18 de mayo: Canarias despierta, grita y no se calla más - por Antonella Aliotti
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18 de mayo: Canarias despierta, grita y no se calla más
Antonella Aliotti
Feminista radical y antirracista
Defensora de la Casa Común
Activista de DDHH y Sociales
El 18 de mayo de 2025 será recordado. Como un temblor que se extendió por las islas. Como una ola que no destruye, sino que sacude conciencias.
La manifestación fue masiva. Brutal. Sorprendente. Poderosa.
Durante casi cuatro horas se necesitó respirar cada paso, cada pancarta, cada grito. Porque fue mucha gente. Muchísima. Y no era una manifestación más. Fue una manifestación histórica. Una declaración de dignidad. Una rebelión popular.
Desde todas partes llegaron voces. Jóvenes, mayores, migrantes, trabajadoras, paradas, madres, estudiantes, pensionistas. El pueblo canario, harto de ser decorado y explotado. Harto del turismo que lo invade todo. Harto de que su hogar no sea suyo. Harto de sobrevivir con sueldos indignos en un paraíso que solo sirve a otros.
Porque Canarias es colonia. Y las colonias se levantan.
Canarias no es destino. Es territorio. Y el territorio se defiende. Con los pies. Con la voz. Con la memoria. Con rabia. Con ternura.
El turismo basura ese que lo devora todo, que arrasa con la costa, con el agua, con la tierra, que convierte viviendas en negocios y la vida en mercancía… fue señalado. Alto y claro.
Los sueldos de miseria. Las colas del hambre. Las listas de espera eternas. Las pensiones que no alcanzan. Todo salió a la calle. Porque la pobreza en Canarias ya es estructural. Y eso es violencia. Violencia política. Económica. Patriarcal.
Sí, patriarcal.
Porque esta tierra colonizada tiene el mismo cuerpo que las mujeres colonizadas. Explotadas. Sexualizadas. Usadas. Silenciadas. Disciplinadas. Invisibilizadas.
¿Qué diferencia hay entre un hotel de lujo en primera línea de playa y el cuerpo de una mujer al servicio del deseo ajeno?
Ambos son ocupados. Ambos son saqueados. Ambos son negados como sujetos de derecho.
Pero ya no.
El 18M fue también un grito feminista radical. Sin maquillaje. Sin transversales tibias. Fue la voz de las mujeres que saben que el territorio y el cuerpo no se negocian. Se defienden.
Porque no hay justicia climática sin justicia social. Porque no hay justicia social sin justicia feminista. Porque no hay feminismo sin defensa del territorio.
Y ese día, lo dijimos todas. Con pancartas y con pasos. Con canciones y con rabia. Con la memoria de nuestras ancestras. Con el fuego de nuestras hijas.
Canarias habló. Y no lo hizo en susurros. Lo hizo a gritos.
Y no hay vuelta atrás.