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jueves, 04 de junio de 2026 00:14h.

En defensa de una Economía de sistemas José Manuel Naredo, discurso en la concesión de doctorado Honoris Causa por la UNED

 

 

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FEDERICO CHEMA

En defensa de una Economía de sistemas

José Manuel Naredo

 

JOSÉ MANUEL NAREDO
JOSÉ MANUEL NAREDO

 

   

Discurso de José Manuel Naredo con motivo de su investidura como doctor honoris causa por la UNED

 

 

Madrid, 6 de mayo de 2025

---o0o---

EL PAPEL DE LAS CIENCIAS SOCIALES EN LA ACTUAL CRISIS DE CIVILIZACIÓN

 

Agradecimientos

Agradezco este nombramiento de Doctor honoris causa por la UNED valorando positivamente ―como ha expuesto en la laudatio mi ilustre padrino― mi afán de trascender la actual torre de Babel de las especialidades científicas con aportaciones que tienen difícil encaje en la clasificación estándar del conocimiento académico. Y lo agradezco especialmente cuando mi trayectoria como investigador libre que me ha llevado a la transdisciplinariedad, es cada vez más rara en una sociedad en la que las funciones están cada vez más reglamentadas y compartimentadas. Cuando se minusvalora, así, el afán de pensar más allá de las matrices disciplinares establecidas y se penaliza cualquier atisbo de “revolución científica”.

Esta valoración desde las ciencias políticas y sociológicas de mi talante transdiciplinario e incentivador como investigador libre, viene a completar las que me habían hecho desde foros liderados por geógrafos, ecólogos y naturalistas cuando me concedieron algunos premios por este motivo1. Pues siendo mi formación originaria de economista y estadístico, me hace ilusión que se reconozca ahora desde las ciencias sociales mi continuado afán de compartir con profesionales de otros campos la reflexión económica, al pensar que así lo requieren los aspectos tan amplios y multidimensionales relacionados con la gestión económica. Y este afán de compartir la reflexión ha sido muy enriquecedora al aportarme, no solo conocimiento, sino también disfrute de la vida intercambiando afecto e intelecto.

Tras la referencia hecha en la laudatio a mi trayectoria intelectual no es cosa de redundar en ella, por lo que orientaré el discurso a reflexionar sobre el papel de las ciencias sociales en la actual crisis de civilización, para lo que considero de gran utilidad las propuestas de análisis transdisciplinar que he venido practicando y que justifican mi actual nombramiento.

Reflexiones sobre la encrucijada actual: crisis de civilización y crisis del pensamiento crítico

El aumento conjunto del deterioro ecológico, de la precariedad económica y de la polarización y la crispación social muestran el declive de la civilización o supersistema cultural globalizado que nos está tocando vivir. Pero, cuanto más evidente se hace la crisis

 

 
   

 

1Tales como el Premio Nacional de Medio Ambiente 2000, el Premio Internacional GEOCRÍTICA 2008, el Premio Panda de Oro 2011, otorgado por el WWF con motivo de su 50 aniversario, el Premio de la Fundación Fernando González Bernáldez 2018… o el nombramiento de profesor ad honorem en el Departamento de Urbanística y Ordenación del Territorio en la ETS de Arquitectura de Madrid.

 

de civilización, más difícil parece reconducirla hacia horizontes ecológicos y sociales más prometedores. Mi último libro2 apunta a explicar las causas del impasse socio-político que subyace a esta paradoja, viendo cómo el discurso crítico, desorientado por señuelos e idolatrías y lastrado por palabras vacías de contenido que acostumbro a denominar no- conceptos3, no ha conseguido identificar bien la actual tiranía corporativa que gobierna el mundo, ni trascender el núcleo duro de la ideología dominante que permanece así en buena medida al resguardo de la crítica.

Sombras del conocimiento parcelario

Entre las causas, quiero empezar señalando que el predominio actual de los enfoques sectoriales y parcelarios limita ya de por sí el conocimiento. Hemos de recordar que ideología es el vehículo espontáneo que conduce nuestros enfoques, instituciones y comportamientos y que un determinado enfoque subraya e incluso cuantifica ciertos aspectos, pero por fuerza soslaya otros, de ahí que, en ocasiones, prime su función encubridora. Y la percepción del presente y del pasado condiciona la imaginación del futuro y las posibilidades de cambio: si se mira con un único enfoque el pasado y el presente, el futuro aparece como una foto fija del presente, induciendo a postular el fin de la historia. Así las cosas, desmontar la ideología dominante exige trascender el habitual conocimiento parcelario para relativizarla y ver que no existió ni fue dominante en el pasado, ni tiene por qué seguirlo siendo en el futuro.

