Trump es racista, colonialista, imperialista, pero no fascista en el sentido clásico - por Joaquín Rábago
Trump es racista, colonialista, imperialista, pero no fascista en el sentido clásico
Joaquín Rábago
Para el politólogo británico de la Universidad de Oxford Roger Griffin, autor de varias obras sobre el fascismo, Donald Trump es “racista, colonialista, imperialista”, pero no fascista en el sentido clásico.
El filósofo canadiense y profesor de Yale Jason Stanley considera, por el contrario, al presidente de EEUU un fascista, pero, según Griffin, todo depende de la definición que se haga del “fascismo” (1).
Stanley ha hecho carrera, explica Griffin, con sus artículos y sus libros en los que sostiene que hay “un fascismo estadounidense que invade la sociedad y la transforma, pero el que tenga razón o no depende de la definición que se haga del fascismo”.
“Los marxistas, agrega, no tienen problema alguno en aplicar su definición del marxismo a los actuales Estados Unidos puesto que allí reina un capitalismo extremo. La política de Trump es antisocialista, antifeminista y racista”.
“Pero ¿si uno no es marxista, como es mi caso, sí tiene un problema? ¿Qué diablos es el fascismo?”, se pregunta el politólogo de Oxford.
“Desde el punto de vista histórico, el fascismo es el intento revolucionario de crear un nuevo orden social. En 1925, Mussolini da el puntillazo a la democracia republicana italiana”.
“Tenemos también a los nacionalsocialistas (alemanes) o a la Ustacha croata, que dan también al traste con la democracia constitucional. Pero comparar a Trump con el fascismo induce a confusión”, sostiene Griffin.
Lo que quiere Trump, agrega, es “controlarlo todo, lo que es igualmente peligroso, pero no porque aquél sea fascista”.
Analizar a Trump aplicándole el concepto de fascismo “es engañoso y desvía la atención del problema real, que es el carácter inhumano de la corrupción democrática”.
“Asistimos, afirma Griffin, al catastrófico derrumbe de la civilización occidental. Tanto en las autocracias como en las democracias se produce un retroceso del humanismo universal”.
“Cada país está polarizado más o menos al cincuenta por ciento entre individuos de talante liberal e iliberal. Y no se trata de fascismo o democracia, sino de algo más profundo”.
“La división se da entre quienes se encierran en sí mismos y los que, por el contrario, se abren al mundo”, dice Griffin, que cita un famoso poema escrito por William Butler Yeats tras la Primera Guerra Mundial titulado “La Segunda Venida”.
“Las cosas se desmoronan; el centro no puede sostenerse/La pura anarquía se desata sobre el mundo/
La marea ensangrentada se desata, y por todas partes/la ceremonia de la inocencia se ahoga;/los mejores carecen de convicción, mientras que los peores/están llenos de intensidad apasionada”.
Con independencia de cómo uno defina a Trump y de lo que nos parezca la simplista división que, con total olvido de las estructuras socioeconómicas, hace Griffin entre s “liberales e iliberales” no hay duda de que esos versos tan pesimistas del gran poeta irlandés definen a la perfección el actual estado del mundo.
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En declaraciones a la revista mensual alemana Konkret.