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jueves, 04 de junio de 2026 08:36h.

La pugna ideológica frente a la ultraderecha - por Antonio Antón

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Antonio Aguado, coherente veterano socialista, exmilitante del PSOE, señala este análisis

La pugna ideológica frente a la ultraderecha

Antonio Antón

NUEVA TRIBUNA

El discurso ultra modifica el marco interpretativo hacia la polarización sociopolítica y cultural entre amigos / enemigos (buenos y malos), para condicionar la actitud de la sociedad

 

Las guerras culturales de las ultraderechas -con sus diferentes medios, fundaciones e iglesias-, asumen la preponderancia del nacionalismo, el supremacismo racista y el machismo, y pretenden reforzar esas bases estructurales de dominación. Se genera una combinación entre, por una parte, un sector de los poderosos, junto con una reestructuración centralizadora del poder ejecutivo y una penetración profunda en los aparatos del Estado -judicatura, fuerzas armadas y de seguridad, alta burocracia estatal…- y, por otra parte, una nueva segmentación de las relaciones sociales, con la adhesión de una parte popular con ventajas comparativas, en descenso y conservadora. 

Su ofensiva ideológica y cultural es complementaria y justificativa de su cambio reaccionario, estructural y sociopolítico, y tiene una función doble. Por un lado, afronta la relegitimación de un poder establecido desacreditado e incapaz, con una recomposición de las élites partidarias y gestoras. Por otra parte, se produce una rearticulación de su base social ‘populista’, sobre el resentimiento por la pérdida (real o imaginaria) de unas ventajas relativas y la promesa de su restitución. 

El discurso ultra modifica el marco interpretativo hacia la polarización sociopolítica y cultural entre amigos / enemigos (buenos y malos), para condicionar la actitud de la sociedad

Esa situación de parcial vulnerabilidad poblacional deriva de dos factores distintos. Uno, provocado por la propia globalización económica y cultural neoliberal, que daña la estabilidad de su estatus vital, relacional y laboral. Otro, producido por los cambios -progresistas- respecto de unas estructuras tradicionales sobrepasadas, la familia patriarcal, las jerarquías autoritarias y conservadoras y la preeminente homogeneidad nacional, étnica o racial dominante: ¡se hunden la nación y el orden social y moral

Por tanto, el discurso ultra modifica el marco interpretativo hacia la polarización sociopolítica y cultural entre amigos / enemigos (buenos y malos), para condicionar la actitud de la sociedad. El adversario principal de la ciudadanía democrática, ya no serían los desacreditados ricos y poderosos, una élite desprestigiada en estas últimas décadas, sino que se construye un nuevo enemigo (ficticio). 

Así, se canalizan el odio y el sometimiento hacia los de abajo, con el principal chivo expiatorio: inmigrantes (pobres), con distintos rasgos étnico-culturales a marginar (musulmanes). Y, en un plano más general, se va combatiendo contra la dinámica ‘progre’, el feminismo, el ecologismo, las fuerzas de izquierda y la propia democracia liberal. 

El adversario principal de la ciudadanía democrática, ya no serían los desacreditados ricos y poderosos, sino que se construye un nuevo enemigo (ficticio)

En definitiva, las fuerzas ultraderechistas, aun con elementos irracionales, idealistas y voluntaristas, tienen un fundamento realista: están incrustados y refuerzan su poder en algunas estructuras estatales, sociales y económicas, implementan sus políticas reaccionarias, de forma directa o condicionando las instituciones políticas, y utilizan sus guerras culturales para dar legitimidad a sus avances estructurales y ensanchar su representatividad. 

La crítica y la oposición democráticas y de izquierdas frente al ascenso ultra o, si se quiere, la resistencia antifascista, se fundamentan en la acción cívica frente al carácter reaccionario de su proyecto y su trayectoria de dominación: regresivo, segregador y antiigualitario en lo social y relacional; ultraconservador en lo cultural; y autoritario y antidemocrático en lo político-institucional. 

En consecuencia, la ofensiva ultra no solo, ni principalmente, es cultural, por lo que no es suficiente la prioridad por la pugna ideológica contra ella. Su intensa labor de socialización cultural, con nuevos discursos e instrumentalización de todo un cúmulo de aparatos comunicativos, buscan asentar un nuevo sentido común o hegemonía ideológica. Desde las tendencias democráticas y de izquierdas, es imperioso desplegar una actividad de elaboración de pensamiento crítico y una acción divulgativa y de debate público para contrarrestar las falacias y argumentos derechistas. 

Las fuerzas ultraderechistas, aun con elementos irracionales, idealistas y voluntaristas, tienen un fundamento realista: están incrustados y refuerzan su poder en algunas estructuras estatales

No obstante, el plan global de las derechas extremas pretende imponer una transformación profunda de las relaciones de dominación en el conjunto de las estructuras sociales, en particular, con nuevas desigualdades socioeconómicas, vitales, de clase, por sexo/género e interétnicas. Y en el ámbito político-institucional la trayectoria hacia un sistema político postdemocrático, la reducción del Estado social y de derecho, así como con un orden internacional neocolonial con la primacía estadounidense. 

La respuesta transformadora, democrática y solidaria sigue estando en la acción cívica de las mayorías sociales, con el ejercicio de su principal arma, la participación democratizadora respecto de las relaciones desiguales y las estructuras de dominación. El problema es, sobre todo, sociopolítico, donde confluyen intereses sociales, sujetos colectivos y agenda transformadora. El cambio sociocultural y de mentalidades interactúa con el cambio sociopolítico, las prácticas sociales y las costumbres relacionales de las mayorías sociales, con la perspectiva democratizadora del empoderamiento popular, la modificación de las estructuras políticas y la democracia social y económica. 

La solución frente a la involución social y autoritaria de las derechas extremas pasa, principalmente, por la masiva activación popular y democrática, por la participación activa de la ciudadanía y su reflejo representativo e institucional. El factor clave es la práctica social, la experiencia popular en el conflicto sociopolítico y cultural, con su articulación plural y unitaria frente a las dinámicas regresivas socioeconómicas, socioculturales e institucionales. La pugna cultural e ideológica es fundamental, pero debe estar asociada a la acción sociopolítica y de cambio institucional y estructural, en una dinámica multidimensional de la transformación política, relacional y sociocultural.  

 

Gracias a Antonio Antón y NUEVA TRIBUNA y a la colaboración de Antonio Aguado

ANTONIO ANTÓN
ANTONIO ANTÓN

https://www.nuevatribuna.es/articulo/actualidad/democracia-pugna-ideologica-frente-ultraderecha/20250628191828239801.html

NUEVA TRIBUNA Aparecido originalmente en NUEVA TRIBUNA- La casa de mi tía republica por al alto interés del contenido, bajo los principios de Uso Justo de la UE
Aparecido originalmente en NUEVA TRIBUNA- La casa de mi tía republica por al alto interés del contenido, bajo los principios de Uso Justo de la UE

 

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