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jueves, 04 de junio de 2026 00:14h.

CANARIAS: Las piscifactorías no son futuro, son destrucción y contaminan - por Javier Marrero

FR JM

 

CANARIAS:

Las piscifactorías no son futuro, son destrucción y contaminan

Javier Marrero

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La noticia reciente no sorprende, una mortalidad masiva de lubinas en la piscifactoría Aquanaria, seguida inmediatamente por una exigencia de indemnización de 15 millones de euros. La rapidez en reaccionar, no con transparencia, no con responsabilidad ambiental, sino con una demanda económica, es reveladora. Habla de prioridades. Habla del modelo. Habla de la impunidad y sobre todo, habla de culpabilidad.

AQUANARIA


Porque cuando un sistema industrial que utiliza espacio público marino, contamina ecosistemas y opera con márgenes ecológicos mínimos pretende además ser compensado por los daños que él mismo genera, no estamos ante un accidente, estamos ante un abuso estructural normalizado. El modelo es simple, beneficios privados, daños públicos

Las piscifactorías en mar abierto funcionan bajo un patrón ya conocido. Se instalan en ecosistemas sanos y los explotan intensivamente hasta degradarlos. Cuando el daño es irreversible, se desplazan a otro tramo de costa y piden indemnizaciones, permisos nuevos o ampliaciones.

PISCIFACTORIA
PISCIFACTORIA


Es exactamente el mismo esquema que las macrogranjas terrestres, monocultivo animal, opacidad, residuos tóxicos, presión política y grandes lobbies detrás.

Canarias no es una excepción, es objetivo.

Lo que no quieren que se diga es que esto contamina.

PISCIFACTORIAS GREENPEACE
 GREENPEACE


Desvelamos el horror de las macrogranjas marinas  

Marta Martín-Borregón, GREENPEACE


Una piscifactoría marina libera toneladas de heces y restos de pienso al mar, introduce antibióticos, antiparasitarios y químicos que afecta a la fauna salvaje con patógenos y alteraciones genéticas, destruye praderas marinas, sebadales, corales, fondos arenosos y biodiversidad costera.

Incluso lo que ahora ocurre, muerte masiva de peces, no es una anomalía, es consecuencia directa del propio sistema.

Cuando la materia orgánica se acumula en exceso en un entorno con poco oxígeno (como debajo de las jaulas), las bacterias la transforman en ácido sulfhídrico (H₂S), un gas mortal capaz de convertir el fondo marino en un cementerio biológico. Esto no es teoría, es ecología básica. Ellos lo saben, las administraciones lo saben y los pescadores artesanales lo llevan denunciando décadas.

Y ahora quieren continuar en La Aldea, cerca de Guguy, lo poco que queda limpio.

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La nueva intención de ampliar o mover instalaciones hacia zonas como La Aldea en el entorno de Guguy, uno de los tramos más prístinos de la costa grancanaria, es mucho más que una mala decisión, es un ataque directo a un patrimonio natural que pertenece al pueblo, no a una empresa con intereses privados. No se puede vender como “desarrollo sostenible” lo que es simple colonización industrial del mar. ¿Y la pesca tradicional? Desplazada, silenciada e ignorada.

PROYECTO DE PISCIFACTORIA EN LA ALDEA
PROYECTO DE PISCIFACTORIA EN LA ALDEA


Mientras el discurso institucional repite mantras como “economía azul”, “innovación marina”, “sostenibilidad empresarial”, la realidad es otra. Los pescadores artesanales pierden áreas de trabajo, las especies locales ven alteradas sus hábitats. Las comunidades costeras son reemplazadas por intereses empresariales.

PISCIFACTORIAS

La acuicultura no consigue ser sostenible: contaminación, biodiversidad, acuaponía… 

Alberto Medina BLOG SOSTENIBE
 

Este no es un modelo alimentario, no alimenta al territorio, no genera soberanía alimentaria.

Solo genera negocio para unos pocos y consecuencias irreversibles para el resto.

Esto no es progreso, es extractivismo.

Las piscifactorías en mar abierto son infraestructuras de sacrificio, sacrifican biodiversidad, sacrifican paisaje, sacrifican actividades tradicionales y sacrifican calidad del agua.

Y cuando ya no queda nada por extraer, se marchan y dejan atrás un ecosistema enfermo.

Canarias tiene que dejar de ser vertedero del beneficio privado.

No puede ser un archipiélago convertido en laboratorio de ensayo para el capital azul.

No puede tener macrogranjas marinas disfrazadas de sostenibilidad.

Y en este caso y en todos los demás no se puede pagar con dinero público la negligencia privada.

Hay que trabajar por un mar vivo, una pesca digna y un territorio respetado. Porque el mar no  puede ser negocio tiene que ser vida y quien lo contamina, quien lo explota, quien lo considera mercancía, debe ser señalado, fiscalizado, penalizado y expulsado.

Ya basta.

PISCIFACTORIAS
JAVIER MARRERO
JAVIER MARRERO

Javier Marrero

 

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