Por ejemplo, se establece que hay dos disciplinas diferentes: por un lado, la política que se ocupa del poder y, por otro, la economía que se ocupa de la riqueza. Y al considerar ambas separadas de la moral, se idearon mecanismos mercantiles y democráticos para reorientar hacia el bien común los afanes de acumular poder y riqueza de las personas. Pero acontecimientos como la presidencia de Trump en EEUU, con el apoyo su principal consejero Elon Musk, que fusionan a la vez poder y riqueza, revientan desde dentro esa frontera ficticia. Pues la realidad no tiene costuras y en ella el poder se solapa a diario con la riqueza4 aflorando fenómenos que perturban esos mecanismos: aparece una “picaresca empresarial” que busca “políticos conseguidores” para hacer buenos negocios y surgen relaciones clientelares entre las personas asociadas a esas organizaciones jerárquicas que son las empresas y los partidos políticos, que recorren todo el cuerpo social y explican en buena medida esa “servidumbre voluntaria” de la que nos hablaba La Boétie hace siglos. Como también se observa que el habitual conocimiento parcelario acostumbra a segregar la economía estándar de esa economía de la física que es la termodinámica y de esa

 

 

 

 
   

 

2 Naredo, J.M. (2022) La crítica agotada. Claves para un cambio de civilización, Madrid, Siglo XXI.

3 La palabra «concepto» procede de «concebir o idear» algo que se supone tiene algún contenido.

El «concepto» trata así de acotar o definir ese contenido. El problema estriba en que a veces se consigue que el «concepto» defina bien un contenido que se supone tiene correspondencia con la realidad, pero otras el

«concepto» queda difuso e incluso sobrevuela el mundo real, con el agravante de que se le atribuye una realidad que no existe. Entramos aquí en el terreno de los mitos, las metáforas encubiertas o los términos fetiche, que proliferan en el campo más permisivo de las ciencias sociales y que se enarbolan con apasionada fuerza en la retórica política. Acostumbro a denominar «no-conceptos» o «pseudoconceptos» a estos «conceptos» deshilachados o difusos y a reflexionar sobre las consecuencias encubridoras que suele entrañar su uso generalizado.

4 En Naredo, J.M. (2015) Economía, poder y política, Madrid, Díaz & Pons, analizo cómo el poder es la bisagra que conecta economía y política.

 

economía de la naturaleza que es la ecología, cuando una gestión razonable reclamaría una buena puesta en común.

¿Qué lugar ocupan las ciencias sociales?

¿Qué lugar ocupan en la actual encrucijada las ciencias sociales? Desde antiguo, se ha venido pensando que las personas serían capaces de mejorar la sociedad y que las ciencias sociales contribuirían a ello. Pero ahora vemos que las ciencias sociales no solo tratan de cumplir esa función, sino que han generado nuevas mitologías legitimadoras del statu quo que son, a la vez, instrumento y parte de la ideología dominante. Las ciencias sociales juegan, así, un papel ambivalente: por una parte, ejercen como corrientes legitimadoras y/o gestoras del statu quo, por otra, mantienen su mordiente crítico, ejerciendo como corrientes heterodoxas. La libertad de pensamiento de la que, por principio, hace gala la universidad, la obligan a albergar tanto a unas como a otras. Aunque los enfoques analítico-parcelarios y los baremos de puntuación habituales acostumbran a penalizar la transdisciplinariedad y, por ende, a las corrientes críticas, por lo que reitero mi agradecimiento a la UNED por valorar la transdinsciplinariedad positivamente.

Escapar del actual impasse exige trascender la ideología dominante

Escapar del actual impasse exige ser conscientes de que la razón científica no ha contribuido tanto a desencantar y desacralizar el mundo como a cambiar los referentes simbólicos y revestirlos con nuevas racionalidades domesticadas, con sus nociones de sistema económico y político a la cabeza, que hay que relativizar y trascender, para poder identificar bien la sociedad actual y su posible evolución. Para conseguirlo, he venido analizando la génesis, evolución y perspectivas de esas nociones, con su correspondiente aparato conceptual, avanzando en una especie de genealogía conceptual orientada a desvelar las trampas del lenguaje que apuntalan el statu quo a la vez que descarrían y agotan la crítica social. Las investigaciones antropológicas que durante las últimas décadas han venido cuestionando la presunta universalidad de la noción occidental de la naturaleza humana en la que acostumbran a apoyarse esas nociones de sistema, me hacen sentirme más acompañado en esta labor.

El aparato conceptual de la ideología dominante es, en buena medida, metafórico

Anticipemos también que el aparato conceptual sobre el que se apoya la ideología dominante es, en buena medida, metafórico. Y que, como nos recuerdan Lakoff y Johnson5, “Las metáforas pueden ocultar aspectos de la realidad […y] una metáfora en un sistema político o económico puede llevar a la degradación humana en virtud de aquello que oculta”.

En lo que sigue me ocuparé de trascender, primero, esa pieza clave de la ideología dominante que es la noción usual de sistema económico, que se enseña en los manuales y que cifran las Cuentas Nacionales, para proponer después otras formas más sugerentes de ver un mundo económico abierto y multidimensional, que interacciona con el mundo físico y social.

