Se pretende reeditar la guerra civil en el Líbano - por Christian Cirilli
Se pretende reeditar la guerra civil en el Líbano
Christian Cirilli
LA VISIÓN

El onomástico tan temido, en donde la prensa sensacionalista anunciaba un ataque múltiple, incluso nuclear, contra Irán, ha pasado meramente con actos conmemorativos, reclamos genuinos sobre el destino de los secuestrados y, mayormente, desde instancias oficiales o ligadas a la política oficial de Israel, con exhibiciones en donde abundaba una mezcla extraña de endeble victimización y loas al poderío hebreo y la venganza apocalíptica.
Los hechos en el terreno no dejan manejos narrativos: los combates terrestres en Líbano se recrudecen a diario, se cargan cientos de vidas, y los ataques aéreos israelíes, prácticamente indiscriminados, parecen tener una lógica perversa.
No se trata de un asunto de impericia militar, sino de crear un baño de sangre y caos. Los bombardeos israelíes tienen como objetivo hacer invivible Dahiya, la zona de viviendas chiitas al sur del Beirut, para obligarlos a morir allí, bajo los escombros, o huir. Sin embargo, esa huida no debería ser hacia cualquier parte. Siria no es una opción de refugio para albergar a la Intelligentzia de Hezbolá. Por eso la Heyl Ha’ Avir tiene en la mira el cruce fronterizo. La idea es machacarlos en Líbano u obligarlos a combatir contra algunas líneas sectarias, remanentes de la guerra civil, que están alineándose con los sionistas y que esperan el momento adecuado –una significativa pérdida de operatividad del Hezbolá– para intervenir e iniciar una guerra civil. El verdadero objetivo israelí no es sólo la devastación, sino empujar al Líbano a un conflicto interno, donde Hezbolá termine horadado por sus propios connacionales.

Un cazabombardero Boeing F-15I Raam cargado de bombas despegando con rumbo a Beirut, donde tiene total impunidad operativa, dado que Líbano carece de defensas antiaéreas.
A mi juicio, el artículo de David Ignatius, columnista del The Washington Post (ergo, un insider y propagandista del Deep State), denominado «U.S. has an opportunity to help rebuild Lebanese sovereignty» [«Estados Unidos tiene una oportunidad de reconstruir la soberanía libanesa»] es revelador de la táctica israelí y del apoyo estadounidense que tiene detrás.
“Ignatius” sugiere que el USCENTCOM1, responsable de Oriente Medio, ha estado trabajando con las Fuerzas Armadas Libanesas para reforzar su capacidad de recuperar el control de las fronteras de la nación, en caso de que el control de Hezbolá se debilite. De hecho, revela que el Pentágono recibió al general Joseph Aoun en Washington y en el cuartel general del CentCom en Florida en junio.

El general Charles Q. Brown, Jr., jefe del Estado Mayor Conjunto de los Estados Unidos, durante su reunión en Washington, el 12 de junio, con el general Joseph Aoun, jefe de las Fuerzas Armadas del Líbano.
Washington considera a las Fuerzas Armadas Libanesas (FAL) como un socio más que confiable para contrarrestar a Hezbolá, y las quiere reclutar para “terminar la faena” de Israel. De hecho, Joseph Aoun hizo cursos de “antiterrorismo” en 2009 en la Universidad de Defensa Nacional (NDU) en Estados Unidos, y hasta lo consideran “presidenciable”. Además, su condición de cristiano maronita, históricamente cercanos a las Falanges pro-israelíes, que bregan por el alejamiento de Siria y del Hezbolá, y fueron autoras de horribles masacres (de palestinos) como las Sabra y Shatila, entre el 15 y 18 de septiembre de 1982, con la complicidad del ejército israelí, lo hacen especialmente confiable.
Las tropas de Aoun no tienen la capacidad de imponerse al Hezbolá y por lo tanto, se mantienen en una posición subordinada. Por otra parte, a pesar de ser las fuerzas armadas soberanas del Líbano, no han movido ni moverán un gendarme para enfrentar la invasión israelí. Esta genuflexión hace que gran parte de la población libanesa, y no sólo los chiitas, que desprecian al gobierno de Estados Unidos debido a su papel como principal aliado y benefactor internacional de Israel, vean en la comandancia a impúdicos colaboracionistas.
Entre 1975 y 1990, Líbano fue asolado por una espantosa guerra civil. Históricamente, el gobierno había sido dirigido por las élites cristianas maronitas, hecho reforzado por el mandato colonial francés (1920-1943). La estructura parlamentaria, además, favorecía la posición de liderazgo para la población cristiana, aunque las cifras mayoritarias en cuanto a composición religiosa eran abrumadoramente musulmanas. La creación de Israel y la Nabka palestina de 1948, más los refugiados adicionales tras la Guerra de los Seis Días (1967), provenientes de Cisjordania, incrementaron sensiblemente esas cuantías.
