LA VUELTA: El ciclismo israelí y los cómplices patrios - por Joaquín Rábago
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El ciclismo israelí y los cómplices patrios
Joaquín Rábago
He visto en las principales noticias de la televisión alemana las fuertes protestas de los ciudadanos contra la participación israelí en la vuelta ciclista a España, incluida la dura actuación de la policía del ministro Grande-Marlaska contra los manifestantes.
Es toda una noticia que España ocupe un espacio importante en una televisión como la alemana, cuya información internacional deja normalmente bastante que desear.
He visto luego en medios españoles a la presidenta de la Comunidad madrileña saludar cariñosamente a los ciclistas participantes en el equipo israelí, que dirige un sionista radical y amigo del criminal de guerra Benjamín Netanyahu.
He escuchado también al jefe de nuestra oposición, Núñez Feijoo, acusar al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de alentar las protestas propalestinas que obligaron a anular la Vuelta en su última etapa, que debía desarrollarse en el que es feudo principal del PP.
Si el partido de Núñez Feijoo no es capaz de condenar en los términos más duros y contundentes posibles una barbarie como la que Israel comete diariamente en Gaza y carga, en cambio, contra el Gobierno de la Nación, ¡apaga y vámonos!
¿En qué van a ponerse alguna vez de acuerdo Gobierno y una oposición que, con total desprecio de las más elementales reglas democráticas, insulta diariamente al Presidente y considera ilegítimo su Gobierno?
Pero si a uno le repugna la actitud del PP en este asunto, sobre el que debería haber total unanimidad al tratarse de un genocidio diario a la vista de todos, también le repugnan, por especiosos y cínicos, los argumentos expresados por algunos periodistas que defienden a Israel.
Dicen éstos que hay que dejar siempre la política al margen del deporte. ¡Como si precisamente los Gobiernos no utilizasen también el deporte como propaganda!
No hay que remontarse para ello a los Juegos Olímpicos de Berlín, que organizó la Alemania de Adolf Hitler en 1936 para proyectar la imagen de un país pacífico y tolerante.
También Israel utiliza el deporte como parte de su propaganda, que ellos llaman “hasbará”, para bruñir una imagen que sus crímenes nefandos han ennegrecido ya para siempre.
Por cierto, ¿qué hace también Israel en el festival de Eurovisión? ¿No es una auténtica vergüenza para quienes lo organizan que ese país no haya sido todavía expulsado del mismo?
He escuchado también a periodistas acusar a Sánchez de no consultar a Bruselas antes de tomar ese tipo de decisiones.
Pero ¿qué cabe esperar de una Comisión como la de Ursula von der Leyen, cada vez más centralista e intolerante de la autonomía de los gobiernos?
Y sobre todo, ¿hay que escuchar lo que dicen en Bruselas en lugar de lo que gritan desde que empezó la masacre los propios ciudadanos?
Reconoce magnánimo el líder del PP que se puede “mostrar repulsa” a lo que está ocurriendo en Gaza pero se debe hacer “con respeto hacia los demás”.
¿Con el mismo respeto con el que Israel trata desde el año mismo de su fundación a los palestinos? ¿De igual modo que el Estado sionista respeta la soberanía e integridad de Qatar, Líbano, Siria, Irán o Yemen?
Es como para vomitar.