El presidente de la paz vuelve a la política de cañoneras - por Joaquín Rábago
El presidente de la paz vuelve a la política de cañoneras
Joaquín Rábago
El autoproclamado “presidente de la paz” vuelve a la política de cañoneras de su antecesor Theodore Roosevelt en los países que sigue considerando como aquél su patio trasero.
Será por cierto sorpresa para algún lector que Roosevelt, el de la política exterior del “gran garrote”, fuese el primer estadounidense en recibir el premio instituido por el inventor de la dinamita, Alfred Nobel. Lo recibió en 1906 por haber negociado la paz en la guerra ruso-japonesa.
“Habla suavemente y lleva un gran garrote”, reza el proverbio africano que adoptó Teddy Roosevelt, pero del que el actual ocupante de la Casa Blanca parece aplicar sólo la segunda parte. Así ha ordenado al Pentágono el envío de tres buques de guerra a aguas próxima a Venezuela.
Tres destructores USA frente a Venezuela - YAHOO
Los tres destructores van armados con misiles que pueden atacar cualquier punto del territorio del país suramericano.
El aspirante al Nobel de la paz pese a su complicidad, cuando no participación directa, en el genocidio de Gaza, despachó también a las proximidades de las costas venezolanas un submarino nuclear de ataque, varios aviones de reconocimiento y alrededor de 4.000 marines que pueden participar en operaciones anfibias.
El gobierno del republicano Donald Trump justifica tal despliegue bélico con la supuesta amenaza que los cárteles de la droga de ese país representan para la seguridad de Estados Unidos.
Trump ha hecho de la lucha contra el narcotráfico, la expulsión de inmigrantes y el fortalecimiento de la frontera sur del país otros tantos puntales de su política.
Pero las dudas sobre los motivos aducidos por la Casa Blanca para tan espectacular como amenazante despliegue militar están más que justificadas.
Hace sólo unos días, Trump firmó una directiva secreta que autoriza al Pentágono llevar a cabo operaciones militares y asesinatos selectivos en territorio extranjero.
Y por si fuera poco, Washington ofrece una recompensa de 50 millones de dólares a quien facilite la detención del presidente venezolano, Nicolás Maduro.
Como respuesta, Maduro ordenó el lunes la movilización inmediata de 4,5 millones de milicianos, que estarán subordinados a las Fuerzas Armadas Bolivianas, a fin de proteger la soberanía nacional de la nueva “agresión imperialista”.
Los movimientos militares ordenados por el autócrata de la Casa Blanca despiertan gran preocupación y suscitan fuertes críticas en los países vecinos, que se sienten directamente amenazados.
Así, la presidenta mexicana, Claudio Sheinbaum, contradijo las acusaciones de EEUU de que Maduro tiene contactos con el cártel de la droga de Sinaloa. El narcotráfico es siempre el argumento que utiliza Washington para deshacerse de dirigentes que no le gustan.
Uno de esos presidentes que no le gustan, el colombiano Gustavo Petro, acusó a EEUU de “saquear Latinoamérica” y arruinar las economías del mundo y advirtió de que sus políticas podían convertir la región en unos nuevos Balcanes.
“¡Saque las manos de Latinoamérica!”, le dijo a Trump también el ex jefe del Estado de Colombia Ernesto Samper mientras que el ministro de Exteriores cubano, Bruno Rodríguez, le acusó de utilizar la lucha contra el narcotráfico de pretexto para “una nueva ola de injerencia imperialista”.
Según el jefe de la diplomacia del país sometido desde hace más de seis décadas a un feroz embargo por parte de Washington, se trata de una “farsa ya muy gastada”, pero que puede “acabar en tragedia”. Razón no le falta.