Una pequeña historia de la neutralidad austriaca, últimamente amenazada. Hace 70 años, Austria se declaró país neutral - por Joaquín Rábago
Una pequeña historia de la neutralidad austriaca, últimamente amenazada. Hace 70 años, Austria se declaró país neutral
Joaquín Rábago
Hace setenta años, Austria, que había formado parte del Tercer Reich tras votar en 1938 su anexión (Anschluss) a la Alemania nazi, declaró como país su neutralidad permanente.
El 27 de julio de 1955 entró en vigor el “tratado de Estado para el restablecimiento de una Austria independiente y democrática” que habían firmado el 15 de mayo de ese mismo año los representantes de las cuatro potencias vencedoras.
En los meses siguientes, las fuerzas aliadas -soviéticos, estadounidenses, británicos y franceses- se retiraron de la que había sido una provincia de la Alemania nazi.
No fue, sin embargo, un proceso fácil aunque las potencias aliadas habían acordado ya en 1943 el restablecimiento de Austria como Estado independiente.
Hubo en efecto arduas negociaciones entre los representantes austriacos y los de los aliados, marcadas por la que muy pronto sería la Guerra Fría.
La primera República austriaca se había proclamado en 1918 tras la derrota y el desmembramiento del imperio austro húngaro, y el socialdemócrata Karl Renner fue su primer canciller.
Renner ocuparía después distintos cargos hasta que estalló la guerra civil entre las fuerzas socialdemócratas y comunistas y las conservadoras y fascistas del Gobierno: ejército, policía y la Heimwehr (fuerza paramilitar anticomunista).
Como el resto de la izquierda, los socialistas fueron aplastados, Renner fue detenido y se le prohibió volver a ejercer cargo político alguno.
Cuando las fuerzas armadas nazis invadieron Austria, Renner, que, sin embargo, había sido un gran defensor de la unión con Alemania durante la República de Weimar, fue chantajeado para que apoyara el Anschluss (anexión a Alemania).
El político socialdemócrata sobrevivió al régimen nazi en Gloggnitz, pequeña localidad de la Baja Austria, donde, antes de que Viena fuese liberada por los soviéticos, se presentó en un cuartel del Ejército Rojo, que informó inmediatamente a Moscú.
El 15 de abril de 1945, antes de la liberación de la capital y mientras continuaba la guerra en el oeste y el sur del país, representantes de su Partido Socialista, del Popular y del Comunista declararon la independencia y Renner formó con ellos un Gobierno provisional.
Los políticos del Partido Popular Austriaco que integraron el nuevo Gobierno eran ex funcionarios de nivel medio del anterior régimen austrofascista mientras que algunos de los comunistas habían regresado de su exilio en Moscú.
El nuevo canciller (1945-1953) fue Leopold Figl, del Partido Popular, que había sobrevivido a los campos de concentración nazis de Dachau y Mauthausen y estuvo incluso en una celda para condenados a muerte en Viena, pero fue puesto en libertad cuando se tuvo noticia de que el Ejército Rojo se aproximaba a la capital.
En su condición de ministro de Asuntos Exteriores, Figl estamparía más tarde su firma en el nuevo Tratado de Estado austriaco junto a las de los representantes de los países aliados.
El destino de la Alemania derrotada afectaba a Austria y muchos políticos de ambos países seguían considerándolos como una unidad, algo que no aceptó el Partido Comunista Austriaco.
Éste había opuesto la mayor resistencia al nazismo, había sido el que más había sufrido y ahora insistía en que había que tratar a Austria como un caso especial.
Su exigencia prioritaria era la independencia y neutralidad del país, a lo que se oponían no sólo los antiguos fascistas, que seguían soñando con una Austria que formase parte de Alemania, sino también la mayoría de los socialdemócratas y populares.
Éstos querían anclar firmemente al país en el bloque occidental, y de ahí que, al menos hasta comienzos de la década de los cincuenta, tacharan la defensa de una a Austria “neutral” y “pacífica” de “propaganda comunista”.
Estados Unidos, el Reino Unido y Francia estaban, sin embargo, en la inmediata posguerra más interesados en Alemania y en impulsar la división del país mientras que la Unión Soviética de Stalin insistía en un tratado de paz de las cuatro potencias con toda Alemania.
El ministro de Exteriores de Stalin, Viácheslav Molotov, condicionó, sin embargo, la firma de un tratado de ese tipo con Alemania a la retirada de Austria de las tropas de ocupación.
El sucesor de Stalin al frente del país, Nikita Jruschov, adoptó a partir de 1955 una posición más flexible aunque ya antes los soviéticos habían dejado claro que sin neutralidad no podía haber para Austria tratado de Estado.
Aunque el nuevo canciller Friedrich Raab, del Partido Popular, manifestó cierta disposición al diálogo, sólo a finales de los cincuenta, cuando llegó del exilio en Suecia el socialdemócrata Bruno Kreisky, fue posible por fin firmar la “neutralidad permanente” del país.
Los acuerdos alcanzados con las potencias ocupantes prohibían explícitamente una nueva anexión del país a Alemania, confirmaban las fronteras existentes antes de la ocupación alemana y exigían a Austria la renuncia al Tirol del Sur, que pasó a formar parte de Italia como Alto Adigio.
Al mismo tiempo se rechazaban las pretensiones yugoslavas sobre dos regiones del Sur de Austria: Carintia y Estiria, al tiempo que se reconocían los derechos de las minorías eslovena y croata además de la neutralidad del país.
Ésta no figuraba directamente en el tratado de Estado sino en un memorándum acordado antes con Moscú y aprobado por ley parlamentaria el 26 de octubre de 1955.
Desde el ingreso de Austria en la Unión Europea (1995) y a pesar de que sus ciudadanos siguen apoyando por abrumadora mayoría la neutralidad, los sucesivos gobiernos han buscado rodeos para ir poco a poco erosionándola.
Y así, la nueva ministra de Exteriores, Beate Meinl-Reisinger, del partido NEOS (La Nueva Austria y Foro Liberal), es partidaria del ingreso en la OTAN “porque el mundo ha cambiado” y “la neutralidad sola no protege ya a Austria”. Como ocurre con Ucrania, a Bruselas – UE y OTAN cada vez más juntas -no le gustan los neutrales.