¿A quién escuchará finalmente Donald Trump? - por Joaquín Rábago
¿A quién escuchará finalmente Donald Trump?
Por Joaquín Rábago
¿Escuchará finalmente Donald Trump al jefe del Estado Mayor Conjunto del país, el general de la Fuerza Aérea Dan Cane, o se dejará influir por Israel y los halcones del Congreso como el senador republicano Lindsey Graham?
Según el general Cane, citado por The Washington Post, la escasez de municiones y la posible falta de apoyo de aliados clave supondrían un mayor peligro para las tropas estadounidenses en caso de atacar a Irán.
Y ya se sabe que a los ciudadanos estadounidenses no les gusta tener que recibir los cadáveres de sus militares en bolsas de plástico.
Países aliados como Arabia Saudí y Jordania, entre otros de Oriente Medio, han anunciado que no dejarán que la aviación estadounidense utilice su espacio aéreo, aunque habría que ver si cumplirían.
Pero también un aliado europeo clave de EEUU como es el Reino Unido, cuyas bases de Akrotiri y Dekelia, en Chipre, han jugado siempre un papel decisivo en la ayuda militar de ambos países a Israel, dice no querer tener nada que ver con un ataque a Irán.
También es británica la base de Diego García, operada conjuntamente por Gran Bretaña y EEUU, en el archipiélago de Chagos, en el Índico, que Londres pretende devolver, por fuertes presiones legales internacionales, a Mauricio, a lo cual se opone Trump por su posición estratégica en cualquier conflicto en la región.
Trump desearía en cualquier caso una victoria rápida, en la que no tuviese que emplear a tropas sobre el terreno, pero Irán no es Panamá, ni siquiera Irak, como demostró ya en la llamada “guerra de los doce días” del pasado mes de junio, en la que el país fue alevosamente atacado por Israel y Estados Unidos.
Ya entonces Irán demostró su capacidad militar: Israel tuvo incluso que pedir a Washington que suspendiese las operaciones militares debido al daño que los misiles iraníes le habían infligido.
Y desde entonces, el régimen de los ayatolas no ha dejado de armarse con ayuda sobre todo de sus principales aliados, Rusia y de China, con los que ha firmado recientemente incluso un pacto estratégico trilateral.
Ambos países le han proporcionado misiles de última generación además de radares conectados a satélites y capaces de detectar a cientos de millas de distancia la presencia de los F35 estadounidenses en caso de ataque.
Teherán ya ha dicho que no se limitará a defenderse de un eventual ataque sino que lanzará sus misiles contra Israel y todos los activos de Estados Unidos en la región: tanto los permanentes como sus bases en numerosos países árabes como las unidades navales, portaaviones y destructores que Trump ha despachado allí en un claro y masivo intento de chantajear a Teherán.
Lejos de ser un simple paseo militar, un ataque a Irán como quiere su archienemigo Israel con un cambio de régimen como principal objetivo, degeneraría rápidamente en una guerra regional con repercusiones económicas también para el resto del planeta.
Porque Irán no dudaría en cerrar el estrecho de Ormuz, por donde pasa diariamente una quinta parte del petróleo que consume el mundo.
Como dice el politólogo estadounidense de la escuela realista de relaciones internacionales John Mearsheimer, el problema no es ya sólo la manifiesta ilegalidad de un ataque a un país soberano que no ha agredido a EEUU, sino que Trump y su gente carecen además de estrategia para lo que sucedería después.