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jueves, 04 de junio de 2026 00:14h.

El presidente imperialista al que trata de emular Trump murió asesinado - por Joaquín Rábago

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El presidente imperialista al que trata de emular Trump murió asesinado

Joaquín Rábago

Donald Trump no oculta su admiración por el vigésimo quinto presidente de EEUU, el también republicano William McKinley, que murió asesinado en 1901 al poco de empezar su segundo mandato.

WILLIAM MCKINLEY
WILLIAM MCKINLEY 

McKinley fue herido de muerte por los disparos que le efectuó a quemarropa el anarquista Leon Czogolsz cuando visitaba la Exposición Iberoamericana de Búfalo.

Para los españoles, McKinley es un presidente de nefasto recuerdo: desencadenó en 1898 la guerra hispanoamericana con el pretexto de la explosión en la bahía de La Habana del acorazado Maine, incidente del que los medios estadounidenses acusaron sin pruebas a España.

La prensa sensacionalista llevaba meses intentando convencer al Gobierno de Washington de que declarase la guerra a España y aquel suceso, nunca aclarado, iba a convertirse en su grito de guerra: “Recordad el Maine y al infierno con España”.

No está de más recordar aquello cuando el presidente Trump ha decidido,  entre otras barbaridades,  eliminar de la web de la Casa Blanca el español, que hablan en EEUU  millones de ciudadanos y no sólo inmigrantes.

McKinley, presidente más bien mediocre, representa como su sucesor Theodore Roosevelt la era de los imperios, cuando las grandes potencias trataban de repartirse el mundo por zonas de influencia.

España perdió en aquella guerra desigual con EEUU no sólo Cuba y Puerto Rico, sino también Guam y Filipinas. Apelando,  como hoy  Trump, a la Divina Providencia, McKinley dijo entonces no tener otra alternativa que hacerse cargo de los filipinos, que “no estaban preparados para el autogobierno” a fin de “educarlos y cristianizarlos”.

Pero hay algo más de McKinley que parece inspirar a Trump y es su radical proteccionismo: antes de llegar a la Casa Blanca, como diputado por Ohio, logró en 1890  la aprobación de una ley que aumentaba los aranceles a la mayoría de las importaciones para proteger sobre todo la industria siderúrgica de la competencia exterior.

Ya instalado en Washington, McKinley reclamó dotar a la presidencia de poderes adicionales para,  mediante nuevos acuerdos de tipo comercial,  conquistar para EEUU  nuevos mercados.

Expandir el propio territorio,  por ejemplo, con la adquisición a Dinamarca de la isla de Groenlandia o la recuperación del canal de Panamá al tiempo que intenta convertir a EEUU en una fortaleza frente al mundo exterior es a lo que, a imitación de Mckinley,  aspira hoy el megalómano Trump.

El republicano pretende exigir a los otros países mayores tributos si quieren  seguir exportando a EEUU  sus productos, ya sean industriales o agrícolas.

“En lugar de gravar más a nuestros ciudadanos para hacer más ricos a otros, impondremos mayores aranceles a otros países para enriquecer a nuestros ciudadanos”, afirma Trump con total desconocimiento de cómo funciona la economía. 

Porque no puede haber duda de que los importadores de EEUU volcarán el importe de esos aranceles en el precio final de los productos y serán  los consumidores norteamericanos quienes terminen sufriendo la inevitable inflación. 

JOAQUÍN RÁBAGO * Gracias a JOAQUÍN RÁBAGO
 * Gracias a JOAQUÍN RÁBAGO

 

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