
Canarias, conocidas como las islas afortunadas, esconden un lado oscuro. Sus montes y barrancos están plagados de zulos, donde malviven cientos de perros en condiciones deplorables. Para beber agua corrompida, para comer comida en descomposición, algunos, ni eso. Viven a la intemperie soportando el calor del verano y las lluvias del invierno, encadenados las 24 horas del día pasan la vida, a tan sólo unos metros de los turistas que disfrutan de las playas, ocultos a la vista de todos.
Últimamente estoy comprobando un sentiiento creciente de rechazo a las posiciones pesimistas. Es la gente que dice que hay que pensar en positivo. Yo me niego a eso. Creo que es obligado llamar a las cosas por su nombre. Como hace Enrique Bethencourt desde su LA TIRADERA.