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08:22h. martes, 07 de diciembre de 2021

Unir Turismo y Cultura en las instituciones canarias, Michel Jorge Millares [adecuado, no oportuno]

En un estupendo texto en su ISLAS BIENAVENTURADAS, Míchel Jorge Millares se arma de argumentos y datos históricos para defender no solamente que en el negocio turístico el hecho cultural es un atributo esencial que marca la necesaria diferenciación competitiva sino que, además, en Canarias -Michel se remonta nada menos que a 1910- ya hubo mucha gente intentando afianzar el turismo con nuestra identidad cultural. Y concluye, con tanta razón como poco futuro, en que lo lógico sería que en el dispositivo gubernamental los asuntos de Cultura estuvieran unificados con los de Turismo. Una idea lógica y sensata pero que, tengo que insistir, no será escuchada.

No será escuchada, porque la miopia intelectual congénita de que adolecen nuestros gestores políticos y empresariales les impide ver la absoluta exigencia de diferenciación que impera en un mercado tan competitivo como es el turístico. 

En tales condiciones de brutal competencia, solamente hay dos caminos para sobrevivir -uno mal; el otro, bien- en el turismo.

Uno, efímero y perverso, conduce al enriquecimiento solamente de las empresas, con un fracaso absoluto en la rentabilidad social. Es el camino elegido por quienes nos gobiernan y quienes dirigen nuestras empresas, el del turismo masivo. Una explotación inmisericorde y abusiva de nuestros recursos naturales y de la fuerza de trabajo, a costes mínimos para posibilitar precios bajos y atender a multitudes de clientes. Alta facturación, con ínfimos precios unitarios. En estos momentos, la estrategia está teniendo un éxito cuantitativo enorme, pero que únicamente favorece a las empresas, porque ni siquiera la alta facturación da para remunerar como es debido a la masa social. Y se trata, para mayor desgracia y ridículo, de un éxito coyuntural, debido a los lamentables acontecimientos que tienen lugar en otros destinos.

El otro camino, el sólido, el que garantiza una permanencia estable en el mercado, generando beneficios, para las empresas también, como es razonable, pero sobre todo para el país y para la gente, es el turismo selectivo. Ya saben: pocos turistas, a quienes se atiende magníficamente y que saben apreciar la calidad y pagan por ella los precios que cuesta. Este modelo se basa en una oferta de ocio diversificada, playa, deportes, montaña, senderismo... y cultural. Porque los targets del turismo selectivo, además de un alto nivel económico, registran un fuerte interés por la cultura. Aclararé que no me refiero a los targets de los potentados, sino a gente de clase media alta. A los hombres y las mujeres profesionales y artistas que sienten la cultura también como un medio de esparcimiento y goce. Y, como corola de beneficios, es la gente que más aprecia la naturaleza y el conservacionismo y respeta el medio. De manera que la explotación turística rinde mucho más beneficio a un menor coste ambiental.

Este modelo del turismo selectivo, que debería iniciarse en Canarias reduciendo al menos dos partes de su elefantiásica oferta, se apoya, como parece claro, en la cultura. La cultura local y la universal. Se trataría, si las islas y sus empresas estuvieran dirigidas con sindéresis, de proteger y alentar a nuestras manifestaciones identitarias, desde la agricultura, ganadería, artesanía, gastronomía, deporte, al folclore, a las artes, a las letras y, al mismo tiempo, a la actividad cultural -si se me permite el atroz pleonasmo- "culta". En Canarias tenemos gente que practica la cultura en todas sus diversas modalidades. Gente que lo hace, en verdad, de manera heroica, cada vez con menos medios. Sin embargo, rara vez se utiliza todo este amplio mosaico cultural como reclamo turístico y, menos todavía, formando parte de la oferta de ocio al turismo. ¿A quién se le ocurre ofrecer a los y las visitantes asistir a una luchada, una pegada de vela latina, a una apañada? ¿Quién les dice al turismo que en Canarias se ejecuta música, popular, moderna, sinfónica, de primera calidad, todos los días, en todas las islas? ¿Quién ve a los y las chonis en nuestros sabrosos restaurantes tradicionales -los que resisten y van quedando, claro- o  en las exposiciones plásticas que se prodigan, en ambientes desérticos a menudo, en ciudades y pueblos? ¿Quién informa, en fin, al turismo de que Canarias es rica en practicantes de fenómenos culturales de más que decente categoría, desde quienes ejecutan con primor papas, quesos o vinos hasta quienes demuestran su maestría con Dvorak o se fajan en la escultura o la pintura? Nadie. Y así nos va.

Por eso le digo, con el alma transida, al preocupado por el turismo Michel Jorge Millares que su propuesta, como diría Churchill, es adecuada, pero no oportuna. Porque ¿se imaginan a Paulino, actual consejero de Turismo, ocupándose también de la Cultura? ¿piensa alguien que a Ricardo, el pseudotecnócrata asesor turístico de Paulino, el supuesto experto que solamente sabe contar, le importa un millo la cultura?

Muchas cosas tienen que cambiar en Canarias para que las cosas se hagan con fundamento

 

http://islasbienaventuradas.blogspot.com.es/2014/04/por-una-consejeria-o-area-de-turismo-y.html