La llegada de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) a Líbano trajo inmediatas consecuencias. Los cristianos empezaron a organizarse en Falanges, armadas por Israel, para combatirlas y extirparlas. Pero a los palestinos se les sumaron prontamente grupos izquierdistas, panárabes e islámicos, que venían guardando rencor desde antaño. También entraron en la refriega drusos y chiitas. Israel, con la Operación «Paz para Galilea», y Siria se metieron de lleno, para marcar sus espacios de influencia, apoyando distintas facciones. Estados Unidos, Francia, Reino Unido e Italia también terminaron involucrándose bajo fuerzas de mantenimiento de la paz, como la Fuerza Multinacional en el Líbano –que terminó disolviéndose luego del asesinato del presidente electo Bashir Gemayel 2 en septiembre de 1982, donde fue tildada acertadamente de beligerante–; y la FPNUL.

Un falangista cristiano libanés armado con un fusil FN FAL de 7,62mm durante la espantosa guerra civil en Líbano. Hoy se sondea la posibilidad de reabrir esa vieja herida para finiquitar el poder de Hezbolá en el país del cedro.
Finalmente, en 1989, los Acuerdos de Taif pusieron fin a la guerra. La base de la concordia era una desmilitarización –excepto Hezbolá– y una mayor equidad en el sectarismo confesional. No obstante, la solución puede ser parte misma del problema: el equilibrio sectario, en un país donde hay 18 confesiones religiosas distintas, está organizado para exacerbar el fanatismo electoral, y reforzar la lealtad a los liderazgos tradicionales.
En Líbano, aquéllos WarLords (Señores de la Guerra) durante los años duros fueron beneficiarios de la Amnistía de 1991 y se convirtieron en líderes políticos. En cuanto al Ejército, está constitucionalmente subordinado a las instituciones políticas, cuyos miembros tienen visiones contradictorias.
Pero esto podría cambiar si Hezbolá es derrotado definitivamente.
Desde su involucramiento dentro de la Fuerza Multinacional en el Líbano, Estados Unidos intentó convertir a las FAL en una especie de sucursal propia. El mismo pedigrí del general Aoun, educado en Florida, y reciente visitante a la Metrópoli, lo certifica. Washington intensificó en gran medida su apoyo en 2005, cuando las tropas sirias se retiraron definitivamente del Líbano después de una ocupación de 29 años. No casualmente, el año siguiente, Israel y Hezbolá libraron una guerra corta y sangrienta (“La Guerra de los 33 Días”). Poco después, en 2011, empezó la “Primavera Árabe” en la República Árabe Siria, que desembocó en una “guerra civil” para destituir a Bashar al-Assad.
La subversión interna del Líbano es parte de la guerra de fondo contra el eje Damasco-(Bagdad)-Teherán. La metodología actual, potenciando al general Joseph Aoun, está basada en recetas conocidas, como la presidencia de Bashir Gemayel o cualquier otro circunstancial, que solo trajeron más caos y desolación.
El general Aoun es especialmente amado en los círculos neoconservadores (straussianos) estadounidenses. Un informe fechado en 2021 publicado por el Washington Institute for Near East Policy (WINEP) 3 denominado «To Push Past Hezbollah Stonewalling, Leverage the LAF» [«Superar la Obstrucción del Hezbolá, Apalancar a las Fuerzas Armadas Libanesas], firmada por la experta libanesa chiita Hanin Ghaddar, sugiere que tras el colapso económico-financiero (inducido desde 2019), solamente el general Joseph Aoun puede “mantener el orden” en “la calle”.
La notable destrucción del tejido social libanés tras la “bomba financiera” –que explotó casi simultáneamente con el puerto de Beirut–; provocó protestas contra el corrupto liderazgo político y empresarial del país, llevaron a la salida del presidente Michel Aoun, sin relación familiar con el general, el 30 de octubre de 2022. Líbano no ha tenido un presidente desde entonces debido al estancamiento que se produjo en el Parlamento, encargado de elegir al presidente. Existían dos contendientes: Jihad Azour, director del FMI para Oriente Medio, que fue respaldado principalmente por los partidos cristianos y suníes, y por Estados Unidos y sus aliados occidentales; y Suleiman Antoine Frangieh, que contó con el apoyo de Hezbolá y su socio Amal, Irán y otras facciones chiitas en el extranjero.