El invento de la economía estándar

 

 

 
   

 

5 Lakoff, G. y Johnson, M. (2001) Metáforas de la vida cotidiana, Madrid, Cátedra, p. 281.

 

Veamos cómo la economía estándar nació como disciplina independiente y pretendidamente científica. ¿No se venía reflexionando desde épocas inmemoriales sobre el comercio, los precios y el dinero? Sí, pero al pensar que el juego económico era un juego de adquisición de riqueza, se vinculaba a la moral o al poder. Por ejemplo, la gran obra de Tomás de Mercado Suma de tratos y contratos (1569), que sintetizaba las amplias reflexiones sobre temas económicos que realizaron los juristas y teólogos de la Escuela de Salamanca, era un manual de confesores. Se reflexionaba, sí, pero en manuales de confesores o en memoranda para la Corona. De ahí que, en la primera edición del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española de 1727, la palabra economía no designara todavía ninguna disciplina independiente. E incluso en el esquema del “Sistema figurado de conocimientos humanos” recogido en la gran Enciclopedia francesa (1751-1772) la “economía” y la “política”, no solo formaban parte de la Filosofía y la Moral, sino de la Ciencia de las Leyes y la Jurisprudencia. Veamos, pues, cómo la “economía” se acabó emancipando de la moral y erigiéndose en disciplina independente.

Desde la primera edición de mi libro La economía en evolución 6 he venido señalando cómo la metáfora absoluta de la producción es la pieza clave sobre la que se levanta la ideología económica dominante revestida de racionalidad científica, con la noción usual de sistema económico y el objetivo del crecimiento (de dicha producción) a la cabeza. Entendiendo que, según la metaforología, una metáfora absoluta es aquella que permite transferir ideología y juicios de valor sobre temas socialmente relevantes sin contar con apoyo racional ni empírico alguno, por lo que su función expresiva no puede, racionalizarse, ni el concepto sustituirse, ocupando un lugar esencial en la historia del pensamiento, en este caso, económico.

En el libro antes mencionado, creo haber demostrado solventemente cómo la economía nació como disciplina independiente de la moral y del poder, allá por el siglo XVIII, asumiendo por primera vez el propósito de acrecentar de forma desacralizada “la producción de riquezas renacientes sin menoscabo de los bienes fondo”. Y esto ocurrió cuando predominaba una visión organicista del mundo, asociada a las creencias alquímicas, en la que se pensaba que no sólo las cosechas, la pesca o los bosques, sino también los minerales, estaban sujetos a procesos crecimiento y perfeccionamiento en el seno de la Madre-Tierra y que hasta los continentes y la Tierra misma dilataban sus límites, aportando visos de racionalidad a las ideas de forzar y orientar con la intervención humana el crecimiento de esas producciones hacia fines utilitarios. Y, al proponerse este objetivo que se suponía bueno para todo el mundo, la economía pudo emanciparse de la moral y del poder a los que antes estaba ligada al ser considerado hasta entonces el proceso económico como un mero proceso de adquisición de riqueza y no de producción de la misma. El famoso Tableau économique (1758) de Quesnay ―el más destacado de los autores franceses de la época, hoy calificados de “fisiócratas”, creadores de la idea usual de sistema económico, con su carrusel de la producción y del consumo― incluía, así, los minerales entre las “riquezas renacientes” que se suponían asociadas a la Madre- Tierra y clasificaba la minería entre las actividades “productivas”, junto a la agricultura. Pero este autor insistía en dejar bien claro que, según su criterio, producir no era sin más

 

 

 
   

 

6 Naredo, J.M. (1987, 4ª edición actualizada 2015) La economía en evolución. Historia y perspectivas de las categorías básicas del pensamiento económico, Madrid, Siglo XXI.

 

el resultado de revender con beneficio, sino de “acrecentar las riquezas renacientes” ya que se podía revender con beneficio de formas bien distintas.

Con la ruptura epistemológica posfisiocrática la economía se consolida como disciplina independiente, aislándose

Tras desplomarse en los inicios del siglo XIX la cosmología arcaica que había impregnado de racionalidad a las nociones de producción y crecimiento (de esa producción) éstas siguieron gozando de buena salud al cortarse el cordón umbilical que unía originariamente la noción de sistema económico al mundo físico y trasladar ese sistema al universo autosuficiente de los valores monetarios, en el que ha seguido imperando la metáfora absoluta de la producción (vacía ya del contenido físico originario) y el objetivo del crecimiento de la misma, como piezas claves de la ideología económica dominante. Este desplazamiento de la noción usual de sistema económico de lo físico a lo monetario, que he venido denominando ruptura epistemológica posfisiocrática, permitió dos cosas. Primero permitió que, en contra de lo que postulaba Quesnay, producir acabara siendo simplemente revender con beneficio, pues el PIB es el mero resultado de restar al valor monetario en venta de determinados “bienes” y “servicios”, el valor de lo gastado en su obtención. Lo cual permite hablar, por ejemplo, de producción de oro o de petróleo, cuando se sabe que se trata de meras extracciones de ciertos stocks singulares que alberga la corteza terrestre, ya que hoy se tiene plena conciencia de que ni los minerales crecen ni se perfeccionan en el seno de la tierra, ni ésta dilata sus límites. Y, segundo, permitió cerrar la brecha ―ya advertida por Aristóteles― que separaba economía (gestión) y crematística (adquisición) dando por bueno todo el lucro que resultaba de revender con beneficio. Y esta noción de producción, con la idea usual de sistema económico construida sobre ella, se han naturalizado y asumido con generalidad como si fueran universales. Se olvida que son una creación de la mente humana que nació en el siglo XVIII como fruto de un maridaje entre la filosofía mecanicista y las creencias alquímicas, que ejerce una clara función apologética del comportamiento de la civilización industrial, al revestir con el velo de la producción lo que es mera extracción y adquisición con consecuencias ecológicas y sociales poco recomendables.

