
En realidad son muchos los obispos fanáticos que sintiéndose “heridos” en su fe, no dudan en cargar contra todo y todos los que atreviéndose a manifestar o practicar acciones personales o colectivas, que con arreglo a sus criterios y cánones religiosos establecidos por la iglesia, pretenden que sean el “santo y seña” para todos los ciudadanos y de obligado cumplimiento.
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Max Pradera dice en Twitter esta verdad incuestionable y aprovecha para recordar el enlace a un vídeo que deja constancia en YOUTUBE de un actuación memorable de este ministro, exhibiendo una evidente intoxicación etílica. No seré yo, a diferencia de él, quien condene ninguna flaqueza ajena, pero, por su Dios, que se retire a su conventon y libe allí en paz, sin jeringarle la vida al prójimo y a las prójimas.