Esta situación política marca desde el vamos el grado de atomización que existe en la diminuta nación mediterránea.

Desde 2019, Líbano está sumido en una crisis financiera terminal. El país decidió vincular su moneda al dólar a fines de los 90, en un virtual Plan de Convertibilidad a la argentina. Ello requirió que los bancos libaneses tuvieran que retener una gran reserva de dólares, para lo cual ofrecerían tasas pasivas del 15% o 20%. La altísima deuda pública (por la pandemia, por el clientelismo político, por la dependencia exterior) hizo que el gobierno se declarara en default. El sistema financiero dependía de la continua entrada de capital externo, pero cuando este flujo se detuvo por el default, el sistema financiero se derrumbó, afectando la vida cotidiana. En la foto, manifestantes libaneses tras la (oportuna) explosión en el puerto de Beirut del 4 de agosto de 2021, endilgada a explosivos acumulados de Hezbolá (luego se dijo que era nitrato de amonio, un fertilizante). El puerto de Beirut es una infraestructura clave para las importaciones, y su destrucción afectó el flujo de bienes esenciales, como alimentos y medicinas, agravando la crisis de abastecimiento.
Volviendo al documento citado arriba, Ghaddar se lamentaba que Hezbolá desgraciadamente tiene asidero en la población porque aun maneja finanzas paralelas, sistemas de salud y métodos para administrar las crisis. En consecuencia, puede seguir conservando su ascendencia. Las recomendaciones de Ghaddar para el bien del Líbano es que las FAL combatan el contrabando transfronterizo (entre Hezbolá y Siria), se fomente la “libertad de expresión” de los manifestantes, que la comunidad internacional “ayude” a Aoun a formar una estrategia de defensa nacional, que enfatice la neutralidad e independencia del Líbano, y que le den a los soldados de Aoun mejor acceso a beneficios educativos, prohibiéndose estrictamente que elementos pro-Hezbolá se sumen a las fuerzas armadas.
Lo que pide Ghaddar (léase, sus mandantes) es, en definitiva, un ahogo comercial del Hezbolá (y por antonomasia, del Líbano), incentivar la ira de los ciudadanos para que se exija la llegada del “orden”, que ese “orden” sea un cristiano maronita como Aoun, que luego éste se comprometa a la lucha interna y la neutralidad (para con Israel y sus aliados, obviamente), para el cual se reservan programas de adoctrinamiento ideológico colaterales y otros servicios de pertenencia.
Como toque final, Ghaddar no ahorra inventiva: los actores libaneses deben crear una nueva oposición basada en tres centros de poder en ascenso: la calle (léase, los iracundos llevados de la nariz), el patriarca maronita Béchara Boutros Raï (crítico del Hezbolá y la intromisión iraní) y el comandante de las Fuerzas Armadas Libanesas, general Joseph Aoun. Las tres fuerzas deben convertir la emergencia actual en una ventana de oportunidad para reformas profundas, que impliquen el fin de la hegemonía iraní.
Por cierto, hoy apareció este video de Benyamin Netanyahu, incentivando a la población libanesa a sacarse de encima a Hezbolá, “antes de caer en el abismo de la guerra como en Gaza” porque (frase insólita) “Israel tiene el derecho a ganar”:
En él, el primer ministro israelí expresa sus deseos (planes) sobre el destino de ese país, diciendo: “Este es un mensaje para el pueblo del Líbano. ¿Recuerdan cuando su país era llamado La Perla del Medio Oriente? Yo sí. Entonces, ¿qué le pasó al Líbano? Una banda de tiranos y terroristas lo destruyeron. Eso es lo que pasó. Líbano alguna vez fue conocida por su tolerancia. Por su belleza. Hoy es un lugar de caos, de guerra. Israel se retiró del Líbano hace 25 años. Pero el país que hoy conquistó Líbano no es Israel, es Irán. Irán… que financia y arma a Hezbolá para servir a los intereses iraníes a expensas de Líbano. Hezbolá ha convertido a Líbano en un almacén de munición y en una base adelantada iraní. Apenas un día después de la masacre del 7 de octubre, el año pasado, Hezbolá se unió a la guerra contra Israel. Lanzó un ataque no provocado sobre nuestras ciudades y ciudadanos. Desde entonces ha disparado 8.000 misiles hacia Israel matando civiles sin distinción. Judíos, cristianos, musulmanes y drusos. Israel ha decidido poner fin a esto. Decidimos hacer lo que fuese necesario para que nuestra gente retorne a sus casas con seguridad. Israel tiene el derecho a defenderse. Israel también tiene el derecho a ganar y ganará. Hemos degradado