La construcción social de la realidad económica: la metáfora de la producción y la idea usual de sistema económico

Considero que la configuración de la noción usual de sistema económico ejemplifica bien los pasos marcados por la Sociología del conocimiento para construir socialmente las elaboraciones que se asumen como “realidad”, expuestas en el libro pionero de Berger y Luckmann titulado La construcción social de la realidad 7. Dicen estos autores que este proceso se descompone en tres fases: 1) Formulación de un mundo; 2) Objetivación o cosificación de ese mundo socialmente producido; 3) Aceptación generalizada del mismo como algo objetivo y universal. En el caso de la idea usual de sistema económico estas fases son las siguientes: 1) Formulación de esta idea de sistema económico asociada al mundo físico por los autores franceses del siglo XVIII hoy llamados fisiócratas; 2) Desplazamiento de esta idea hacia el mundo monetario y objetivación de la misma (PIB);

3) Aceptación generalizada de la misma como realidad de carne y hueso (plasmada en el

 

 
   

 

7 Berger, L. y Luckmann, T. (1968), La construcción social de la realidad, Buenos Aires, Amorrortu.

 

sistema de Cuentas Nacionales) olvidando los razonamientos que en su día justificaron esta creación de la mente humana. Tras la representación numérica de esa noción de sistema económico subyace un paradigma contable cuya axiomática cabe desvelar para identificar bien la lógica y las limitaciones de ese sistema.

La axiomática que subyace a la noción usual de sistema económico y sus enseñanzas

El análisis de cómo se generó y evolucionó la idea usual de sistema económico realizado en mi libro antes citado se remata con el capítulo 24, que formula la axiomática que lo informa y delimita sus piezas, lo que permite aclarar aspectos importantes relacionados con la definición de la propia disciplina8, con su falsa condición de ciencia cuantitativa9 y, sobre todo, con su aislamiento de otras disciplinas que resulta de circunscribir su razonamiento al universo aislado de los valores monetarios. En efecto, un aspecto que aclara la axiomática que subyace a la noción usual de sistema económico es que se trata de un sistema que razona en el universo aislado de los valores monetarios. Los objetos económicos nacen y mueren en el seno del mismo sistema: nacen cuando la llamada función de producción les infunde valor monetario y desparecen cuando pierden su valor y se dice que son consumidos, ignorando que antes de ser valorados existían en forma de recursos, y que siguen existiendo después de perder su valor en forma de residuos. El

 

 

 
   

 

8 Los esfuerzos de los economistas orientados a conseguir definiciones enunciativas explícitas del objeto de su ciencia (apelando para ello a la escasez, a la utilidad… o al esfuerzo) se fueron abandonando por considerarlo inalcanzable e innecesario, como pontificó Samuelson en las numerosas ediciones de su conocido manual. Sin embargo, a medida que se extendió la idea de que el objeto de la ciencia económica era algo tan extremadamente difuso que no encontraba definición en el terreno de las palabras, se han venido desarrollando Contabilidades Nacionales que ofrecen versiones cifradas cada vez más prolijas del sistema económico que son aceptadas con generalidad por los economistas. Así, se da la paradoja de que el acuerdo que éstos no pudieron explicitar en el terreno de las palabras afloró con fuerza en aquel otro más contundente de los hechos, cuando las clasificaciones y agregados de las Contabilidades Nacionales ofrecen una versión de sistema económico generalmente admitida por los economistas expresable no ya en el lenguaje corriente, sino en el lenguaje matemático. Pero los criterios que informan la construcción de tales sistemas contables no han caído del cielo, sino que recogen las categorías que había venido generando el pensamiento económico patrocinadas por la metáfora de la producción. La teoría del conocimiento aclara lo anterior cuando advierte que la definición del objeto de estudio de las distintas ramas de la ciencia no suele ser precisable mediante definiciones explícitas, ya que viene delimitado implícitamente por la estructura de axiomas por la que se rigen. Por ejemplo, como ya hice referencia en la 1ª edición de La economía en evolución, el manual de Termodinámica de Abbott &Van Ness (1975), no definía la energía como algo que da calor o mueve cosas, sino que precisaba que “la energía es una abstracción matemática que no tiene otra existencia aparte de su relación funcional con otras variables o coordenadas que tienen una interpretación física y pueden medirse” (es decir, que están vinculadas al Sistema Internacional de Unidades Físicas (el SI) sobre el que se construye la llamada ciencia cuantitativa). La manera en la que las abstracciones matemáticas de la energía y la de los objetos económicos toman cuerpo de realidad es bien diferente. Mientras que la energía se vincula al SI con variables que cumplen los requisitos matemáticos de las magnitudes físicas, para que la axiomática que subyace a la idea usual de sistema económico tome cuerpo de realidad, necesita de dos convenciones sociales externas al sistema que precisen lo que es dinero y lo que es propiedad, el primero sirve para contabilizar el valor de los objetos económicos y representar la riqueza y la segunda, para atribuirlos inequívocamente a los agentes económicos, presuponiendo que el sistema de propiedad absoluta es el bueno mientras que los sistemas anteriores, más complejos y compartidos, eran malos o inmaduros.

