Pulsión suicida europea - por Joaquín Rábago
Pulsión suicida europea
Joaquín Rábago
Cuando escucho a los políticos europeos hablar continuamente de una guerra con Rusia, que pronostican para dentro de dos o tres años, o leo en los medios comentarios de apoyo incondicional al rearme del continente, no puedo sino pensar en una pulsión suicida europea.
¿No han comprendido acaso que estamos en plena era nuclear, que no siguen en vigor los acuerdos de control de armamentos o desarme y que el país que supuestamente nos amenaza es una potencia con un arsenal de en torno a 6.000 cabezas atómicas?
¿Es que ya no vale aquello que se decía durante la Guerra Fría de que una guerra nuclear no podría jamás ganarse y que en el caso de estallar por simple error o cálculo, acabaría con el conjunto de la humanidad?
Se puede culpar a Rusia de la invasión del país vecino, pero no ignorar en cambio los motivos que llevaron a su presidente, Vladimir Putin, a emprender esa acción militar contraria al derecho internacional.
Motivos como la ampliación de la OTAN a los países del antiguo Pacto de Varsovia, frente a lo acordado con Rusia al final de la Guerra Fría, o el golpe del Euromaidán, promovido por Occidente, que nunca aceptaron las regiones rusófonas de Ucrania y justificaron su rebelión frente a Kiev.
Sólo ignorando, como hacen nuestros medios, la historia y el contexto de ese conflicto, por ejemplo, los ocho años de guerra civil entre Kiev y las regiones del Donbás, que causó más de 18.000 muertos, se puede culpar exclusivamente a Moscú de lo sucedido.
Y sólo ignorando deliberadamente el papel de Estados Unidos y de Gran Bretaña en el fracaso de las negociaciones de paz que se intentaron en Minsk primero y luego en Estambul y hablando una y otra vez de la "amenaza rusa" puede justificarse el rearme europeo.
En un momento además en que Washington pretende desentenderse de esa guerra y no hay garantías de que, en caso de ataque, Washington vaya a defender a Europa en virtud del artículo 5 de la OTAN.
El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, a quien algunos celebran como el nuevo “líder del mundo libre”, lleva tiempo tratando de involucrar directamente a sus aliados de la OTAN en la guerra con Rusia y hay muchos europeos que trabajan irresponsablemente en esa misma dirección.
Nuestros países no se limitan ya a enviar armamento a Kiev, sino que estrechan su cooperación militar con Ucrania, a cuyas fuerzas armadas proporcionan datos de inteligencia para que puedan con la máxima precisión objetivos en el interior de Rusia.
Incluso países como Finlandia y las Repúblicas Bálticas han tolerado el uso por los drones ucranianos de su espacio aéreo para atacar la regiòn de Leningrado.
Se han traspasado una tras otras todas las líneas rojas del Kremlin en la creencia de que Rusia no se atreverá a responder directamente a las provocaciones de la OTAN.
La propia Ucrania, cada vez más envalentonada, incluso atacó varios aviones de la llamada tríada estratégica rusa, lo que habría podido provocar una respuesta contundente por parte de Rusia.
El resultado de todo ello es que cada vez más voces en Rusia critican a su presidente por la que consideran excesiva prudencia en la conducción de la guerra y piden ya atacar directamente las fábricas de armamento de los países de la OTAN que suministran material a Ucrania.
Piensan que los europeos sólo tratan de poner a prueba la paciencia de Rusia y que no cesarán en sus provocaciones hasta que se les dé un escarmiento. Incluso hay quien como el politólogo Serguéi Karagánov habla ya de utilizar si es preciso una bomba nuclear táctica.
El representante permanente ruso en la Conferencia de Seguridad y Cooperación Europea, Dmitry Polianskii declaró en una reciente entrevista con un medio de los llamados " alternativos" que "Ucrania es sólo un instrumento" de Occidente para atacar a Rusia.
Según Polianskii, algunos fabricantes ucranianos de drones o misiles han trasladado su producción a países más seguros de la OTAN, con lo que ya los involucran más directamente en la guerra y los convierten en eventuales objetivos de Rusia.
Al mismo tiempo, muchos ucranianos, afirma el diplomático ruso, no quieren seguir luchando en el frente y abandonan sus puestos mientras que muchos otros tratan de esquivar el reclutamiento obligatorio y son secuestrados en plena calle, algo que, según él, no ocurre en Rusia.
Los europeos, dice también Polianskii, tratan de "probar cuál es nuestro umbral de tolerancia". Y añade: "Es un juego muy peligroso. Podemos darles una respuesta que será tremendamente dolorosa. Rusia está preparada para luchar".
Según el diplomático, "Ucrania es el único país que prohíbe a sus ciudadanos hablar otros idiomas nacionales como el ruso pese a lo que establece la Constitución".
La defensa de la lengua y la cultura rusas, amenazadas por el régimen ultranacionalista de Kiev, fue en efecto una de las causas con las que Moscú justificó su "operación militar especial" aunque Occidente trate siempre de ocultarlo.
Polianskii dijo que aprovechaba su entrevista para lanzar un llamamiento a quienes tienen alguna influencia en Europa para que "analicen con sobriedad" la peligrosa situación actual porque "la autocontención de Rusia no durará siempre".
Y expresó el deseo de que los europeos entren en razón y acepten negociar un orden de seguridad que incluya a Rusia en lugar de que sea "a expensas de Rusia".
No ocultó, sin embargo, su escepticismo porque los actuales diplomáticos europeos son "simples propagandistas".
El representante ante la OSCE recordó al respecto las recientes declaraciones de la ex secretaria de prensa de Zelenski, Iuliia Mendel, al periodista estadounidense Tucker Carlson según las cuales el presidente ucraniano dijo en cierta ocasiòn que hacían falta cientos de Goebbels para que la gente acabara creyendo.