las capacidades de Hezbolá. Hemos liquidado miles de terroristas, incluido Nasrallah. Y el reemplazo de Nasrallah. Y el reemplazo del reemplazo. Hoy, Hezbolá está más débil de lo que ha estado por muchos años. Ahora Ustedes, libaneses, están frente a una importante encrucijada. Es su opción: pueden recuperar su país, pueden volver al camino de la paz y la prosperidad. Si no lo hacen, Hezbolá continuará intentando luchar contra Israel desde áreas densamente pobladas a costa de ustedes. No les importa si Líbano es arrastrada a una guerra más amplia. Cristianos, drusos, musulmanes, chiitas, sunnitas. Todos ustedes están sufriendo por la fútil guerra de Hezbolá contra Israel. Hoy le pregunto a cada madre y cada padre en Líbano una simple pregunta: ¿vale la pena? Porque no tiene que ser de esta manera. Sé que quieren un futuro mejor para sus hijos. Por eso les estoy hablando hoy. Hay una forma mejor. Una mejor forma para sus hijos, para sus ciudades, sus barrios, para su país. Se merecen restaurar Líbano a sus días de tranquilidad. Se merecen un Líbano diferente. Un país, una bandera, un pueblo. No dejen ya más que los terroristas su futuro. Ya lo han hecho. Levántense y recuperen su país. Tienen una oportunidad que no existió en décadas. Una oportunidad de cuidar del futuro de sus hijos y nietos. Tienen una oportunidad para salvar Líbano antes de que caiga en el abismo de una gran guerra que traerá destrucción y sufrimiento… como vemos en Gaza. No tiene que ser de esta manera. Cada uno de ustedes puede dar un paso hacia su futuro. Incluso in pequeño paso puede hacer la diferencia. Les digo, pueblo del Líbano, liberen su país del Hezbolá, así esta guerra puede terminar. Liberen a su país de Hezbolá así su país puede prosperar otra vez, así esas generaciones futuras de libaneses e israelíes no conocerán la guerra ni el derramamiento de sangre, sino que finalmente vivirán conjuntamente en paz.”
Algunos adivinan que esta advertencia de Bibi esconde en realidad un factor de impotencia por no poder concluir en solitario la faena. Por el contrario, este humilde servidor cree que ahorrar sangre propia (y derrochar la ajena) es una vieja ecuación de toda campaña militar.
Naim Qassem, el líder adjunto de Hezbolá, ese que aún no fue ejecutado, declaró con posterioridad a la “amenaza con perspectiva de humanidad” de Netanyahu que “No tenemos puestos vacantes” y que Hezbolá está plenamente activo enfrentando a las fuerzas israelíes.
- El Mando Central de los Estados Unidos (United States Central Command, USCENTCOM), con cuartel general en la base aérea MacDill (Tampa, Florida), es un comando unificado de seguridad responsable de los intereses de Estados Unidos en 27 naciones que se extienden desde el Cuerno de África a través de la región del Golfo Pérsico, en Asia Central. USCENTCOM es uno de los nueve comandos unificados en el Departamento de Defensa estadounidense. ↩︎
- El cristiano maronita Bashir Gemayel fue comandante de la Falange Libanesa durante los primeros años de la Guerra Civil. Fue elegido presidente el 23 de agosto de 1982 (era candidato único) con la anuencia de Israel –se había reunido con Menachen Begin en Nahariya– y la Fuerza Multinacional en el Líbano. Fue asesinado el 14 de septiembre de 1982, junto con otras 26 personas, cuando la sede de la Falange fue destruida en un atentado con bomba. ↩︎
- El Instituto de Washington para la Política de Oriente Próximo es un think-tank que centra sus estudios en la política exterior de Estados Unidos para con el Cercano Oriente y en los países del suroeste de Asia. Fue establecido en 1985 por Martin Indyk, con la misión declarada de obtener una comprensión realista de los intereses de los Estados Unidos en Oriente Medio y promover políticas que aseguren dichos intereses. Este think-tank es generalmente descripto como una organización proisraelí, y tiene fuertes vínculos con el American Israel Public Affairs Committee (AIPAC). Martin Indyk es director del Centro Saban para la Política de Oriente Medio, y ocupó varios altos cargos en el gobierno de Estados Unidos, el último como embajador en Israel y subsecretario de Estado para Asuntos de Oriente Próximo durante la Administración Clinton.
* Gracias a Christian Cirilli y LA VISIÓN y a la colaboración de Federico Aguilera Klink. Aparecido originalmente en la wev del autor, LA VISIÓN
https://chcirilli.wordpress.com/2024/10/08/se-procura-reeditar-la-guerra-civil-en-el-libano/