9 La disciplina que trabaja con los agregados de Cuentas Nacionales no puede calificarse en sentido estricto de ciencia cuantitativa, ya que trabaja con pseudomagnitudes y pseudomedidas Sus agregados se definen por convención de los contables e incumplen los requisitos matemáticos de las magnitudes físicas y el dinero es ajeno al SI. Naredo, J.M. (2022) “La economía y sus medidas”, Sistema, 265: https://elrincondenaredo.org/wp-content/uploads/2022/09/ART_02_JOSE-MANUEL-NAREDO.pdf

 

predominio de este sistema cerrado y unidimensional como guía suprema de la gestión económica cierra la puerta a la puesta en común con otras disciplinas.

Función encubridora: aparece un “medio ambiente” inestudiado

La metáfora de la producción encubre los procesos de extracción y de mera adquisición y los daños ocasionados: aparece, así, un “medio ambiente” físico y social inestudiado por el sistema… al que se añade, para colmo, un “medio ambiente” financiero, plagado de formas de lucro ajenas a esa metafórica producción.

El llamado “medio ambiente” viene siendo el vacío analítico que deja inestudiado el enfoque económico ordinario en el mundo físico, al circunscribir su razonamiento al universo de los valores monetarios. Y cuando la red analítica de la economía estándar deja un medio ambiente inestudiado hay dos formas de abordarlo: 1º) estirando la vara de medir del dinero para atrapar objetos de ese “medio ambiente” y llevarlos al redil del análisis usual coste-beneficio, y 2º) recurriendo a otras disciplinas que toman como objeto de estudio habitual ese “medio ambiente” del enfoque económico corriente. Estas dos formas de tratarlo son las que utilizan, respectivamente, por un lado, la llamada economía ambiental o verde y, por otro, la economía ecológica. El enfoque ecointegrador que vengo proponiendo desde hace tiempo busca conectar ambas aproximaciones primando la integración del conocimiento para unir la reflexión monetaria con la física y la institucional. Pues hemos de recordar que la especie humana forma parte de la biosfera y que esa biología de sistemas que es la ecología debe incluir a la especie humana, con sus convenciones culturales e institucionales de la propiedad y el dinero, de las que en principio se ocupa la economía.

En mi último libro reviso cómo nació y se generalizó, como algo neutro y universal, esa noción de “medio ambiente” aplicada al mundo físico que considero que ha servido para distraer la atención de las verdaderas causas del deterioro ecológico que viene generando la civilización industrial. La proliferación de nuevas administraciones “ambientales” encargadas de velar por algo de lo que carecen de competencias, cuando siguen funcionando las de siempre, con competencias sobre la agricultura, la pesca, la minería, la industria, el urbanismo…o el territorio, genera ya de por sí ineficacia y despilfarro. Como también lo provoca el fallido empeño de corregir los efectos últimos sobre el clima del metabolismo de la sociedad industrial, sin preocuparse de atajar las causas (el uso de la Tierra y sus recursos). Y es que, para ayudarnos a convivir con nuestros males, la mente humana tiende a creer que los problemas pueden solucionarse con eventos ceremoniales, conjuros institucionales u otros gestos dilatorios, sin cambiar el contexto que los genera. Para soslayar el conflicto entre desarrollistas y conservacionistas presente hace medio siglo se inventó la meta del desarrollo sostenible, juntando los opuestos para contentar a todo el mundo. Desde entonces vengo recomendado vigilar críticamente la inflación de adjetivos que se usan para encubrir o edulcorar problemas no resueltos. El hecho de enarbolar las jaculatorias del desarrollo de sostenible, justo, inclusivo, resiliente… revela que el desarrollo que conocemos es insostenible, injusto, exclusivo…y genera logros escasamente resilientes (como evidencian la catastrófica Dana de Valencia o el gran apagón registrado el lunes 28 de abril). El medioambientalismo banal en boga no ha conseguido, así, reconvertir el metabolismo tan ávido de recursos y pródigo en residuos propio de la civilización industrial, sino que lo ha acentuado: la trepidante obsolescencia provocada en aras de las “nuevas tecnologías” y la “transición energética” ha multiplicado exponencialmente la extracción de minerales, a la vez que sigue creciendo la extracción de combustibles fósiles encabezados por el carbón, que lidera este crecimiento.

