que atacó a la URSS en su ansia insaciable de Lebensraum (especio vital), de mano de obra esclava y de materias primas, es el menos indicado de todos para hacer determinadas comparaciones históricas.
Por ejemplo, la que una y otra vez ha hecho el líder cristianodemócrata entre el actual presidente ruso, Vladimir Putin, y el demente dictador que llevó a su propio pueblo y a Europa entera, Rusia incluida, a la catástrofe.
¿Cómo puede el canciller Merz afirmar que la invasión rusa de Ucrania es asimilable a la alemana de los Sudetes y que el presidente ruso no dudará en seguir avanzando por Europa como el Führer, aunque en la dirección contraria?
Si lo que afirma con irracional rotundidad fuese cierto, como quiere hacerles creer a sus compatriotas y al resto de los europeos, ¿por qué no moviliza inmediatamente a los ciudadanos para combatir con las armas, como hicieron en su día las democracias frente a Hitler, al que considera el “mal absoluto”?
Los líderes europeos, y no sólo Merz, sino otros como el francés Macron y el británico Starmer, quieren, sin embargo, que sean otros – los valientes ucranianos- quienes peleen por ellos.
Y hablan de democracia y de valores europeos que hay que defender frente a la tiranía, pero que ellos solo defienden con la más irresponsable e histérica retórica desde sus tribunas públicas o sus despachos.
¿O estarían dispuestos esos dirigentes a enviar a sus hijos al Donbás o a Zaporiyia si, como dicen, la democracia europea está en peligro? Su irresponsabilidad y su hipocresía claman al cielo.
Y tienen la suerte de que el ruso en el que ven la personificación del “mal” puede ser un autócrata, pero es mucho más responsable y prudente de lo que dicen.
¿Por qué no se han atrevido esos líderes, empeñados en el rearme acelerado del continente, a consultar en referéndum a sus ciudadanos si están o no dispuestos a una guerra con Rusia como la que dicen que habrá dentro de tres o cuatro años?
Para volver a Merz, ¿cómo se puede afirmar que Putin es como un nuevo Hitler en Moscú, al que hay que poner freno, y acto seguido explicar que la máxima prioridad alemana es recuperar la competitividad perdida? ¿En qué quedamos?
¿Y quién tiene por cierto la culpa de esa pérdida competitividad? No se atreven a decirlo sus políticos, ni tampoco sus medios, que no han querido nunca saber si fueron ucranianos o buzos estadounidenses quienes volaron los gasoductos del Báltico porque sería reconocer el acto terrorista de un país aliado.
Repitamos una vez más, porque hay que hacerlo, que por esos conductos submarinos llegaba abundante y barato el gas ruso a la entonces poderosa industria alemana, lo que preocupaba por motivos económicos a EEUU y por otros de tipo político a Polonia y los bálticos.
A este irracional clima prebélico que se ha instalado en Europa contribuyen acríticamente los propios medios de comunicación, que parecen al servicio del complejo militar industrial que muchas veces los financia y sostiene.
En el caso de Alemania ocupa un lugar especial el semanario Der Spiegel, cuya última portada muestra a un sonriente Donald Trump que apoya sus manos en los hombros de un Putin armado con un cuchillo e inclinado sobre un mapa de la Europa que está dispuesto a partir.
“Dos granujas, un solo objetivo”, dice la leyenda que aparece bajo la imagen, que parece inspirada en su estética en la utilizada durante el Tercer Reich por los nazis para denunciar a los judíos.
El semanario critica el tono que utiliza Trump al hablar de Europa, del que escribe que “oscila entre el desprecio, la compasión y la hostilidad”.
Desprecio que se lo han ganado a pulso, habría que decir, los líderes europeos al acudir como mendigantes a la Casa Blanca para pedirle al Presidente que siga financiando con ellos el esfuerzo bélico ucraniano, del que ése pretende desentenderse.
Cita el semanario una frase filtrada a los medios del “ministro de la Guerra”, el halcón Pete Hegseth, quien escribió en un chat al vicepresidente, JD Vance: “Comparto totalmente tu aversión al gorroneo europeo. Es lamentable”.
Lamentable es que sobre todo que los gobiernos europeos hayan sido incapaces de abrir un canal de comunicación con Putin y que sea un narcisista interesado solo en los negocios y el máximo beneficio como Trump quien aparezca como el “apóstol de la paz”.
Algo reconoce pese a su vieja rusofobia Der Spiegel y es que hubo una época en que Putin quiso acercar a Europa a Rusia para alejarla de EEUU: “Una Europa soberana, escribe, debía ser para Putin una Europa amiga de Rusia”.
¿Y por qué no, habría que preguntarse? ¿Por qué no si se trata de un país vecino, que siempre estará ahí y que tiene muchas de las materias primas de las que carece Europa para su industria?
Pero como la mayoría de los actuales políticos del continente, el semanario alemán sólo ve la relación de Europa con Rusia en términos schmittianos de “amigo-enemigo”. Y Rusia sólo puede ser, con o sin guerra de Ucrania porque así lo quieren los políticos, un enemigo.