UE: balance de un año - por Joaquín Rábago
UE: balance de un año
Por Joaquín Rábago
El año en la Unión Europea termina desgraciadamente más o menos como empezó: con sendos escándalos de supuesta corrupción en las altas esferas bruselenses.
El pasado enero, la defensora del Parlamento Europeo, la irlandesa Emily O´Reilly denunció en su despedida la total falta de transparencia demostrada por la Comisión en el caso conocido como Pfizergate.
Se trata de la desaparición de los mensajes de texto que intercambiaron la Presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, y el consejero delegado de la farmacéutica estadounidense Pfizer, Albert Bourla, relativos a los multimillonarios contratos de compra de vacunas contra el Covid.
Y este mes de diciembre, la italiana Federica Mogherini, ex alta representante de la Comisión para Asuntos Exteriores, dimitió como rectora del Colegio de Europa tras ser imputada por un caso de presunto fraude y corrupción relacionado con subvenciones europeas a esa institución educativa.
Escándalos de corrupción los hay por desgracia en todas partes -basta fijarse en lo que ocurre también en nuestro país- , pero en Bruselas gusta mucho eso de dar lecciones resto del mundo, sobre todo a los países del Sur Global.
Al margen de esos casos de dudosa moralidad, tampoco puede decirse que por ejemplo en el terreno económico las cosas pinten demasiado bien en las industrias hasta hace poco más arraigadas en el Viejo Continente, sobre todo tras la suicida renuncia al gas barato ruso para sancionar a ese país por su invasión de Ucrania.
Así, en abril, el Tribunal de Cuentas publicó un informe sobre los esfuerzos para duplicar hasta un 20 por ciento la cuota europea en el mercado mundial de microchips, pero a duras penas parece que llegamos al 12 por ciento.
En lo que sí parece en cambio que se ha dado un acelerón es en el sector armamentista, en el que muchos países, empezando por Alemania, ven ahora la manera de compensar el acusado declive de las industrias tradicionales como la automovilística o la química.
La militarización creciente de nuestras sociedades con la inestimable ayuda de muchos medios, que, reproduciendo acríticamente los discursos políticos, agitan continuamente el espantajo de la “amenaza rusa”, contribuye a tan peligroso impulso belicista.
También ha habido un esfuerzo en el sector aeroespacial, y así la Agencia Espacial Europea ha aumentado en un 30 por ciento hasta 22.100 millones de euros su presupuesto trienal.
Habrá que ver en qué porcentaje se dedica ese dinero proyectos civiles y en qué a otros de tipo más bien militar bajo la etiqueta de “doble uso”.
Mientras tanto, la financiación de la guerra de Ucrania en tiempos de grandes dificultades presupuestarias no ha hecho más que agravar las divisiones en el seno de la UE.
Esto se puso de manifiesto sobre todo en la reciente disputa en torno a la utilización de los activos rusos confiscados para la concesión de un crédito multimillonario sin intereses a Kiev.
El trío alemán que forman el canciller federal, Friedrich Merz, la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, y el del Partido Popular Europeo, Manfred Weber, vieron rechazada su propuesta en ese sentido y que apoyaban los nórdicos y las pequeñas repúblicas bálticas.
El húngaro Viktor Orbán, el eslovaco Robert Fico y el checo Andrej Babis no se sumaron tampoco a la opción alternativa, consistente en la emisión de deuda comunitaria para un préstamo multimillonario a Ucrania que Kiev difícilmente va a devolver un día y que habrán de soportar en última instancia los ciudadanos europeos.
Por último, no puedo dejar de mencionar la escandalosa inclusión del analista geopolítico y ex coronel de los servicios secretos suizos Jacques Baud en una “lista negra” de sancionados por la UE, que equivale a la “muerte civil” de los sancionados.
Sin juicio ni aviso previos, Baud y otros como él se han visto privados de todos sus derechos, incluso el de disponer libremente de sus cuentas bancarias, realizar trabajos remunerados o viajar dentro de la UE.
El delito de Baud, el único de la lista cuyos escritos conozco, es haberse permitido disentir del relato oficial de la OTAN y de la UE según el cual Rusia es la única responsable de la guerra de Ucrania y cualquier otra cosa es “desinformación” o “propaganda del Kremlin”.
¡Malos tiempos no sólo para la libertad de opinión, sino también para el Estado de derecho en su conjunto en esta Europa que tanto se jacta de defender la democracia!