 

Mi propuesta de enfoque ecointegrador

Frente a los enfoques parcelarios habituales, van emergiendo otros que se podrían agrupar en torno a lo que he venido llamando paradigma ecointegrador, porque defiende el principio de integración en un triple sentido. En primer lugar, integración del conocimiento para trascender los enfoques parcelarios habituales y, sobre todo, el sonado divorcio entre economía y ecología. En segundo lugar, integración de especie humana y naturaleza, recordando que la simbiosis es la clave del enriquecimiento de la vida en la Tierra, lo cual induce a desplazar el actual antropocentrismo hacia un nuevo geocentrismo. Y en tercer lugar, integración de individuo y sociedad, lo que implica la reconstrucción profunda de identidades y la recreación de la propia sociedad civil. Con lo cual la emergencia del paradigma ecointegrador no es solo cuestión de política y de economía, sino que tendría que abarcar por fuerza las “tres ecologías” a las que se refiere Félix Guattari ―la mental, la social y la del mundo físico a gestionar― para integrarse, con palabras de este autor, en una “ecosofía” de nuevo cuño, a la vez práctica y especulativa, ético-política y estética.

Pero los dogmatismos siguen impulsando el divorcio entre economía y ecología y haciendo que impere la creencia en EL sistema económico como en otro tiempo imperó EL sistema newtoniano como dogma del conocimiento científico capaz de explicar El sistema del mundo, como rezaba el título del conocido libro de Laplace (1796) Exposición del sistema del mundo. Curiosamente, en economía sigue imperando desde Adam Smith el mismo sistema del mundo económico, cuando en la propia física se han producido revoluciones científicas que cuestionaron el dogma mecanicista como paradigma único de racionalidad y han aparecido otros sistemas con los que interpretar y predecir el mundo ―como la física relativista y la física cuántica― quedando la mecánica clásica como una noción sistémica particular que sigue siendo útil para trabajar con las velocidades modestas y los instrumentos del mundo macroscópico al que estamos habituados. Al igual que para el observador de estrellas puede ser más útil el universo de Ptolomeo que el de Copérnico, aunque sepamos que el Sol, los planetas y las estrellas no giran alrededor de la Tierra. El paradigma ecointegrador propone pasar del dogmatismo de ese único sistema ―EL sistema económico― a una economía de sistemas, fusionada con esa biología de sistemas que es la ecología. Aclaremos que el enfoque ecointegrador no trata de sustituir un reduccionismo por otro, sino de encajar la reflexión de los valores monetarios propia del enfoque económico ordinario en un contexto más amplio y enriquecedor incluso para la propia reflexión monetaria.

Mis numerosas aplicaciones del enfoque ecointegrador en las que no puedo detenerme ahora10, evidencian su mayor potencial analítico y predictivo lo que, unido a la mayor amplitud de su objeto de estudio y a su carácter abierto, transdisciplinar y multidimensional, debería potenciar también su naturaleza inclusiva frente al dogmatismo reduccionista del enfoque económico ordinario. Valga decir ahora que, al trascender con este enfoque las categorías y las parcelas habituales de conocimiento, afloran nuevas realidades a analizar que permanecían eclipsadas por ellas.

Nuevos mundos aparecen cuando se trasciende el enfoque económico ordinario

 

 
   

 

10 Recogidas en la sección de publicaciones de mi página web: elrincondenaredo.org

En efecto, el enfoque ecointegrador al ampliar el objeto de estudio e integrar el conocimiento de otras disciplinas abre nuevos mundos antes inexplorados. En lo referente al “medio ambiente” físico, este enfoque amplía el objeto de estudio al conjunto del metabolismo económico, visibilizando los recursos naturales antes de ser valorados y los residuos artificiales sin valor. Para ello, el enfoque ecointegrador ha de compartir los análisis con las disciplinas que tenían como objeto de estudio los componentes de ese “medio ambiente” inestudidado por la economía ordinaria para analizar el metabolismo económico completo, con todos sus flujos (agua, energía, materiales, información y dinero) y el territorio en el que insertan.

Por ejemplo, para orientar bien la gestión del agua se ha de contar con la hidrología, que estudia el ciclo hidrológico en su conjunto en cada territorio, desde que el agua entra por precipitación y fluye hacia el sumidero último de los mares hasta que la fase atmosférica del ciclo la devuelve de nuevo con calidad y cota sin que aparezca ningún medio ambiente de agua inestudiado. Se ha de saber si estamos en un territorio con clima húmedo, mediterráneo…o árido para orientar la gestión con una Ley del Aguas en consonancia, que regule bien los derechos y los usos, tal y como he venido proponiendo11. Y lo mismo cabría decir para la energía y los recursos naturales en general. El problema se agrava sobre todo cuando se trata de gestionar stocks no renovables como son el territorio o los recursos minerales que contiene, ya que el enfoque económico ordinario habla de flujos de producción de oro, de hierro o de titanio y suma los “valores añadidos” de las actividades extractivas mezclándolos con los del resto, considerando solo el coste monetario de extracción e ignorando el de reposición de esas rarezas de la corteza terrestre que son los yacimientos, promoviendo con ello el extractivismo propio de la civilización industrial y desanimando la conservación y el reciclaje. Cuando una gestión razonable debe, como punto de partida, visibilizar los recursos minerales en forma de stocks no renovables y jerarquizarlos atendiendo no solo a los costes físicos efectivos de extracción, concentración y refino de las sustancias deseadas, sino también a los costes sombra de reposición de los yacimientos, para calibrar y orientar todos los instrumentos económicos en favor del uso de materiales abundantes, fáciles de obtener y reciclables, supeditando a ello la eficiencia y evitando el actual despilfarro interesado12. Todo ello teniendo en cuenta que controlar y reorientar el extractivismo reinante se revela un objetivo a consensuar mucho más prioritario y efectivo para reducir el aumento de la entropía planetaria que el empeño de la reconversión energética actual, que está potenciando el extractivismo a niveles sin precedentes con el pretexto no logrado de recortar las emisiones de CO2.

