Ucrania, peligroso factor de desunión - por Joaquín Rábago
Ucrania, peligroso factor de desunión
Joaquín Rábago
La Ucrania de Volodímir Zelenski se ha convertido en un peligroso factor de desunión del bloque europeo, actualmente dividido entre una mayoría que se niega a todo trato con Rusia y unos pocos países que, por el contrario, abogan por la diplomacia.
Entre esos últimos están sobre todo Hungría y Eslovaquia, aunque también hay otros como Bélgica que defienden el diálogo con el Kremlin, a lo que se oponen empecinadamente sobre todo la presidenta de la Comisión Europea, la alemana Ursula von der Leyen, y la alta representante para Asuntos Exteriores, la estonia Kaja Kallas.
Y, aunque ya no forme parte de la Unión Europea, también el Reino Unido, un país tradicionalmente rusófobo, que defendió, mientras formaba aún parte del bloque, su ampliación a los países del este de Europa como Polonia o las pequeñas repúblicas bálticas en la convicción de que se sumarían a su política antirrusa.
El desplazamiento del eje europeo hacia el este del continente, a los países que el secretario de Defensa de EEUU y conocido “halcón” Donald Rumsfeld llamó la” Nueva Europa”, contraponiéndola a la Vieja Europa -el eje franco-alemán de entonces- ha servido indudablemente para fomentar una política claramente hostil a Moscú.
Y Ucrania es tal vez el peón principal de esa estrategia ya que, como escribió el que fue consejero de Seguridad del demócrata Jimmy Carter, Zbigniew Brzezinski, significativamente de origen polaco, Rusia sin Ucrania no sería más que una “potencia regional”.
Desde entonces, la política de Washington, seguida ciega y absurdamente por los europeos, ha consistido en impedir la aproximación entre una Rusia muy rica en recursos naturales y la parte occidental del continente, donde escasean.
Ucrania cumple perfectamente el papel encomendado por EEUU y que está conduciendo al suicidio industrial de Europa, algo que abiertamente critican sobre todo dos países centroeuropeos como Hungría y Bulgaria, que, para escándalo de Bruselas, dicen no poder prescindir de la energía rusa.
Ucrania sigue, sin embargo, negándose a reparar el oleoducto “Druzhba” (en ruso, “Amistad”), por el que ambos países recibían el petróleo que necesita su industria. Según reconocen anónimamente fuentes comunitarias, Kiev sigue sin permitir la inspección por funcionarios de Bruselas del oleoducto dañado.
En respuesta y para profunda irritación de Bruselas, el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, se niega a su vez a aprobar el crédito de 90.000 millones de euros prometido a Kiev por la Unión Europea para que pueda proseguir su guerra contra Rusia.
La primera ministra letona, Evika Silina, reprocha esa postura a su colega húngaro, quien se defiende argumentando que es Kiev quien incumple sus obligaciones según el acuerdo de asociación con la UE al bloquear el flujo hacia Hungría del petróleo ruso, modificando así ilegalmente las condiciones pactadas entonces con Bruselas.
En el otro país abiertamente díscolo, Bulgaria, el principal partido de oposición, “Libertad y Solidaridad”, que lidera Branislav Gröhling, ha pedido a la policía que investigue al Gobierno de Robert Fico por supuesta “traición”.
Ésta consistiría en su decisión de suspender el suministro eléctrico a Ucrania en respuesta a la negativa de Kiev a permitir que siga fluyendo el petróleo ruso hacia Bulgaria.
Mientras tanto, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, que justificó en su día el genocidio de Gaza con el argumento claramente fascista de que “donde hay terroristas, no hay reglas”, ha estado de viaje por los países árabes firmando con sus gobiernos acuerdos de cooperación militar. Ése es el país al que Bruselas quiere convertir en socio de la UE.