Otras aplicaciones que evidencian la potencia del enfoque ecointegrador son las que abren nuevos mundos sobre los que reflexionar e incidir en torno a las nociones de desarrollo económico y lucro.

La naturaleza relacional de eso que se llama desarrollo económico

 

 
   

 

11 Véase, por ejemplo, Naredo, J.M. (2017) “Retos de la economía del agua en España. Costes y cuentas del agua”:

http://elrincondenaredo.org/wp-content/uploads/2019/12/Texto-de-apoyo-a-la-Ponencia-Naredo- Almer%C3%ADa2017.pdf

12 En Torres, C, Valero, A, Valero A. y Naredo, J.M. (2025) “Squaring the circle of the circular economy The need to properly account for scarcity to guide mineral resource management” (en prensa en Ecological Economics) se presenta una taxonomía de las sustancias minerales orientada en el sentido arriba indicado.

 

Un ejemplo importante de cómo, al trascender la dogmática económica imperante, se abren otros mundos es el análisis de lo que es un país rico o desarrollado desde perspectivas más amplias y reveladoras de lo que lo hacen los enfoques económicos ordinarios. De entrada, la creencia dominante de que un país rico o desarrollado es un país muy laborioso y productivo, que es capaz de ahorrar mucho y de prestar e invertir dinero en el resto del mundo, se cae si nos damos cuenta de que el país más rico o desarrollado del mundo que es EEUU es el más endeudado de la Tierra: su pasivo neto frente al resto del mundo ha alcanzado en 2023 los 20 billones de dólares según datos del FMI. Superando este engaño, he podido definir un país rico o desarrollado, trascendiendo la metáfora de la producción, como aquél que consigue aumentar su capacidad de compra sobre el mundo utilizando algunos de los siguientes mecanismos: 1º) se beneficia de una relación de intercambio favorable frente al resto del mundo; 2º) atrae capitales del resto del mundo emitiendo pasivos no exigibles y titulizando o magnificando la solvencia de sus pasivos exigibles; 3º) usa el resto del mundo como base de recursos y sumidero de residuos; 4º) atrae población del resto del mundo.

 

Lo cual evidencia la naturaleza relacional de eso que se llama desarrollo económico, al definir un país desarrollado como aquel que ha conseguido aumentar su capacidad de compra sobre el mundo por los caminos indicados, alcanzando así una situación privilegiada. Ya que, si un país cuenta con una relación de intercambio favorable, es porque hay otros que la tienen desfavorable. Ya que, si un país ejerce como atractor de capitales, es porque otros se les escapan sus capitales. Ya que si un país utiliza el resto del mundo como base de recursos y sumidero de residuos es porque existe ese resto del mundo a explotar y contaminar. Ya que, si un país atrae población es porque otros la pierden. Desde esta perspectiva, el desarrollo parece una cuestión más de posición que de producción, lo cual nos muestra que el modelo Depredador-Presa es mucho más revelador de las relaciones de dominación territorial en curso que los del enfoque económico ordinario, como confirman las aplicaciones que he venido haciendo desde la escala regional (Gaviria, Naredo y Serna (coords.), 1978, Extremadura saqueada), hasta la escala planetaria (Naredo, 2015, Raíces económica del deterioro ecológico y social).

 

Necesidad de una taxonomía del lucro que vuelva a asociar economía y moral

Otro ejemplo lo aporta mi libro Taxonomía del lucro (Naredo, J.M., 2019) en el que aplico enfoques multidimensionales para suplir una carencia del enfoque económico ordinario que se deriva de haber cerrado en falso el divorcio ya señalado por Aristóteles, entre gestión y adquisición. Es la paradójica carencia de una ciencia del lucro que no clasifica ni jerarquiza las formas de lucro: las da por buenas al englobarlas indiscriminadamente en el PIB o las ignora cuando no figuran en el mismo, haciendo que este enfoque pierda capacidad analítica y predictiva. Porque, en los últimos tiempos se observa un desacoplamiento creciente entre el PIB, la masa monetaria y los activos financieros e inmobiliarios, cuyo valor crece a ritmos muy superiores a los del PIB. La metáfora de la producción encubre, así, la realidad de la adquisición. Con lo que al trascender esa metáfora aparece un panorama inquietante en el que el lucro sin contrapartida utilitaria alguna o con contrapartida virtual o corrupta invade y parasita al lucro teóricamente con contrapartida (PIB) ensanchando la brecha entre los propietarios y beneficiarios de las redes clientelares imperantes y los que no lo son.

 

Este panorama es el que me indujo a hacer una taxonomía del lucro atendiendo a la naturaleza de las actividades que lo generan y de sus beneficiarios. Cuando la cacareada igualdad de derechos y de oportunidades parecía haber erradicado los privilegios que tenía la nobleza al contar con derechos sin deberes, sigue habiendo elites privilegiadas que disfrutan de derechos sin deberes, al beneficiarse de enormes lucros sin contrapartida alguna, que a menudo escabullen del fisco en paraísos fiscales, con los que van comprando y recolonizando el mundo.

Corregir este panorama exige desvelar todas las formas de lucro y clasificarlas en función de su interés económico, ecológico y social para orientar normativas acordes con el interés general y marcar bien la frontera de los delitos económicos. Valga subrayar ahora que, al trascender la metáfora de la producción, aparecen nuevas realidades que la moral, el derecho y la fiscalidad no pueden ignorar. Por ejemplo, la reforma del Código Penal de 2015 tipificó nuevos delitos económicos distintos del robo y la estafa, como son la administración desleal y la insolvencia punible, que no casan con el enfoque económico convencional. Al igual que el IRPF se ve obligado a registrar, tanto en España como en EEUU, el creciente peso de los ingresos fruto de plusvalías derivadas de la compraventa de bienes patrimoniales, que es mayoritario en los escalones más altos de renta y patrimonio. Lo que explica que se constate que, mientras los salarios y el PIB apenas crecen, las grandes fortunas se multiplican.

Perspectivas

Valgan los ejemplos anteriores para señalar que el enfoque ecointegrador aporta conocimiento sobrado para reorientar el metabolismo de la sociedad industrial hacia horizontes ecológicos y sociales más saludables, lo que falta es voluntad social y política para aplicarlo. Pero, dada la vinculación de los axiomas y conceptos en que se basa la economía estándar con determinados intereses y presupuestos éticos, ideológicos e institucionales, la transformación de aquellos ha de ir de la mano de la modificación de éstos, dependiendo la posible revolución científica en esta disciplina de cómo evolucione la crisis más amplia de civilización que nos ha tocado vivir. Se revalorizan así las reflexiones del período de entreguerras del siglo pasado que superaron la visión lineal y progresiva de la historia para interpretarla de forma más cíclica como una sucesión de auge y declive de civilizaciones, que todavía alcancé a estudiar en la universidad con el libro de Sorokin Las filosofías sociales de nuestra época de crisis (1954). Soy consciente de que no será tanto la racionalidad y coherencia de la crítica la que provoque la revisión de los presupuestos en los que hoy se inspira la economía estándar, como la fuerza de ciertos hechos que preparen un terreno socialmente favorable. No obstante, la discusión explícita y razonada de tales presupuestos puede contribuir a incrementar la tensión mental que precede y motiva los cambios en las creencias y valores establecidos. Pues también está claro que si no sometemos a reflexión los presupuestos que orientan implícitamente el quehacer de los economistas y las construcciones de la ciencia económica, difícilmente podrán modificarse. He aprovechado este discurso para llamar la atención sobre estos presupuestos invitando a pensar sobre la parte no pensada que arrastra nuestro pensamiento.

 

* Gracias a José Manuel Naredo y VIENTO SUR y a la colaboración de Federico Aguilera Klink

JOSÉ MANUEL NAREDO
JOSÉ MANUEL NAREDO

https://vientosur.info/en-defensa-de-una-economia-de-sistemas/

 

VIENTO SUR CREATIVE La casa de mi tía republica con licencia CREATIVE COMMONS
 La casa de mi tía republica con licencia CREATIVE COMMONS

Economía, poder y megaproyectos de Federico Aguilera y José Manuel Naredo (eds.)

NAREDO

Este libro tiene como origen el curso que, con el mismo título, se celebró en la Fundación César Manrique entre el 17 y el 19 de octubre de 2007, y que fue dirigido por los editores, Federico Aguilera y José Manuel Naredo.

La publicación incluye textos de Óscar Carpintero, Albert Recio, Manuel Delgado, Félix Arias y Marcos Roitman, además de los propios editores.

Tras los cánticos al libre mercado y al crecimiento de la producción, las operaciones de mera adquisición de riqueza están cada vez más al orden del día. Este libro da cuenta de ello a través de análisis generales y aplicados. Los primeros precisan el contexto sociopolítico en el que toma cuerpo la refundación oligárquica del poder en las actuales democracias, así como la cobertura ideológica que la hace pasar desapercibida. Los análisis aplicados se ilustran con casos en los que determinados personajes y grupos empresariales obtienen el lucro fácil e inmediato mediante "operaciones" inmobiliarias o financieras amparadas por el poder, utilizando como pretexto determinados megaproyectos de gran impacto territorial.

mancheta en 2025